De cabinas y glosarios

Inicio » Posts tagged 'salud'

Tag Archives: salud

Anuncios

Asistencia psicológica a intérpretes, ¿mito o realidad?

Hace algunos días estaba comentando con varios colegas algunas anécdotas que nos han sobrevenido en situaciones de interpretación poco agradables y se me ocurrió preguntarme (en voz alta) qué harían ante esas situaciones los compañeros más sensibles, puesto que, al fin y al cabo, en la mayoría de los casos nos encontramos solos ante el peligro. Tras un pequeño debate llegamos a la conclusión de que, para evitar vernos afectados por una situación desagradable lo único que podemos hacer es rechazar el encargo que se nos ofrezca, aunque claro, esto no siempre es posible.

Muchos intérpretes han tenido que enfrentarse alguna que otra vez a situaciones desagradables en su trabajo, ya que nuestra labor puede desarrollarse en multitud de entornos: hospitales, cárceles, juzgados, centros de menores, casas de acogida, comisarías… Son innumerables los temas que pueden llegar a abordarse (muchos en absoluto deseables) y las diferentes situaciones a las que podemos tener que enfrentarnos. No me refiero exclusivamente a los intérpretes de los Servicios Públicos; todos sabemos que a menudo se organizan congresos y charlas sobre temas peliagudos. Ante esto, cabe preguntarse si existe algún tipo de protección psicológica o asistencia profesional que se le pueda ofrecer al intérprete involucrado en estos casos. La respuesta es no; o al menos en mis búsquedas no he conseguido encontrar informaciones al respecto. Parece como si se tratara de un tabú o, simplemente, que nadie lo considera un problema.

No existen tampoco publicaciones al respecto, ni se menciona este tema en las webs de asociaciones de traductores e intérpretes profesionales como ASETRAD u otras que he consultado. Tampoco se plantea que pueda ofrecerse algún tipo de servicio de ayuda psicológica gratuita a profesionales autónomos que trabajen en entornos “sensibles” (para eso, entre otras cosas, pagamos mensualmente la Seguridad Social). Me da la sensación de que la única persona que ve la desprotección del intérprete como algo serio soy yo. Y, sin embargo, para los intérpretes en plantilla de la mayoría de organismos internacionales, como el Tribunal Penal Internacional, en el que conozco a varios colegas que trabajan, sí que hay equipos de psicólogos que ofrecen asistencia, debido a la intensa presión emocional a la que a veces se ven sometidos.

Pero claro, el autónomo  se supone que puede escoger qué encargos acepta y cuáles no. Si bien esto es cierto, el que haya trabajado algún tiempo como intérprete sabrá que en nuestro trabajo existen las sorpresas, y muchas. Muchas veces el cliente no ha pasado la documentación por adelantado, o la ha pasado con muy poca antelación, no ha sido muy claro con el lugar donde se llevará a cabo la interpretación ni en qué condiciones y un largo etc. Si a esto sumamos que, como humanos, tenemos sentimientos y que, lo queramos o no, hay temas que nos afectan de una forma un poco más personal que otros, veremos que no es tan raro que alguna que otra vez lleguemos a casa con ganas de llorar y maldecir. Que nuestro trabajo es simplemente transmitir, de eso no cabe duda, pero de que no somos simples robots que emiten sonidos en uno u otro idioma sin que la información pase por nuestro cerebro y, a veces, se quede, tampoco.

¿Qué hacer entonces ante el problema? Con tiempo y experiencia hasta el más llorón se acaba insensibilizando, pero mientras eso llega a mí se me antoja necesario dotar al intérprete de herramientas para protegerse emocionalmente, aunque sea simplemente de su propia sensiblería. Y por eso lo manifiesto abiertamente aquí, porque considero que alguien debe expresar su preocupación y porque me interesa saber qué piensan los compañeros de todo esto. Todas las opiniones serán bien recibidas

Anuncios

Interpretaciones vampíricas

Hay eventos que por sus características o por el público al que van dirigidos (entregas de premios, festivales de cine, galas benéficas…) se celebran de noche y lo habitual, en estos casos, es que el intérprete esté prevenido y, sabiéndolo con antelación, pueda prepararse adecuadamente para la ocasión, organizando su jornada con tiempo.

El problema, sin embargo, reside en aquellos eventos que, aun planificados con bastante antelación para celebrarse de día, sufren algún contratiempo que les obligue a retrasarse (que el ponente se ponga enfermo, que haya un apagón y que los equipos de sonido fallen o, como en el caso de una servidora, que el avión del representante se retrase) posponiendo el evento “para después de cenar” .

Imprevistos, como ya he comentado en algunas ocasiones, puede haber muchos, pero lo principal en estos casos es tomárselo con filosofía y no caer en uno de los principales peligros de nuestra profesión: no estar suficientemente descansados; y de esto puedo hablar por experiencia propia. Es muy fácil caer en la tentación de querer aprovechar las horas que de repente se nos han regalado para hacer algo “productivo” y ponernos a repasar una y otra vez los glosarios para cerciorarnos de que vamos bien preparados, ponernos a responder emails atrasados como locos o quitar algunas de las tareas menos importantes de la lista de cosas por hacer. Y esto, para el intérprete que haya comenzado su jornada laboral por la mañana temprano puede ser especialmente contraproducente.

No somos vampiros (aunque a algunos ya les gustaría) y a menos que podamos conseguir que redbull devuelva coherencia a nuestras neuronas como devuelve energía al cuerpo más nos valdría descansar si queremos continuar frescos más allá de la puesta de sol.

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Dormir una siesta corta, hacer un poco de meditación, cocinar o, incluso, salir a dar un paseo para airearnos un poco son algunas tareas que no ocupan mucho tiempo y que pueden ayudarnos a desconectar momentáneamente sin hacernos perder de vista la difícil tarea que tenemos por delante.

Además, es muy probable que en estos casos las personas a las que vayamos a interpretar estén también casadas, razón de más para que nuestro cansancio no sea una excusa para no crear una comunicación natural y fluida. Aquí, más que en otros casos, se exigirá de nosotros un esfuerzo adicional para proporcionar la información de forma más clara y precisa, ya que el sueño nubla el entendimiento.

Para realizar un buen trabajo, el intérprete debe prestar atención tanto a su cuerpo como a su mente, porque no hay cabeza fresca en cuerpo agotado ni cuerpo que aguante una mente desbordada. No cuesta nada dedicarnos unos minutos al día para cuidarnos y descansar si con ello conseguimos una comunicación óptima y estoy segura de que los clientes lo notarán.

Hay vida más allá de los exámenes

Ayer, mirando las estadísticas del blog, descubrí con absoluta perplejidad qué es lo que ha llevado a la mayoría de los lectores que han llegado por casualidad a él a entrar y leer lo que escribo y aún después de una noche entera de sueño y un largo desayuno cargado de reflexiones no consigo salir de mi asombro. Esperaba a futuros intérpretes llenos de dudas, profesionales aburridos que quisieran entretenerse con anécdotas de principiantes y me entristeció mucho ver cómo los términos más tecleados en Google por los que los alumnos han llegado a mi blog han sido “cómo controlar los nervios antes de un examen” en sus múltiples facetas.

No quisiera parecer frívola ante la situación de los millones de estudiantes de lengua española que se examinan cada año en sus respectivos países, pero antes de que se me empiecen a arrojar cuchillos sin leer al menos mi humilde opinión me gustaría expresar abiertamente (para eso escribo el blog) porqué esa búsqueda en concreto me parece una soberana estupidez.

El concepto mismo de “examen” es el de una prueba que nos debe mostrar si estamos aptos o no para realizar una determinada tarea con fines a conseguir un objetivo (ya sea profesional o intelectual). No aprobar un examen significa SIMPLEMENTE que la persona que quiere llevar a cabo dicha tarea no está preparada para hacerlo. Y desde mi punto de vista, cada vez que un alumno suspende un examen la humanidad puede dormir tranquila. Pensad por un segundo en el examen de conducir o en un examen de medicina. ¿A quién se favorece dándole en carnet de conducir a una persona que pasado mañana se olvidará de dónde está el pedal de freno? Vivimos en un mundo en el que se nos mete en la cabeza que el examen es un fin en sí mismo, no un medio para conseguir lo que está al otro lado. El que fracasa en un examen ha fracasado en su objetivo, porque su objetivo era aprobar el examen, ¿os dais cuenta del absurdo? Sentir temor, incluso miedo, ante la incertidumbre es algo intrínseco de la especie humana, pero los ataques de pánico que he visto a mi alrededor en los últimos años bien se merecen un buen guantazo.

“Qué fácil parece todo, dicho así, ni que tu nunca hubieras hecho un examen”, pensarán algunos. Pues sí, he sido (y soy, de hecho, debido a mi profesión) alumna; y además he tenido la suerte de ser profesora. Y creedme, no hay vuelta de hoja.

Algunos se justificarán diciendo que cada alumno tiene sus propias circunstancias personales, además de las académicas, que le influyen y agravan su estado de nervios antes de un examen. ¿Cómo puedes saber tú, María, sentada tras la pantalla de tu ordenador, la situación económica de mis padres, que se esfuerzan en pagarme la carrera y necesitan que apruebe porque ese esfuerzo ya ha empezado a asfixiarnos? ¿o que estoy a punto de enfrentarme a la prueba que me abrirá las puertas del sueño de mi vida? Que sí, que sí, que tenéis razón, que cada uno tiene su vida y cada vida es diferente. Sinceramente, ¿no valía la pena que el día aquel que en vez de sentarte a estudiar te fuiste con tus amigos de fiesta no te lo hubieras pensado dos veces? ¿Es mejor, entonces, que estés ahora sufriendo un ataque de nervios por una decisión que no fue la correcta? Porque admítelo, si estás nervioso es porque sientes que no estás del todo preparado para aprobar y, si no estás preparado para aprobar es porque en tu fuero interno sabes que podrías haber hecho más y no lo hiciste; entonces ¿de qué nos lamentamos?. Nuestra vida son decisiones y los éxitos o fracasos que ocurran en ella son las consecuencias de tales decisiones.

Cuando salimos al mercado laboral o, ni siquiera hace falta irse tan lejos, cuando llegamos a la universidad, por ejemplo, nos encontramos con una sociedad cada vez más preparada y elitista. En este mundo hay cada vez menos sitio para los mediocres, por no mencionar siquiera a aquellos que han hecho tal o cual cosa sin mucho interés, por el simple hecho de que tal camino ofrece buenas perspectivas económicas o es que a mis padres les gustaba que estudiara esto. Entonces, ante el terror que infunde la perspectiva de un suspenso ¿no es mejor pensar en el riesgo de no estar preparado?. Pensad de nuevo en el examen de conducir, por favor. Es así de simple, no importa si hemos aprobado o no, lo que importa es que si no damos la talla una vez aprobados estamos jodidos mal vamos. Y creedme, fuera del ámbito de los estudios las segundas oportunidades son más bien escasas. Los coches van a seguir existiendo, por lo que, en caso de suspender, siempre habrá una segunda oportunidad. Somos humanos, nos equivocamos y tomamos decisiones que no siempre son las correctas, pero ¿sabéis qué es lo bueno de esto?. Que nada es definitivo y que siempre podemos volverlo a intentar. Los hay, por supuesto, que deben los nervios a su situación económica (“no me puedo permitir suspender este examen”), pero, en la gran mayoría de los casos, el miedo que nos provoca el suspenso es, simplemente, el daño que vamos a infligir a nuestro ego. Porque vamos a ser sinceros, tenemos una edad en la que papá ya no nos va a castigar sin salir por haber suspendido ni mamá va a pegarnos con la zapatilla por las malas notas. Lo único que puede pasar es que “perdamos la oportunidad”. Perdamos la oportunidad de entrar en esa carrera, de realizar tal o cual trabajo o de aprobar esta o aquella asignatura. Pero me reitero, ¿qué oportunidad pierde aquel que no está preparado?, ¿qué oportunidad pierde, por ejemplo, el aspirante a intérprete que no aprueba el examen de fin de máster? ¿La de trabajar en la Comisión? ¿La de salir del máster a hombros y por la puerta grande? La única oportunidad que pierde el que no ha aprobado es la de quedar en ridículo ante colegas y clientes y la de dar un batacazo tras el que difícilmente podrá levantarse; ¿no es mejor pensar que si no se está preparado ahora ya se estará en la siguiente convocatoria?

A todos aquellos que no se sienten preparados, que están bajos de ánimos o que están tensos pensando en cómo hacer para aprobar el examen os digo: estudiar cuanto y como podáis, llegad al examen seguros y confiados por lo que habéis asimilado y lo que no que no os de miedo, porque por mucho miedo que sintáis ya no lo vais a asimilar; hacedlo lo mejor que podáis y, si por casualidad no aprobáis, tranquilos, no es el fin del mundo. Nadie os juzgará por haberlo intentado, no se os cubrirá de laureles por aprobar ni se os señalará con el dedo si suspendéis. La vida en sí misma es un proceso de aprendizaje en el que no se aprende todo a la primera.

BUENA SUERTE

(Dedicado especialmente a mis hermanos, MªLuisa y José María, que en estos días estarán realizando sus exámenes de selectividad)

6 cosas que no debes hacer si quieres ser intérprete de conferencias

Hace ya un tiempo que recibo consultas por parte de profesionales y estudiantes a los que les gustaría adentrarse en el mundo de la interpretación de conferencias y no saben muy bien por dónde empezar. Para mí no resulta ningún problema compartir mis experiencias y aconsejar, en la medida de lo posible, basándome en lo que he vivido. Sin embargo, yo también soy humana y como humana me equivoco. Hace unos días me descubrí en casa cayendo en una práctica muy poco profesional que, de haberme ocurrido en público o durante el tiempo que cursé el máster me hubiera acarreado una buena bronca por parte de algún profesor.

Y es que a menudo nos centramos en lo que debemos hacer para ser buenos intérpretes y dejamos de lado la cuestión, no menos importante, de lo que no debemos hacer. Por eso considero que no está demás hacer un breve repasito de las conductas negativas que pueden perjudicar nuestra labor como intérpretes de conferencias.

  1. Trasnochar: amigos de la noche, tanto si bebéis como si no, aparecer en cabina por la mañana con “cara de ayer” y olor de taberna no va a ayudaros nada profesionalmente y dañará sobremanera vuestra imagen profesional. El cuerpo puede aguantar, pero las neuronas necesitan descansar. Aún no he conocido a nadie que haya sido capaz de interpretar un discurso de forma medianamente coherente después de una noche en blanco (esto se aplica también a los estudiantes que se quedan repasando discursos hasta altas horas el día previo al examen). Y por si existen excepciones a la regla no voy a ser yo quien experimente.
  2. Usar perfumes antes de entrar en cabina: no me malinterpretéis, estoy totalmente a favor de mantener unas reglas básicas de higiene corporal (que incluyan, por supuesto, mantener el cuerpo limpio y perfumado), pero quien sabe lo que es estar en una cabina durante más de una hora, con un colega al lado, liberando ambos la adrenalina y el sudor propios del estrés de la profesión, entenderá perfectamente que bloquear las fosas nasales con un intenso “Chanel nº 5”, por muy agradable que su olor en otros espacios pueda ser, va a traer más de un dolor de cabeza (en sentido literal). Y vamos a ser sinceros, que el intérprete salga desmayado de cabina no da muy buena impresión que digamos.
  3. Usar palabras malsonantes: -Pero, ¿si estoy en casa viendo el fútbol y el árbitro se porta como un hijo de … y no pita una falta?. Pues llámalo malnacido, desgraciado, hijo de mala persona o cuantas otras formas originales de no dañar los oídos ajenos se te vengan a la mente. En una situación de estrés, como las que suelen vivirse interpretando, muy a menudo nuestra mente nos traiciona y nos da alguna respuesta automática. Es normal, nuestro cuerpo funciona por estímulos. Y lo que no se corrige fuera, es muy difícil de corregir dentro de la cabina. A eso hay que añadir que en la gran mayoría de los casos estaremos interpretando a personas con un nivel educativo y social elevado (que sí, también pueden perder los papeles, pero nunca acabarán tirándose de los pelos como marujas de barrio). El español es una lengua muy rica y el intérprete, por naturaleza, un profesional muy imaginativo. Siempre podemos mandar a freír espárragos o a hacer puñetas, pero por favor, si eres de los de blasfemar en público, empieza a trabajar en las modificaciones en tu vocabulario desde ya.
  4. El cafelito antes de interpretar: Los amantes del café se llevarán las manos a la cabeza y dirán que tampoco hay que ser exagerados, que un café tampoco hace daño a nadie. A ver, como he dicho antes, yo también me equivoco. Pero tened en cuenta lo siguiente, imaginemos la situación descrita anteriormente con el perfume: el intérprete de conferencias X llega con tiempo al lugar de la interpretación y como se siente un poquito cansado decide tomarse un café para estar a tope durante la interpretación. Se encuentra en el punto álgido de la liberación de adrenalina y sudor mencionada anteriormente con el añadido de que, el café, por si todavía hay alguien que no lo sepa, tiene efectos laxantes. Pensadlo por un momento: vuestro compañero de cabina os lo agradecerá.
  5. Fumar: ¿Y lo bonito que queda interpretar al “Presi” o al Rey con voz de camionero?. Por no mencionar lo útil que es apretar el botón de mute cada 5 segundos para poder toser o esa agradable sensación de ir quedándonos sin aire poco a poco mientras interpretamos a ese parlamentario vehemente que critica sin parar la gestión de su adversario hasta hincharse como un globo a punto de explotar. Creo que a este punto le sobran las explicaciones. Fumadores, si queréis ser intérpretes de conferencias, ya tenéis la excusa perfecta para acabar con el vicio. Vuestra salud y vuestro bolsillo os lo agradecerán.
  6. La cervecilla entre horas/cervecilla durante las comidas: ¿También la cerveza?. Hombre, a menos que tengas la jornada laboral perfecta, de 9 a 3, y puedas irte a casa a descansar todas las tardes, ya me dirás. Si con el café nos ponemos como nos ponemos, tenemos en cuenta que el almuerzo nos dejará con sueño para la interpretación de la tarde y encima le añadimos, para favorecer la digestión, “una cruhcampo bien frehkita que ehtamos a 38 grados a la sombra”, vamos a tener que hacer turnos con el compañero de cabina para ir durmiendo la siesta por etapas. O eso o mantener el tipo hasta el final y salir a celebrar el fin de la jornada con una o varias (ojo, sin trasnochar que las neuronas se resienten).

Estos consejos pueden parecer, a simple vista, obvios, pero no es extraño que se nos pasen por alto en alguna que otra ocasión. Sé que me dejo mucho en el tintero y espero que con vuestras aportaciones pueda acabar realizando el decálogo del buen intérprete de conferencias. Pero, por el momento, creo que estos puntos dan para reflexionar un poco.

Cuando la flexibilidad ahoga…

Como la mayoría de los novatos en el mundo de la traducción autónoma este verano ha sido “movidito” y parece que el ritmo se mantendrá por lo menos hasta navidad (no hay que olvidar que la tendencia natural de la humanidad hacia el consumo aumenta considerablemente en los meses previos a las fiestas).

Sin embargo, no ha sido solo un verano lleno de traducciones, también han abundado encargos variados, pues parece que no solo a los profesionales del mundo de la traducción les gustan estas fechas para irse de vacaciones.

Todos hemos oído hablar de la flexibilidad del traductor, hace unos meses publiqué una entrada al respecto sobre mi propia experiencia en otros campos para dar un poco de ánimo a aquellos que se sentían perdidos al terminar la carrera de TEI y que creían que traducir es lo único que cuenta. Pues sí, el traductor/intérprete tiene que ser flexible, no solo en términos de horarios como todos hemos experimentado alguna vez (encargos de última hora, congresos de fines de semana con semanas enteras de descanso), sino también en las actividades (la famosa diversificación de actividades de la que nos hablan algunos orientadores académicos). Sin embargo, todo tiene un límite y, como imaginaréis, una flexibilidad en exceso puede acabar con todo (nuestra salud, nuestra credibilidad profesional, nuestro tiempo y, por qué no decirlo, nuestro dinero también). Ser flexibles puede abrirnos muchas puertas y muchos caminos profesionales, pero ¿cómo saber cuándo ha llegado el momento de decir NO?

Para los que nos estamos introduciendo en este mundo es bastante común aceptar trabajos relacionados con la traducción o que en cierto modo tengan que ver con la comunicación multilingüe para los que no hemos sido formados y en los que tenemos poca o nada de experiencia. Este tipo de trabajos requiere profesionales que se manejen en varias lenguas y, por ello, el perfil del traductor es el más adecuado (orientación a empresas en procesos de internacionalización, cierre de negociaciones internacionales, etc.)Sin embargo, pecar de flexibles sin estar preparados para aceptar un determinado tipo de trabajos puede convertirse en un arma de doble filo.

¿Qué hacer si nos ofrecen una oportunidad laboral de estas características y sentimos que no estamos totalmente preparados? Bueno, en primer lugar valorar los pros y los contras del puesto/encargo (plazo, conocimientos de la materia, previsión de gastos, previsión de ganancias, beneficios/experiencia que puedes aportar al cliente…)En el caso de los más novatos es normal sentir que no tenemos experiencia ninguna, pero no hay que dejarse dominar por los temores (a fin de cuentas cuando terminamos TEI tampoco tenemos mucha idea de traducir y muchos nos lanzamos a la aventura como podemos). Pide asesoramiento a colegas/expertos en la materia: a veces nos ofrecen un trabajo que no hemos hecho nunca, pero nuestro primo/tío/compañero del instituto lleva años dedicándose a eso y puede darnos una orientación sobre la conveniencia o no de aceptar un determinado tipo de trabajo.

Calcula tu tiempo: si estás en plena preparación de un congreso de 5 días que tendrás que interpretar en simultánea y se te plantea la oportunidad de asesorar en un proyecto de marketing internacional con interpretaciones telefónicas no creo que sea muy conveniente decir que sí a la primera, sin haber establecido un plazo de inicio o haber hecho un cronograma exhaustivo con la organización de tu tiempo.

Deja bien claro qué es lo que puedes/sabes hacer y qué es lo que bajo ningún concepto estás dispuesto a hacer: con esa mentalidad reinante entre los empresarios del traductor=chico/a para todo muchas veces se nos carga con tareas que no son las que en un principio nos habían encomendado. – “oye, y ya que estás, después de la interpretación telefónica me haces un informe-resumen sobre los puntos más importantes de la conversación”. – “pues mira, guapo/a, NO”. A veces nos da miedo, porque ser demasiado brusco o exigente desde el principio puede hacer que el nuevo cliente o cliente potencial no nos llame más o piense que no somos buenos para hacer ese trabajo, pero decir que sí a todo y aceptar lo que nos caiga encima es abrir la puerta a abusos laborales de los que después tendremos muchas dificultades en salir (jornadas laborables interminables o pagos ridículos, por citar algún ejemplo).

En mi caso, por no pararme a pensar en estos puntos detenidamente el verano ha traído consigo sufrimientos laborales que a mi lista de experiencias se suman con sangre, sudor y lágrimas. Ahora visto desde la distancia pienso que ha sido positivo y que me beneficiará en el futuro cargar en sobre la espalda la experiencia adquirida, pero ¡a qué precio!.

El verano es una época que trae grandes oportunidades para los noveles y los licenciados en traducción tenemos el cartel “flexible” colgado de la frente, pero con un poco de buen juicio y reflexión se puede sacar mucho partido de las diferentes experiencias que se nos presenten en nuestra vida laboral.

La enfermedad del traductor

Será porque vivo en un país tropical (con enfermedades tropicales de todo tipo) o porque mi cuerpo europeo con ansias de verano se niega a creer que esté llegando el invierno. Será porque mi organismo no se acostumbra a subidas y descensos de temperatura de más de 20 grados en un mismo día. Será, tal vez, porque la semana pasada ( y la anterior, y creo que la anterior también) he estado sometida a unos niveles de estrés dignas de preparación de cumbres  de altos dignatarios u otros eventos importantes.

 
Sea como fuere esta semana he tenido que enfrentarme a una de las fases por las que todo trabajador autónomo (en realidad todas las personas del mundo, a menos que vivan en un búnker; aunque voy a centrarme básicamente en los autónomos) debe enfrentarse en su vida y, alguna vez, tenía que ser mi primera: La primera enfermedad con su consecuente baja laboral (si es que eso existe en la jerga de los autónomos)
Nunca podría haber imaginado que esa situación me causaría tal dilema y desasosiego como el que he pasado durante los dos últimos días y aún sabiendo que tengo un don especial para este tipo de cosas, me negaba a creer que Murphy y su ley me la jugarían en esta ocasión.

 
Y me gustaría saber (mucho) qué hace un traductor normal y corriente en estos casos.
Porque claro, el traductor asentado y con años de experiencia me dirá “Yo les envío un email a mis clientes (cámbiese email por llamada telefónica u otro medio de contacto preferido) y les digo que estoy enfermo y que su encargo va a tener que esperar un poco”. Los que como yo llevan poco tiempo en esto y están consiguiendo trabajo a trancas y barrancas dirán: “Chica, no es pa tanto, un ibuprofeno, una botella de agua grande y a seguir traduciendo”.
Lo cierto y verdad es que con 38 de fiebre y 42 grados en la calle, pensar, lo que se dice pensar, no se piensa demasiado bien y uno ve la cama con las ansias con las que un caníbal observa a un niñito rechoncho comiéndose un bocata de chorizo.

 
A punto de acabar un gran proyecto, con un cliente que te está probando por primera vez, ¿qué se hace?. Si intento dormir para rebajar la fiebre no conseguiré conciliar el sueño, si me pongo a trabajar dudo mucho que consiga entender lo que estoy traduciendo.

Al final opto por la opción mixta, dejar la medicina actuar, tomar una ducha bien fría y en el momento en el que el cuerpo espabile un poquito darle un buen empujón al encargo. Sin embargo, no creo que los demás lo consideren recomendable, especialmente porque las enfermedades no son algo que va y viene en un día y si no se tratan bien en vez de una semana pueden pasar tres hasta conseguir la recuperación total.
¿Alguna sugerencia? Me gustaría saber, especialmente, cómo anunciar sutilmente al cliente que estás agonizando y que no eres capaz de poner un dedo en el teclado del ordenador.
Todas las opiniones serán bienvenidas.

Cómo controlar los nervios antes de un examen (válido para traductores y no traductores)

Esta es probablemente la entrada de blog menos creíble que vayáis a leer en vuestras vidas, puesto que se suponía que trataría de dar algunos consejillos para controlar los nervios antes de una gran prueba/examen y soy yo la primera que está histérica; pero como dicen por ahí: “Haced lo que digo y no lo que hago” y creo que algunos consejillos bienintencionados nos vendrán bien a todos.

Algunos seréis estudiantes y no tendréis que enfrentaros a vuestros próximos exámenes hasta dentro de algunos meses, otros, como yo, os enfrentaréis en los próximos días a la primera de las duras pruebas de la UE para traductores (no tan duras para quien ya lleve algunos meses estudiando, como evidentemente no es mi caso). Pero seas del grupo que seas una ayudita para calmar los nervios no te vendrá mal. Además, nada de lo que escriba es algo que no se haya dicho ya.

En los días previos a la prueba intenta beber mucha agua y controlar tu respiración cada cierto tiempo. Lo de la respiración parece una tontería, pero a menudo, cuando estamos sometidos a una gran presión, tendemos a retener más el aire en los pulmones, impidiendo con ello que el oxígeno llegue al cerebro y rindamos al 100%. Intenta parar como mínimo cada hora o dos horas para hacer 5 minutos de respiración profunda (preferiblemente abdominal).

Para los café-adictos es más que recomendable dejar el café aunque solo sea durante la semana previa. Algunos argumentarán que el café les mantiene despiertos y que no pueden dejarlo, pero debéis tener en cuenta que con los nervios se segrega mucha cantidad de adrenalina que nos mantiene en tensión. Si a ello se le añade el componente cafeína en grandes cantidades estaremos creando una bomba.

Para los que necesiten más siempre se puede recurrir a las infusiones. Yo que soy especialmente nerviosa, aún en épocas en las que debería estar relajada, ya he arrasado con las cajas de tila que he encontrado por el supermercado. La tila y la valeriana son eficaces y hasta ahora no conozco a nadie que haya muerto de sobredosis, por lo que puedes beber tanta como quieras. Lo recomendable son tres tazas por día y siempre antes de las comidas (si tienes problemas de insomnio la de antes de dormir es prácticamente obligatoria).

Si estás pensando en tomar tranquilizantes químicos, de entrada te digo que no. NO, NEIN, NON, NIET. Por tu propio bien. Ya me ha llegado la tercera noticia de estudiante destacable que arruina su examen de interpretación por haber tomado valium o similiar antes de la prueba y solo consiguió balbucir algunas frases. Hay muchos medicamentos (incluyendo los betabloqueantes) y los venden bajo múltiples formas y con diferentes propiedades y todos ayudan a calmar los nervios “sin mermar nuestra capacidad de reacción”, pero esto, por desgracia, no es verdad y casi con seguridad nos pasará factura.

Haz terapia familiar: charlar con amigos/familia, risoterapia… Toda interacción social ayuda en cierta medida a relajarse y reírse ayuda sobremanera a liberar tensión. Intenta rodearte de gente con la que te sientas cómoda y explícales cómo te sientes, para evitar que se saquen temas de conversación que puedan estresarte aún más.

Por último intenta no acostarte demasiado tarde, la mente necesita descansar para estar fresca al día siguiente para continuar estudiando/repasando y esto es especialmente importante la noche antes del examen.

A los que estéis en mi situación os deseo mucha suerte y muchísimo ánimo. Yo estaré en la sede de Madrid, el próximo viernes, en el turno de las 10 de la mañana. Si alguien quiere acercarse y saludarme o cualquier otra cosa que se le ocurra podrá encontrarme por allí.

 

El trabajo sin horarios o cómo sobrevivir al trabajo desde casa

Hace ya algún tiempo que llevo pasando excesivas horas delante del ordenador. Al principio pensaba que era normal, pues ante la escasez actual de encargos hay que insistir un poco más y ampliar los horizontes de búsqueda. Sin embargo, después de una semana empecé a notar que algo no iba bien dentro de mí: me despertaba de madrugada, estaba cambiando constantemente mis horarios de comida y mis hábitos alimenticios, me dolía la cabeza casi diariamente, tenía energía a horas en las que debería estar durmiendo y me dormía a horas en las que debería estar dándolo todo, perdía concentración y otras tantas alteraciones más.

Fue entonces cuando me paré a pensar y escuché dentro de mi cabeza la voz de una atigua profesora: “horarios y rutina: para sobrevivir a esta profesión tienes que establecerte un buen plan de trabajo y establecerte unos límites, si no se te suben a la chepa”. Aunque siempre creí que es un buen consejo, yo también cometí el error (como muchos de los que trabajan desde casa) de pensar que ahora que la cosa está más floja debemos ante todo conseguir nuevos clientes “cueste lo que cueste”, aunque ello conlleve un peligro inminente de colapso neuronal. Muy a mi pesar tuve que reconocer que ella estaba en lo cierto.

El peor enemigo del trabajador in-house es que la búsqueda de trabajo puede convertirse en una obsesión y el primero que sufre la falta de descanso es nuestro cuerpo. Es cierto que en un mundo cada vez más globalizado hay que saber adaptarse a las circunstancias, máxime cuando se es traductor y la mayoría de nuestros clientes están fuera. Si un día tenemos que esperar a un cliente de EE.UU que nos envía un documento a las 10 PM no pasa nada por cenar más tarde, siempre que esa situación no se convierta en rutina, o que podamos adaptar nuestra rutina para trabajar a esa hora descansando otras.

La comida es lo más importante. Es imprescindible hacer una pausa de al menos 1 hora y media para comer y siempre que sea posible a la misma hora; nuestro cuerpo se resiente mucho con los desajustes y los cambios y realmente no sirve de mucho ponerse a enviar curriculums a diestro y siniestro mientras hacemos la digestión, porque nuestra concentración está por los suelos. Si tu cliente está en Australia y quieres contactar con el antes de que cierre tendrás que comer antes, (yo hace algunas semanas que dejé la tradición ibérica de almorzar a las 2 de la tarde para adoptar una mucho más internacional, alrededor del mediodía, y por ahora me da muy buenos resultados) todo sea por adaptarnos.

El sueño. Ya sé que dicen que es fundamental dormir 8 horas para estar descansado y yo como intérprete lo recomendaré siempre que pueda, pero no voy a engañar a nadie: ni yo misma lo hago. Lo que sí es importante mantener también una rutina de sueño; aunque no sean 8 horas, si se duermen 6 o 7 manteniendo en la medida de lo posible el mismo horario no habrá problema (incluso si tienes que levantarte a las 5 para hablar con China).

El descanso visual. Nos pasamos más de la mitad del día con la vista fija en la pantalla y si no descansamos la vista correctamente pueden llegar los dolores de cabeza y los pinchazos en los ojos. Muchas empresas recogen en sus convenios colectivos 5 minutos de pausa visual por cada hora para los empleados que tengan que trabajar con ordenador. No quisiera sugerir que cada 55 minutos os tengáis que levantar para cerrar los ojos, porque muchas veces estamos muy concentrados y si paramos se nos va la inspiración, pero sí es muy recomendable para de vez en cuando. SOBRETODO hay que intentar apagar el ordenador mínimo 30 minutos antes de ir a dormir, no sólo por los ojos, también nuestro cerebro nos lo agradecerá.

Pasear aclara la mente. Muchas veces me he sentado delante del ordenador y después de algunas horas me he dado cuenta de que estaba bloqueada. “El cerebro necesita aire(me decían mis profesores de interpretación) y eso se aplica a casi todas las disciplinas. La inspiración no va a llegar antes por pasar 4 horas ininterrumpidas mirando de forma intermitente al teclado y a la pantalla en busca de ayuda y un buen paseo puede traer ideas nuevas a nuestra cabeza. Además, por si no soy lo suficientemente convincente, puedo aseguraros que el no acerlo os traerá algunos kilos de más (y de eso soy un muy buen ejemplo).

Ser flexible es uno de los prerrequisitos de nuestra formación pero hay que saber encontrar una rutina dentro de nuestra flexibilidad o una buena flexibilidad dentro de nuestra rutina.

Yo por mi parte me retiro, que ya llevo algunas horas aquí sentanda y no quisiera empezar a escribir tonterías.