De cabinas y glosarios

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Sed, cristal y nuevos peligros en cabina

No, no voy a iniciar una nueva saga de “cuentos de terror en cabina”, aunque bien pensado, haciendo una recopilación de accidentes inusuales que le pueden ocurrir a un intérprete mientras está en acción bien podría escribir un compendio de tragedias.

Interpretar da sed, esto no es nada nuevo y no suele ser infrecuente que el intérprete agote el contenido de su botella de agua durante una interpretación (o directamente se olvide esta última en casa, como suele ser el caso de servidora la mayor parte de las veces) y tenga que salir corriendo a la desesperada a buscar a alguien del catering o de organización que pueda traerle un poco de agua.

Hasta hace no mucho no era de extrañar que el camarero/organizador/responsable del catering en cuestión apareciera sonriente con un par de botellitas de agua para los intérpretes, pero se ve que últimamente ha habido grandes cambios en las modas de los envases de agua en los congresos, con miras a proteger el medio ambiente imagino, y se utilizan cada vez más botellas de cristal (monísimas todas, por cierto) que aparecen en cabina así de la nada, como champiñones después de un día de lluvia, aguardando la llegada del intérprete para darle la bienvenida con gesto inocente.

Y ojo, que no digo que esté mal intentar proteger al medio ambiente utilizando envases reciclables, pero creo que en el ajetreo que supone la organización de un congreso muchas veces no se tiene en cuenta el riesgo de introducir botellas de cristal en cabinas donde hay equipos electrónicos, cables, intérpretes histéricos y otros elementos peligrosos.

En ocasiones, después de abrir las botellas previamente para que el intérprete no tenga que montar un escándalo mientras su compañero está interpretando, alguien muy amable se ha tomado la molestia de volver a dejar la chapita de la botella en su sitio, a modo de cierre, como avisando “ojo, líquido, cuidado que puede derramarse”, pero muchas otras la botella aparece simplemente allí, abierta, esperando a ser servida para apagar la sed de los concabinos.

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El arma homicida acechando al intérprete a su llegada a cabina con gesto inocente

Y yo me pregunto: ¿hasta ahora nunca se ha producido ningún incidente? Porque estamos provocando la más fiera reacción de Murphy para que todo el peso de su ley recaiga sobre nosotros. Papeles, ordenadores/tablets, consolas de interpretación… la lista de objetos que pueden irse al garete con un simple manotazo descuidado es interminable, por no hablar del suelo; si se trata de una superficie sin moqueta la cabina puede acabar como Nueva Orleans después de que pasara el Katrina.

Si algún organizador de congresos me está leyendo le recomendaría que tuviera esto en cuenta, al fin y al cabo dos botellitas de plástico no hacen tanto daño al medio ambiente y la que suscribe se compromete personalmente a reciclar la suya acabado el evento. Por si acaso a mis colegas, no seáis como yo y dedicad 5 minutos antes de salir de casa a rellenar alguna botella de plástico o comprad una antes de entrar en cabina, no vaya a ser que un día de estos aparezcamos en los titulares de los periódicos: “intérprete electrocutado por dejar caer botella de cristal en cabina”

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Días de cine

cartel-seff14_optimizadowebNo, no voy a hacer una comparación con la película española de título similar ni quiero crear una tertulia a lo cine de barrio sobre el panorama cinematográfico español.

Si vamos a hablar de cine lo propio sería debatir acerca de festivales, alfombras rojas y fotos de famosos, pero esto es un blog sobre interpretación y prefiero centrarme en el trabajo de los intérpretes. Ojo, que no los de la gran pantalla, sino los que están detrás de la pequeña, acristalada, a veces, con suerte, insonorizada, pantalla al fondo de la sala. Sí, la de los micrófonos. Y me diréis, ¿qué tiene que ver esto con el cine?

Bueno, pues desde que este se ha convertido en un negocio global y servicio de ocio masivo en todo el mundo, mucho. La producción audiovisual mueve muchos recursos en todos los ámbitos y emplea a millones de trabajadores a escala mundial. Con motivo del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que acaba de cerrar su XI edición, se han ido sucediendo oleadas de eventos mediáticos, la mayoría de ellos interpretados para el gran público, que bien merecen una reflexión. Y es que, en tanto que negocio global, los sectores relacionados con la producción audiovisual y su industria han ido desarrollando una idiosincrasia particular.

Para empezar, no es extraño que la mayoría de trabajadores de este sector domine o pueda llegar a defenderse en una o varias lenguas extranjeras, fruto de rodajes y coproducciones en el extranjero, por lo que lo común es que “entre ellos se entiendan”. Este fenómeno no debiera sorprender al intérprete, normalmente acostumbrado a ser el que menos sabe en la mayoría de las situaciones en las que interpreta, ya que no es poco común en la mayoría de las profesiones, convirtiendo cualquier congreso en una acalorada batalla por ver qué bando conoce más términos en Spanglish que el otro. Lo peculiar viene cuando esta presunción de “comprensión” se traslada a los asistentes, en ocasiones, cierto es, lo bastante frikis como para seguir la conversación sin perder un ápice de lo que se dice, ya que suelen estar igualmente enterados de lo que ocurre en el mundillo. ¿Pero qué ocurre con el gran público? ¿Y los medios de comunicación? Bueno, esos siguen la conferencia a través del intérprete.

De esta forma, se llega a un punto en una mesa redonda en la que uno no sabe si está tratando o no con tertulianos de televisión, donde los turnos de palabra se pisan y se salen por peteneras cuando la situación “así lo indica” (al fin y al cabo entre ellos se entienden). En circunstancias así los powerpoints y las notas de apoyo quedan totalmente barridos del mapa, por lo que al intérprete no le queda más que improvisar (y a los que crean rezar mucho).

Entre el fragor de los flashes y los miles de besos y abrazos se hace imposible secuestrar a un ponente unos segundos para que te deje echarle un vistazo a su chuleta. ¿Qué hacer entonces en estos casos?

Los congresos en materia audiovisual son de muy reciente aparición por lo que la mayoría de los expertos rara vez ha trabajado anteriormente con intérpretes, máxime teniendo en cuenta que suelen hablar bien otros idiomas, por lo que llegar y apabullarlo con que es necesario que mande toda la documentación cuando está estrechándole la mano a unos y a otros puede que no sea la estrategia más eficaz. A veces, una breve charla durante la pausa-café puede servir de mucho más. El buen cliente es el como el buen cocido, mejor cocinado a fuego lento (o, en su caso, educado paso a paso).

Pero como con esto no basta, hará falta mucha paciencia, nervios de acero, bastantes horas de preparación y contar con mucho tiempo para llegar al lugar del encuentro a prepararlo todo, un look mono para pisar la alfombra roja con elegancia y la más grande de las sonrisas (que después los hay que dicen que los intérpretes siempre salimos al fondo con cara de enfado en las fotos).

No puedo imaginar cómo debe ser la vida de artista.

PD: puede parecer que me escondo, pero lo prometo,  nunca encuentro al chico de las fotos para que me pase materiales, deberá asustarse cuando vea mis expresiones agónicas detrás del micro. Quedan para la próxima.

La voz de Caddy Adzuba

Hace poco me propusieron el encargo que hasta ahora ha supuesto el mayor reto de mi carrera, tanto en lo profesional como en lo personal: interpretar una ponencia con rueda de prensa posterior de Caddy Adzuba. No todos los días se tiene la oportunidad de ser la voz en castellano de la ganadora del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia pocos días después de haberse anunciado el galardón, ni se tiene el privilegio de poder interpretar a una persona que viene defendiendo con uñas y dientes unos principios y valores que tengo en la más alta estima y que, por mi condición de mujer y mi empatía con el sexo femenino, me son muy cercanos. Se puede imaginar la tensión interior que viví los días previos al encuentro, así como la mezcla de sentimientos encontrados que se me amontonaban.

Si a esto se le une la profunda preparación psicológica a la que debí someterme, tema sobre el que ya he escrito anteriormente y que, en el caso del intérprete autónomo, considero un requisito altamente infravalorado, imaginareis que llegara al sitio de la interpretación hecha un flan.

El formato de la interpretación era el de una videoconferencia, por lo que había que estar especialmente atentos a que el aspecto técnico funcionara de maravilla y rezar para que las telecomunicaciones congoleñas cumplieran debidamente su cometido. Una vez superados los pequeños inconvenientes de ruidos de fondo y llamadas que se cortan me encontré con una Caddy sonriente y muy contenta, aunque con el mismo mensaje tajante que ha venido proclamando a los cuatro vientos durante toda su carrera.

Y es que, ante personajes de tal porte, hay que ser muy prudente para no acabar provocando un conflicto diplomático. El mínimo desliz, detalle magnificado o suavizado o una frase algo ambigua podrían dar al traste con todo el esfuerzo anterior.

Caddy Adzuba

Nadie diría que tras esa sonrisa se esconde una fiera en la defensa de los derechos de mujeres y niñas

 

Y claro, los medios no se cortaban, ¿eh? Que si piensas que el gobierno de tu país se está encargando de perpetuar el conflicto, que si crees que España pueda estar proporcionando una ayuda valiosa o, por el contrario, lucrándose con la existencia del conflicto, que si el papel de las ONG españolas es el adecuado y ayudan a la reinserción de los niños-soldado en la sociedad… A preguntas más directas respuestas más claras y contundentes (y más sudores fríos por mi parte).

Caddy hizo alarde, una vez más, de valor contándonos sin tapujos cómo transcurre su día a día en radio Okapi y en qué condiciones lleva a cabo su trabajo (desde visitar a mujeres que han sido violadas y torturadas por los rebeldes y quieren proporcionar su testimonio hasta las ocasiones en que se ha dejado secuestrar por el bando enemigo, en medio del bosque, para averiguar quién le estaba proporcionando las armas) y nos explicó cómo se puede vivir bajo amenaza de muerte haciendo frente a los miedos.

No dejó de agradecer a toda la sociedad española por las muestras de apoyo que había recibido y al Comité del Príncipe de Asturias porque el galardón servirá para dar más visibilidad y un nuevo impulso a su causa.

En lo personal, me llevo el honor de haber podido ser, aunque sea por unas horas, la voz de una persona que ha sabido ganarse mi mayor admiración a lo largo de mucho tiempo y que, al igual que yo, tiene algunos problemillas con las palabras suaves.

En lo profesional, considero que he superado otro de los grandes retos que desde siempre me había infundido mucho respeto: interpretar a una persona a la que admiro con la máxima fidelidad, estando a la altura de su figura a pesar de los inconvenientes técnicos.

Y para el recuerdo queda…

 

 

¿Quién toma el relevo?

En la formación para intérpretes siempre se hace hincapié en la necesidad de transmitir el mensaje del orador en la lengua de llegada y no sus palabras. De hecho, precisamente por eso nuestra profesión se llama interpretación y no “traducción oral palabra por palabra”, porque se presupone que, una vez que el intérprete capta el mensaje original, lo asimila y lo adapta a su público, teniendo en cuenta las condiciones en las que el orador transmite el mensaje, véase velocidad , frases inacabadas, redundancias…

Durante la formación también se trataba mucho sobre el tema del relais, esto es, la interpretación que se realiza a partir de la interpretación de un compañero y, aunque todos en este mundillo conocemos este concepto, es cierto que las circunstancias del mercado actual no suelen fomentar este tipo de prácticas (principalmente porque las reuniones son cada vez más reducidas y se suele utilizar una única lengua extranjera, o como máximo dos). No voy a referirme a la interpretación para instituciones europeas, donde sí que utilizan mucho esta práctica para interpretar desde/hacia lenguas minoritarias, sino a la situación del mercado privado en España, que es donde tengo más experiencia.

Es muy fácil caer en la trampa que nos tienden las palabras del orador, que a menudo nos obsesionan hasta el punto de querer decirlo todo exactamente igual, pero no hay que perder de vista que, en caso de ser la cabina principal (esa de la que los compañeros toman el “relevo” para poder realizar su interpretación) nuestro público cambia, por lo que debe también cambiar nuestro mensaje y la forma que tenemos de expresarlo.

Hace poco estuve interpretando en un gran evento en el que tuvimos que trabajar en relais y pude darme cuenta de lo fácil que es caer en el olvido y dejar de lado las técnicas aprendidas en lo que a rendición del mensaje se refiere y olvidarse del público que nos está escuchando. Se trataba de una conferencia multilingüe a la que asistían participantes de, al menos, 5 países de Europa más algunos de Estados Unidos, por lo que toda la inversa tenía que hacerse a partir de la interpretación al español del discurso original. Como en la mayoría de los casos, el resultado fue bueno, ya que los compañeros eran muy profesionales y al final siempre saben sacar las castañas del fuego, pero no pude dejar de advertir la situación de agotamiento en la que nos encontrábamos todos y esto se debe a varios factores:

No son solo palabras: cuando el orador hablaba no dejaba escapar solo palabras, sino que transmitía un mensaje. El mensaje puede transmitirse de infinitas maneras posibles, siempre que se haga bien y que el público receptor lo entienda, pero cuando tienes “a tu cargo” a compañeros que trabajan en relais las palabras no bastan, el mensaje debe ser preciso y claro. Podría haberse dicho mejor, sí, pero ya está dicho, y volver a retomar una y otra vez la frase anterior para intentar mejorarla y embellecerla solo causa confusión en los compañeros.

Hay limitaciones temporales: igual que la subtitulación no es doblaje, porque tiene una limitación espacial, la interpretación no es traducción porque tiene una limitación temporal. Y enlazando con el punto anterior no se puede estar retomando la misma idea una y otra vez hasta decirla perfectamente ni expresar todos los detalles con las mismas palabras que el orador: HAY QUE SER CONCISOS. “Fui a mi médico a que me recetara pastillas” envía el mismo mensaje que “fui al médico de cabecera a que me recetara pastillas”, pero en menos tiempo; “son las dos y diez y nos vamos a comer” es igual que “son las dos y diez de la tarde y nos vamos a comer”, aunque hay una gran diferencia entre la primera y la segunda: el compañero que interpreta este mensaje en relais seguro que lo hará mejor si le enviamos el primero , porque no acabará su intervención 15 minutos después que el orador, cuando ya todos los asistentes se han quitado los auriculares.

No hay que aclarar: si el mensaje ha quedado claro (y debería haber quedado claro porque esa es nuestra misión) no se deberían hacer aclaraciones. “A quarter” es “un cuarto”, no “un cuarto, osea, el 25 %”. Creo que imagináis por qué, así que no voy a repetirme.

Y por supuesto la más importante, nunca, nunca, nunca, aunque el ponente se esté haciendo un lío, se puede dejar una frase sin acabar. Puede que los que escuchen el original lo entiendan, porque tienen un mensaje no verbal que acompaña a las palabras, pero el receptor de la interpretación, sobre todo el que escucha el relais, para cuando recibe el mensaje no tiene referencias no verbales de lo que se acaba de decir, ya que los gestos, al igual que las palabras, tienen su momento y una vez pasado dejan de tener sentido. Por lo que, o se termina la frase, o aquí no se entera nadie.

Creo que son ideas muy sencillas y no estoy inventando nada nuevo, simplemente creo que no está demás hacer un breve recordatorio de algunos puntos que se deben tener en cuenta cuando se trabaja con compañeros en “relais”, ya que nuestra misión es facilitar la comunicación, y muchas veces con el ánimo de facilitar complicamos a los compañeros sin darnos cuenta y lo que se gana por un lado se pierde por otro. Solo trabajando bien en equipo se pueden conseguir los mejores resultados.

El caso del ponente tímido y el power point no apto para miopes

Érase una vez un inventor que tenía que  presentar ante un público muy distinguido el nuevo producto que había inventado. El producto, revolucionario en su sector, se hizo muy famoso, pues estaba pensado para ayudar a muchas personas con problemas. Por esta  razón, nuestro amigo el inventor fue  viajando por todo  el mundo para presentar su producto,  y claro, como no sabía hablar todas  las lenguas del mundo le recomendaron que contratara a un intérprete.

-¿Cómo lo haré?- se  dijo- Si yo nunca he trabajado con un intérprete.
-No te preocupes- le comentaron- tu habla que el intérprete se  encargará de traducir.

De esta forma, nuestro amigo el inventor siempre llamaba a un intérprete cuando iba a presentar su producto. Pero esto no bastaba,  ¡el público se le quedaba dormido!

-¡Ya sé!- pensó- ¡Haré  un power point y pondré muchas fotos bonitas!

Y con esta idea en mente nuestro inventor llegó a Sevilla, donde conoció a una tímida intérprete  que le  preguntó si podría hacerle el favor de entregarle  una copia de su presentación, para poder hacerse una idea de lo que iba a contar y así poder transmitir mejor su mensaje.

-Oh, no, si no es nada, son solo un par de fotos para no perder el hilo de lo que voy a decir, nada específico, no contiene información, son solo algunas notas…

Ante su insistencia empezó a ponerse nervioso y tuvo que pedir a uno de sus compañeros que le explicara amablemente a la intérprete que no pasaba nada, que la  presentación sería corta y muy fácil, porque le  gustaba que su público tuviera tiempo para asimilar la información y que por eso hablaría despacio.

A regañadientes, la intérprete entró en cabina, dándose  cuenta en el acto de que la pantalla estaba a unos 10 metros de distancia y que su silla era demasiado pequeña para acercarse al micrófono y ver la pantalla al mismo tiempo. Pero ya era demasiado tarde. Entre murmullos de expectación comenzó nuestro inventor su presentación en un despliegue de fotos, esquemas y diagramas que nuestra intérprete apenas alcanzaba a atisbar. Pero se le acababa el tiempo; entre el público se escuchaban estómagos hambrientos y la intérprete, otrora serena en su silla, se hallaba agazapada contra el cristal de la cabina. Se puso nervioso, no lo pudo evitar. Las palabras se le escapaban de la boca como el humillo se escapa del  pitorro de una olla exprés mientras sentía como pasaba del blanco al rojo y del rojo al púrpura en tan solo unos segundos. Veía consternado como una parte de su público giraba la cabeza hacia atrás con preocupación,  donde creía recordar, unas horas antes alguien había instalado una cabina.

Y de pronto todo acabó; el público no quiso hacer demasiadas preguntas y el organizador lo llamó para la foto oficial en el exterior. Así,  nuestro ponente salió de la sala, dejando a su intérprete agotada en una silla mientras una amable camarera del catering le insistía para que aceptara una cerveza porque ese día “se la  había ganado”.

Dime con quién trabajas y te diré qué tipo de profesional eres

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán; y este consejo puede aplicarse tanto al ámbito personal como al profesional.

La mayoría de las personas que nos dedicamos a la traducción y a la interpretación trabajamos bien como autónomos, bien dando el paso y constituyendo nuestra propia empresa y, para tener éxito, tenemos que crear buenas relaciones de negocios. Siempre ha sido así. Es cierto que como empresarios tenemos que ofrecer algo que nos permita diferenciarnos de los otros y hacer que el cliente nos escoja, pero esta diferencia puede crearse sin tener por qué, necesariamente, aplastar a la competencia, al fin y al cabo al final nos acabamos conociendo todos y no se hace extraño escuchar:  “pues si fulanito hace negocios con setanito a saber qué clase de persona será”. Y es que al final, nuestra forma de tratar a los demás, sean compañeros o clientes, se convierte en nuestra principal carta de presentación y fuente de referencia.

Cuando yo empecé (e imagino que todo aquel que haya trabajado en cabina habrá pasado por la misma situación) no tenía mucha opción de elegir a mis compañeros; por lo general, recibía una llamada del cliente o de algún colega porque el intérprete con el que pensaba contar no estaba disponible y hacía falta alguien más en la cabina. Así ha sido como, poco a poco, he ido conociendo a mis colegas y me he dado a conocer. En este tiempo he tenido compañeros de todo tipo: de los que lo escriben todo, de los que no te ayudan nada, de los que te dan palmaditas en la espalda, de los que te prestan los glosarios, de los que ni siquiera usan glosario… y, evidentemente, con unos te sientes más a gusto que con otros, con lo que, al final, se nota en el resultado.

Pero un buen día las cosas cambian y es el cliente el que te llama a ti directamente preguntándote quién será tu compañero de cabina y ahí es cuando tienes que pararte bien a pensar. Los contactos que hacemos y las personas con las que contamos en los momentos en los que hace falta formar un equipo dicen mucho del tipo de profesional que somos (yo diría incluso que podrían formar parte de nuestra marca y de nuestra imagen profesional) y no es algo que haya que tomarse a la ligera antes de descolgar el teléfono y preguntar al primero que aparezca en la agenda. Hay que buscar colegas en los que se confíe porque, al final, poco importa de quién sea la culpa, la diferencia entre que un cliente quiera o no trabajar más contigo dependerá del resultado y, el resultado, como en los deportes de equipo, proviene del esfuerzo de todas las partes. Y creo que esto también es aplicable a la traducción: muchas veces no podemos realizar encargos por falta de tiempo, pero tampoco queremos rechazarlos para no ofender al cliente y en esos momentos recurrimos a algún colega para que se haga cargo del proyecto. Si no es alguien en quien confiemos plenamente, ¿hacia dónde estamos llevando nuestra carrera? Y no solo eso, las consecuencias de dejar un proyecto personal en manos que no nos ofrezcan mucha confianza puede acarrear serias consecuencias para nuestra empresa y nuestra imagen.

Por todo esto, creo que es muy importante saber hacer buenos contactos entre los colegas de profesión y no verlos simplemente como “la competencia”, porque por experiencia personal puedo decir que muy a menudo ayudan más de lo que obstaculizan. Esto no quiere decir que tengamos que agruparnos con cualquiera, evidentemente tenemos nuestras afinidades: ya sea por especialidad, por política de tarifas, por conveniencia horaria u otros, pero tampoco es que haya que ir poniendo la zancadilla a los compañeros de profesión con los que no compartamos la misma idea de vida profesional.

Desgraciadamente, día tras día escucho a algún colega quejarse de haber sido menospreciado, ninguneado o mentido por algún colega de profesión y esto es algo que me da mucha pena. Ya sea por mi tendencia a la ingenuidad o porque mi experiencia en cabina me ha hecho ver que dos pueden más que uno y los encargos más satisfactorios, hasta ahora, de mi carrera, me los han proporcionado colegas que eran “la competencia” ayudándome a abrirme camino cuando estaba empezando creo que podemos crear una competencia muy sana entre los profesionales de la traducción y la interpretación ayudando a los colegas en la medida de lo posible y acudiendo a ellos cuando haga falta y, si alguien lo utiliza en nuestra contra, bueno, ya pesará sobre su imagen. Creo que ya es hora de dejar atrás la idea del “enemigo” y empezar a ayudarnos entre nosotros si queremos ofrecer, de verdad, buenos resultados. Al final, la gratitud siempre puede más que el resentimiento.

La interpretación simultánea sin cabina

Que estamos en época de recortes no es ninguna novedad a estas alturas y el hecho de que también se recorte en gastos de interpretación puede no parecer sorprendente. Quien lleva ya bastantes años en el oficio habrá notado el “bajón” que han dado las reuniones multilingües de un tiempo a esta parte, por no mencionar la reducción de combinaciones que venimos sufriendo en las reuniones internacionales.

Lo que realmente sorprende, o al menos me sorprende a mí, que no llevo mucho en el negocio, es la imaginación que echan algunos a la hora de recortar. Y es que, puestos a recortar, hoy en día se recorta hasta en cabinas. Sí, sí, que se interpreta sin cabinas, vamos.

La primera vez que me lo dijeron se me quedó la boca cual buzón de correos durante unos 15 minutos; ya había oído hablar de cabinas con sistemas caseros de ventilación (a.k.a agujero en el techo) o incluso de cabinas sin puertas (a estas alturas mejor no sorprendernos), pero este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo en mis propias carnes y, la verdad, creo que la experiencia no ha sido del todo desastrosa.

La alternativa que se ofrece a los intérpretes en lugar de la cabina es interpretar en una “tranquila” sala contigua mediante sistema de circuito cerrado de televisión. Y digo “tranquila” porque igual que te pueden dar un despacho enorme y te sientes allí a tus anchas interpretando bien te puede tocar montar el “tinglao” en el escobero o en la sala de fotocopias, como fue el caso de servidora.

El sistema en cuestión es bien sencillo: en esta sala aparte se montan en una mesa dos monitores, uno conectado a una cámara que está grabando lo que ocurre en la sala de la reunión y el otro conectado al ordenador del ponente, por si hace uso de power point o programas similares. Es lo que viene a ser una “interpretación simultánea remoto-presencial”.

El porqué de esta nueva forma de interpretación simultánea me lo explicó muy amablemente el técnico de sonido que se encontraba allí; por lo visto (y esto es algo que, aunque parezca obvio, no se me había pasado por la cabeza) la parte más cara del equipo de sonido es, con diferencia, la cabina y si el cliente dispone de salas donde poder ubicar el resto del equipo y a los intérpretes, a menudo prefiere ahorrarse el coste del montaje de la susodicha.

El sistema, como todo método alternativo a otro por largo tiempo establecido y cuya eficacia está más que comprobada, tiene sus detractores (de hecho ya me han empezado a llegar bastantes críticas por parte de algunos colegas), pero imagino yo que algún que otro partidario tendrá. A mí, particularmente, ni me gusta ni me termina de disgustar, si bien es cierto que, de llevarse a cabo en una situación ideal (véase por ideal que el tamaño de la sala sea el adecuado y el nivel de ruido nulo, que todos los equipos funcionen a la perfección, etc.) podría ser un concepto bastante interesante de desarrollar, que ayude a potenciar la idea de “invisibilidad” del intérprete y de paso ayudar a los que, como yo, todavía nos sentimos intimidados al ver a 40 espaldas sentadas delante de nosotros esperando cualquier mínimo incidente para girarse. Por otra parte, algunos colegas han comentado que da la sensación de que se relega a los intérpretes al papel de meros utensilios de limpieza (por aquello de interpretar en el cuarto de las escobas) y que, si hay algún problema técnico siempre es más complicado de resolver, al no encontrarnos en la misma sala que los ponentes.

Hay quien dice que esta forma de interpretación acabará por sustituir totalmente a la cabina, aunque yo no lo veo y, de ser así, será en un futuro bastante remoto. Aunque bueno, si acaban perfeccionándola de forma que podamos interpretar desde casa en pijama, lo mismo no es tan mala idea al final. ¿Qué pensáis los demás al respecto? ¿Habéis interpretado así alguna vez? ¿Os atrae la idea de la interpretación en pijama?