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Con el orgullo herido (reflexiones de una intérprete sobre la actuación de Ana Botella, entre otras)

Es de madrugada y no puedo dormir; están siendo unos momentos críticos en el ámbito laboral y cuesta conciliar el sueño entre la maraña de ideas que acosan a mi mente ante la perspectiva de los cambios que se presentan. Llevo una temporada volviendo a darle vueltas a la idea de diversificar, por hacer otra cosa mientras pasa el bache. El insomnio comenzó hace tan solo unos días, cuando comprobé con tristeza que no se trata de un bache, sino de un problema que va para largo. Es un problema anidado en la conciencia colectiva de nuestra sociedad y, por tanto, un problema anclado en lo más profundo de mi mente de trabajadora por cuenta propia.

Problema, la palabra tabú para los intérpretes de conferencia de las instituciones; todo el mundo tiene problemas, todos, salvo nuestros políticos. La sorpresita que se llevaría más de uno si supieran lo que piensan de ellos los ciudadanos de a pie…

En una de estas elucubraciones me encontraba la semana pasada cuando vino a verme un amigo, encuentro del que, por desgracia, solo guardo una frase a modo de conclusión, repicando sin cesar en mi cabeza mientras me martillea el cerebro aturdiendo a mis neuronas cuando más las necesito: “¿De qué te vas a quejar? Si está todo el mundo igual. Además, por desgracia, la actitud de Ana Botella ha dejado muy clara la imagen que se tiene en nuestro país de los intérpretes, es triste, pero hay que ser realistas, puestos a prescindir de algo, es de vuestra profesión de lo que se prescinde primero”.

Triste, en efecto, y no ayudó en absoluto a calmar mi desasosiego.

Mucho he oído las quejas, públicas y privadas, que todo el mundo tenía que hacer al respecto del discursito de esta señora y, puesto que está previsto que el “relaxing cup of café con leche” llegue aún más lejos si cabe que el no menos estruendoso “fin de la cita” de no hace tanto tiempo, creo que ya ha llegado la hora de que yo de la mía (tarde, como siempre, pero existente) como profesional ultrajada. Porque sí, lo confieso, me siento ultrajada. De todas estas quejas no he visto hasta ahora ninguna proveniente de ningún intérprete de conferencias (o intérprete, a secas) en ningún foro, red social o blog, tanto de forma individual como colectiva, y no puedo sino formular hipótesis sobre cómo habrá caído esta pesada losa sobre la autoestima gremial o si a estas alturas seré la única a la que profesionalmente este chorro de agua fría le ha despertado las ansias asesinas. Porque, hablando en plata: esta señora le ha pegado una soberana patada en el culo a la lucha que desde hace tiempo mantenemos los intérpretes de conferencia por defender la importancia de nuestro trabajo con miras a facilitar la comunicación de calidad. Y a la China las negociaciones sobre condiciones salariales u horarios de trabajo, eso ya queda a otro nivel, aquí estamos hablando de calidad, señora Botella, y del respeto a una profesión harto digna. Y que no me vengan con milongas de que se trata de problemas económicos que ya no sé si echarme a reír o a llorar, a ver si vamos a acabar erre que erre volviendo a la acostumbrada retahíla de quejas propia de los que se perciben profesionalmente infravalorados.

Para mí, la actuación de esta señora ha sido un atentado en toda regla contra mi dignidad profesional (sin ánimo de exagerar en lo más mínimo) y puede que este desahogo público me cueste algunos trabajos, pero no creo que lleguemos a ninguna parte con pelos en la lengua.

Así que ahora los intérpretes de conferencia somos prescindibles; muy bien, entonces ¿el dinero de las becas con que se subvencionan muchas de las formaciones de intérpretes, gracias a las cuales hoy en día contamos con magníficos  profesionales en este país también habría sido prescindible? Porque ya no se trata de una simple rabieta de profesional infravalorada; es que como ciudadana contribuyente soy más que consciente de que ese dinero viene de nuestros bolsillos. Que los españoles, a través del Ministerio de Educación, hayan podido costearme una formación gracias a la cual puedo ganarme la vida con una actividad que me gusta no me parece en absoluto despreciable (de hecho estoy muy agradecida por ello), pero me parece una vergüenza y una falta de respeto abusiva que se impongan gravámenes al ciudadano corriente para pagar unos estudios a futuros buenos profesionales que realizarán un trabajo que, como bien ha demostrado esta señora, “no sirve pa’ na”. Y me da pena pensar que más de la mitad de esos estudiantes brillantes tengan que marcharse del país sin devolverle siquiera a sus ciudadanos la inversión que han hecho en ellos.

¿Es que soy la única a la que le hierve la sangre? Seguro que nuestros colegas argentinos han hablado largo y tendido de la patética actuación de nuestra representante mientras aquí, en los gremios más afectados, se hace mutis por el foro. Aquí no, aquí más vale callarse, que ya tenemos bastante poco pan y mucho circo, y para el poco que tenemos mejor llevárnoslo a la boca caliente…

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Cinco cosas que debes saber si estás pensando cursar un máster de interpretación

Cuando terminé la carrera quería ponerme a trabajar YA, especialmente después de la cantidad de adrenalina generada durante mi periodo de prácticas, por lo que decidí que la prioridad absoluta en aquel momento era cursar un máster (debido especialmente a la sensación de no estar preparada para hacer nada cuando me dieron el título).

Como lo que más me gustaba de los estudios de TEI era la interpretación y tenía muy claro que quería dedicarme a ello profesionalmente me puse a buscar de manera frenética hasta que encontre el Máster en Traducción, Interpretación y Estudios Interculturales de la UAB, un máster que proporcionaba la formación que yo deseaba y que, al ser oficial, tenía un precio asequible con derecho a beca (gracias MEC). Pedí consejo a la coodinadora del departamento de interpretación de mi facultad (que también era mi profesora), quien conocía personalmente a la mayoría de los docentes del máster y que, por supuesto, puso el grito en el cielo. Me habló de la falta de preparación lingüística que se proporciona durante la carrera, de la falta de destrezas, del desconocimiento de las técnicas y lo más importante, de la falta de madurez mental.

A mi me daba igual, yo realmente solo quería probar suerte y como soy más terca que una mula y cuando se me mete una idea en la cabeza no hay quien me la quite decidí enviar la preinscripción para realizar la prueba de acceso “por si sonaba la flauta”. La verdad es que la flauta sonó (poco me faltó para ponerme a llorar delante de los profesores que estaban evaluando  mi traducción a vista durante la prueba de acceso) y allí que me presenté, matrícula en mano para cursar el máster.

No voy a decir ahora, tiempo después de haberlo terminado, que me arrepiento de haberlo hecho o que no me siento orgullosa (que el trabajazo que me supuso el estudiar para conseguir el título todavía está pasándole factura a mis neuronas), ni mucho menos. Sin embargo, ahora que veo las cosas desde la distancia creo que habría tomado otra decisión y quizás, siguiendo los consejos de mi profesora, hubiera “perdido” dos o tres años de mi vida mejorando mis competencias lingüísticas y mi capacidad de adaptación a diferentes situaciones antes de enfrentarme a tan temido enemigo.

Por eso, si estás pensando cursar un máster de interpretación, hay varios puntos sobre los que deberías hacer examen de conciencia:

1. Tus conocimientos sobre el mundo “exterior” (incluidas las diferentes culturas): La gran mayoría de los estudiantes de TEI hemos salido de nuestras facultades para embarcarnos en la maravillosa aventura de la Erasmus y ya hemos tenido contacto con otros países y otras culturas. Pero seamos sinceros, la percepción del mundo que tenemos durante la beca Erasmus es bastante sesgada, vivimos día a día como si fuera el último y los conocimientos reales que traemos de vuelta sobre la cultura, vida y sociedad de un país son bastante limitados. Además de eso, un intérprete debe saber siempre todo sobre todo (un poco difícil, pero es lo que se espera de nosotros). El interés por el mundo exterior, incluidos los temas más tediosos como la caída del Ibex 35 o los resultados del referéndum para la privatización del agua en tal o cual país deben ser nuestro pan de cada día. Antes de dar ningún paso plantéate cuál es tu grado de conocimiento de las culturas de las que vas a interpretar y cuál es tu grado de interés por saber todo cuanto acontece bajo el sol.

2. El grado de compromiso y responsabilidad: No voy a decir que durante un máster de interpretación no se pueda salir un jueves por la noche “como en los viejos tiempos”, pero en mi opinión, no es recomendable. Los niveles de concentración y de responsabilidad que se requieren tanto en una toma de notas como en una cabina son muy elevados y la falta de sueño, ingesta de alcohol, alimentación insuficiente o poco equilibrada, etc. afectan mucho más que en otros cursos. En palabras de una profesora: “Este máster es vuestro año de oposiciones”. Yo tardé un poco en darme cuenta, hasta busqué un trabajo por las tardes para poder subsistir en Barcelona mientras me ingresaban la beca, lo que acabó convirtiéndose en un infierno mental los sábados y domingos. Para ponerme en serio tuve que renunciar a muchas cosas a las que tal vez, con un poco más de experiencia de vida no habría tenido que renunciar. ¿Cuál es tu grado de compromiso y responsabilidad?

3. El nivel de adaptación y la capacidad de gestión del estrés: Este para mi es, si no el punto principal, al menos al que más tiempo debemos dedicar una buena sesión de reflexión. Aquí es cuando todo el mundo dice: “Ah, pero yo gestiono muy bien el estrés, ya estoy acostumbrado a trabajar bajo presión”. Sinceramente, para mi, quien no ha trabajado nunca en una empresa con un jefe gritando porque hay que cerrar el mes en positivo, porque se han llenado 4 mesas en el bar y no hay quien las atienda, porque hay que vigilar la tienda porque los clientes roban, porque hay que reponer el “stock“, porque hay cuatro llamadas en espera y un cliente en tu mostrador queriendo poner una reclamación, etc. no está preparado para cursar un máster de interpretación (por mucho que sus notas en la facultad sean brillantes). La capacidad de adaptación es fundamental en el ejercicio de la profesión y superar el estrés es Conditio sine qua non. Evidentemente, la experiencia se adquiere con el tiempo y la mayoría de los intérpretes profesionales os dirán que, aún después de muchos años en el oficio, han tenido experiencias que casi les hacen llorar en medio de una interpretación (a mi me pasó poco después de aprobar). Antes de cursar un máster plantéate si tienes la capacidad mental suficiente que te permita adaptarte a cualquier situación (por inverosímil que sea) que pueda plantearse.

4.Dominio de las lenguas de trabajo: Un intérprete, al menos un buen intérprete, debe sentir pasión por sus lenguas de trabajo, ya que pasará mucho tiempo dedicado a su perfeccionamiento. Sin embargo, esta pasión no debe limitarse (como suele ocurrir con muchos estudiantes de TeI) a las lenguas de las que vamos a interpretar, sino también a la nuestra (más que a ninguna otra). Poemas, refranes, dichos populares, colocaciones… hay todo un mundo por descubrir dentro de nuestra lengua materna y a menudo este es nuestro punto débil y motivo de suspenso en la mayoría de los exámenes de interpretación (incluidos ONU y UE). Hay que leer de todo y especialmente traducciones (que ya sabemos que a los traductores nos va más la versión original) porque el aprendizaje de diferentes registros es muy importante. La interpretación es una profesión que se aprende durante toda la vida, por lo que mi consejo es que no tengas prisa. Si crees que te falla tu castellano (u otra lengua materna que tengas) y necesitas mejorar no dudes en tomarte tu tiempo, a fin de cuentas la lengua es nuestra herramienta de trabajo y hay que saber cómo usarla en cada momento.

5. Salidas profesionales: Lamentablemente hoy en día con inglés y francés (combinación mayoritaria entre los recién licenciados españoles) no se va a ninguna parte en interpretación y con inglés y alemán casi tampoco (depende un poco más de la suerte, aunque también es muy difícil). La tercera lengua, a ser posible exótica, se hace por tanto imprescindible (a menos que tengamos una lengua B). En el mercado español aún parece que no han aprendido que las interpretaciones inversas no suelen dar muy buenos resultados y cada vez más clientes piden intérpretes bi-activos. Yo no estoy muy a favor, pero como siempre, el cliente es el que manda y encontrar, a día de hoy, cabinas puras en el mercado privado es prácticamente imposible. Si ya es difícil adquirir la destreza suficiente para interpretar hacia nuestra lengua materna imagináos tan solo como sería interpretar hacia otra lengua que no dominamos del todo. Por eso, si por casualidad se te pasa por la cabeza cursar un máster de interpretación con una combinación lingüística hacia otra lengua que no sea la materna, deberías empezar desde ya a mirar lugares donde hacer estancias o pedir becas para salir al extranjero. Aun con eso será muy difícil activar la lengua no materna y tendrás que buscar asesoramiento para poder incorporar todos los registros a tu bagaje.

Si después de reflexionar te sientes preparado para lanzarte a la aventura, debes saber que el camino no será nada fácil, mira bien los programas de cada universidad, de cuántos créditos está compuesto el máster y quiénes son los titulares de cada materia (por si puedes entrar en contacto con ellos directamente y pedirles consejo) hay muchos profesores de másteres de interpretación que ya están en las redes y más que dispuestos a resolver dudas de futuros alumnos. La del intérprete es una profesión muy gratificante, pero su aprendizaje no está libre de obstáculos. Por ello, si tienes alguna duda que pueda ayudarte a resolver, estaré aquí para echar una mano 😉