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Días de cine

cartel-seff14_optimizadowebNo, no voy a hacer una comparación con la película española de título similar ni quiero crear una tertulia a lo cine de barrio sobre el panorama cinematográfico español.

Si vamos a hablar de cine lo propio sería debatir acerca de festivales, alfombras rojas y fotos de famosos, pero esto es un blog sobre interpretación y prefiero centrarme en el trabajo de los intérpretes. Ojo, que no los de la gran pantalla, sino los que están detrás de la pequeña, acristalada, a veces, con suerte, insonorizada, pantalla al fondo de la sala. Sí, la de los micrófonos. Y me diréis, ¿qué tiene que ver esto con el cine?

Bueno, pues desde que este se ha convertido en un negocio global y servicio de ocio masivo en todo el mundo, mucho. La producción audiovisual mueve muchos recursos en todos los ámbitos y emplea a millones de trabajadores a escala mundial. Con motivo del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que acaba de cerrar su XI edición, se han ido sucediendo oleadas de eventos mediáticos, la mayoría de ellos interpretados para el gran público, que bien merecen una reflexión. Y es que, en tanto que negocio global, los sectores relacionados con la producción audiovisual y su industria han ido desarrollando una idiosincrasia particular.

Para empezar, no es extraño que la mayoría de trabajadores de este sector domine o pueda llegar a defenderse en una o varias lenguas extranjeras, fruto de rodajes y coproducciones en el extranjero, por lo que lo común es que “entre ellos se entiendan”. Este fenómeno no debiera sorprender al intérprete, normalmente acostumbrado a ser el que menos sabe en la mayoría de las situaciones en las que interpreta, ya que no es poco común en la mayoría de las profesiones, convirtiendo cualquier congreso en una acalorada batalla por ver qué bando conoce más términos en Spanglish que el otro. Lo peculiar viene cuando esta presunción de “comprensión” se traslada a los asistentes, en ocasiones, cierto es, lo bastante frikis como para seguir la conversación sin perder un ápice de lo que se dice, ya que suelen estar igualmente enterados de lo que ocurre en el mundillo. ¿Pero qué ocurre con el gran público? ¿Y los medios de comunicación? Bueno, esos siguen la conferencia a través del intérprete.

De esta forma, se llega a un punto en una mesa redonda en la que uno no sabe si está tratando o no con tertulianos de televisión, donde los turnos de palabra se pisan y se salen por peteneras cuando la situación “así lo indica” (al fin y al cabo entre ellos se entienden). En circunstancias así los powerpoints y las notas de apoyo quedan totalmente barridos del mapa, por lo que al intérprete no le queda más que improvisar (y a los que crean rezar mucho).

Entre el fragor de los flashes y los miles de besos y abrazos se hace imposible secuestrar a un ponente unos segundos para que te deje echarle un vistazo a su chuleta. ¿Qué hacer entonces en estos casos?

Los congresos en materia audiovisual son de muy reciente aparición por lo que la mayoría de los expertos rara vez ha trabajado anteriormente con intérpretes, máxime teniendo en cuenta que suelen hablar bien otros idiomas, por lo que llegar y apabullarlo con que es necesario que mande toda la documentación cuando está estrechándole la mano a unos y a otros puede que no sea la estrategia más eficaz. A veces, una breve charla durante la pausa-café puede servir de mucho más. El buen cliente es el como el buen cocido, mejor cocinado a fuego lento (o, en su caso, educado paso a paso).

Pero como con esto no basta, hará falta mucha paciencia, nervios de acero, bastantes horas de preparación y contar con mucho tiempo para llegar al lugar del encuentro a prepararlo todo, un look mono para pisar la alfombra roja con elegancia y la más grande de las sonrisas (que después los hay que dicen que los intérpretes siempre salimos al fondo con cara de enfado en las fotos).

No puedo imaginar cómo debe ser la vida de artista.

PD: puede parecer que me escondo, pero lo prometo,  nunca encuentro al chico de las fotos para que me pase materiales, deberá asustarse cuando vea mis expresiones agónicas detrás del micro. Quedan para la próxima.

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La voz de Caddy Adzuba

Hace poco me propusieron el encargo que hasta ahora ha supuesto el mayor reto de mi carrera, tanto en lo profesional como en lo personal: interpretar una ponencia con rueda de prensa posterior de Caddy Adzuba. No todos los días se tiene la oportunidad de ser la voz en castellano de la ganadora del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia pocos días después de haberse anunciado el galardón, ni se tiene el privilegio de poder interpretar a una persona que viene defendiendo con uñas y dientes unos principios y valores que tengo en la más alta estima y que, por mi condición de mujer y mi empatía con el sexo femenino, me son muy cercanos. Se puede imaginar la tensión interior que viví los días previos al encuentro, así como la mezcla de sentimientos encontrados que se me amontonaban.

Si a esto se le une la profunda preparación psicológica a la que debí someterme, tema sobre el que ya he escrito anteriormente y que, en el caso del intérprete autónomo, considero un requisito altamente infravalorado, imaginareis que llegara al sitio de la interpretación hecha un flan.

El formato de la interpretación era el de una videoconferencia, por lo que había que estar especialmente atentos a que el aspecto técnico funcionara de maravilla y rezar para que las telecomunicaciones congoleñas cumplieran debidamente su cometido. Una vez superados los pequeños inconvenientes de ruidos de fondo y llamadas que se cortan me encontré con una Caddy sonriente y muy contenta, aunque con el mismo mensaje tajante que ha venido proclamando a los cuatro vientos durante toda su carrera.

Y es que, ante personajes de tal porte, hay que ser muy prudente para no acabar provocando un conflicto diplomático. El mínimo desliz, detalle magnificado o suavizado o una frase algo ambigua podrían dar al traste con todo el esfuerzo anterior.

Caddy Adzuba

Nadie diría que tras esa sonrisa se esconde una fiera en la defensa de los derechos de mujeres y niñas

 

Y claro, los medios no se cortaban, ¿eh? Que si piensas que el gobierno de tu país se está encargando de perpetuar el conflicto, que si crees que España pueda estar proporcionando una ayuda valiosa o, por el contrario, lucrándose con la existencia del conflicto, que si el papel de las ONG españolas es el adecuado y ayudan a la reinserción de los niños-soldado en la sociedad… A preguntas más directas respuestas más claras y contundentes (y más sudores fríos por mi parte).

Caddy hizo alarde, una vez más, de valor contándonos sin tapujos cómo transcurre su día a día en radio Okapi y en qué condiciones lleva a cabo su trabajo (desde visitar a mujeres que han sido violadas y torturadas por los rebeldes y quieren proporcionar su testimonio hasta las ocasiones en que se ha dejado secuestrar por el bando enemigo, en medio del bosque, para averiguar quién le estaba proporcionando las armas) y nos explicó cómo se puede vivir bajo amenaza de muerte haciendo frente a los miedos.

No dejó de agradecer a toda la sociedad española por las muestras de apoyo que había recibido y al Comité del Príncipe de Asturias porque el galardón servirá para dar más visibilidad y un nuevo impulso a su causa.

En lo personal, me llevo el honor de haber podido ser, aunque sea por unas horas, la voz de una persona que ha sabido ganarse mi mayor admiración a lo largo de mucho tiempo y que, al igual que yo, tiene algunos problemillas con las palabras suaves.

En lo profesional, considero que he superado otro de los grandes retos que desde siempre me había infundido mucho respeto: interpretar a una persona a la que admiro con la máxima fidelidad, estando a la altura de su figura a pesar de los inconvenientes técnicos.

Y para el recuerdo queda…

 

 

Interpretaciones flamencas

bienal-flamenco-sevilla2014-300x336Arranca la Bienal de Flamenco y con ella calentamos motores en este inicio de curso que se presenta bastante movidito.

Y es que, como buena sevillana, bien me gustaría poder cambiar el cuaderno y el bolígrafo por una peineta y una copa de manzanilla pero, como hay que volver con energía y motivación, qué mejor manera de volver de vacaciones que con unas semanitas cargadas de entrevistas, carreras y mucho espectáculo.

Aunque la ocasión invitaría a usar una vestimenta algo más folclórica, más nos vale dejar la moda de lado y cambiar los tacones por unos zapatos algo más prácticos que nos ayuden a aguantar las idas y venidas de estos días y las horas de más de pie, que a veces con tanta fiesta y tanto jaleo una se olvida de que los demás no están “de servicio” y, en la mayor parte de los casos, solo van a disfrutar.

Para alguien que viene del Sur el flamenco siempre ha estado presente en forma de fiesta popular, por lo que las dimensiones del concepto “espectáculo”, sobre todo si va unido a “artista internacional”, a veces me vienen largas, sobre todo cuando veo los empujones de unos y otros para poder hablar un rato con fulanito o menganito, a quien no ven desde aquella gira por Corea del Sur. Ni que decir tiene que el que se pudiera negociar con el flamenco quedaba lejos de mi conocimiento, por lo que, cuando me he visto en medio de la burocracia que genera el exportar tanto de nuestro talento, con las consecuentes entrevistas, negociaciones y cierres de acuerdos, me he dado cuenta de que estoy a años luz del mundo de los artistas.

Los ponentes vienen con las agendas repletas y basta que alguien se alargue un poco en el turno de preguntas para que no de tiempo a llegar al siguiente evento. Miedo me da imaginar lo que puedan sentir los intérpretes de los súper famosos teniendo que lidiar con la horda de fans, periodistas, críticos y demás peregrinos que siguen a su “interpretado” en procesión donde quiera que vaya. En el caso del flamenco, se ve que tiene entusiastas en países como China o Japón, países de los que, desde hace algunas semanas, no paran de llegar fotógrafos, críticos de prensa, bailaores en potencia y, muy especialmente, admiradores. Por eso, un relevo a tiempo con el compañero alivia tanto a las neuronas como una buena noche de descanso.

En estos casos no solo basta una buena coordinación para que todo vaya sobre ruedas, un poquito de salero también es imprescindible y, si puede ser, que venga acompañado de una buena agudeza mental para poder terminar la interpretación antes de que algún espontáneo, invadido por la pasión, se arranque a cantar por bulerías poniéndote en el aprieto de tener que hacer lo propio en la lengua de llegada.

Si es que al final una buena fiesta pone a todo el mundo de buen humor y aunque la nuestra sea una profesión de lo más seria y rigurosa siempre podemos dejarnos encantar un poquito por el “duende”. Para que luego los haya que digan que lo nuestro no es un arte.

¿Quién toma el relevo?

En la formación para intérpretes siempre se hace hincapié en la necesidad de transmitir el mensaje del orador en la lengua de llegada y no sus palabras. De hecho, precisamente por eso nuestra profesión se llama interpretación y no “traducción oral palabra por palabra”, porque se presupone que, una vez que el intérprete capta el mensaje original, lo asimila y lo adapta a su público, teniendo en cuenta las condiciones en las que el orador transmite el mensaje, véase velocidad , frases inacabadas, redundancias…

Durante la formación también se trataba mucho sobre el tema del relais, esto es, la interpretación que se realiza a partir de la interpretación de un compañero y, aunque todos en este mundillo conocemos este concepto, es cierto que las circunstancias del mercado actual no suelen fomentar este tipo de prácticas (principalmente porque las reuniones son cada vez más reducidas y se suele utilizar una única lengua extranjera, o como máximo dos). No voy a referirme a la interpretación para instituciones europeas, donde sí que utilizan mucho esta práctica para interpretar desde/hacia lenguas minoritarias, sino a la situación del mercado privado en España, que es donde tengo más experiencia.

Es muy fácil caer en la trampa que nos tienden las palabras del orador, que a menudo nos obsesionan hasta el punto de querer decirlo todo exactamente igual, pero no hay que perder de vista que, en caso de ser la cabina principal (esa de la que los compañeros toman el “relevo” para poder realizar su interpretación) nuestro público cambia, por lo que debe también cambiar nuestro mensaje y la forma que tenemos de expresarlo.

Hace poco estuve interpretando en un gran evento en el que tuvimos que trabajar en relais y pude darme cuenta de lo fácil que es caer en el olvido y dejar de lado las técnicas aprendidas en lo que a rendición del mensaje se refiere y olvidarse del público que nos está escuchando. Se trataba de una conferencia multilingüe a la que asistían participantes de, al menos, 5 países de Europa más algunos de Estados Unidos, por lo que toda la inversa tenía que hacerse a partir de la interpretación al español del discurso original. Como en la mayoría de los casos, el resultado fue bueno, ya que los compañeros eran muy profesionales y al final siempre saben sacar las castañas del fuego, pero no pude dejar de advertir la situación de agotamiento en la que nos encontrábamos todos y esto se debe a varios factores:

No son solo palabras: cuando el orador hablaba no dejaba escapar solo palabras, sino que transmitía un mensaje. El mensaje puede transmitirse de infinitas maneras posibles, siempre que se haga bien y que el público receptor lo entienda, pero cuando tienes “a tu cargo” a compañeros que trabajan en relais las palabras no bastan, el mensaje debe ser preciso y claro. Podría haberse dicho mejor, sí, pero ya está dicho, y volver a retomar una y otra vez la frase anterior para intentar mejorarla y embellecerla solo causa confusión en los compañeros.

Hay limitaciones temporales: igual que la subtitulación no es doblaje, porque tiene una limitación espacial, la interpretación no es traducción porque tiene una limitación temporal. Y enlazando con el punto anterior no se puede estar retomando la misma idea una y otra vez hasta decirla perfectamente ni expresar todos los detalles con las mismas palabras que el orador: HAY QUE SER CONCISOS. “Fui a mi médico a que me recetara pastillas” envía el mismo mensaje que “fui al médico de cabecera a que me recetara pastillas”, pero en menos tiempo; “son las dos y diez y nos vamos a comer” es igual que “son las dos y diez de la tarde y nos vamos a comer”, aunque hay una gran diferencia entre la primera y la segunda: el compañero que interpreta este mensaje en relais seguro que lo hará mejor si le enviamos el primero , porque no acabará su intervención 15 minutos después que el orador, cuando ya todos los asistentes se han quitado los auriculares.

No hay que aclarar: si el mensaje ha quedado claro (y debería haber quedado claro porque esa es nuestra misión) no se deberían hacer aclaraciones. “A quarter” es “un cuarto”, no “un cuarto, osea, el 25 %”. Creo que imagináis por qué, así que no voy a repetirme.

Y por supuesto la más importante, nunca, nunca, nunca, aunque el ponente se esté haciendo un lío, se puede dejar una frase sin acabar. Puede que los que escuchen el original lo entiendan, porque tienen un mensaje no verbal que acompaña a las palabras, pero el receptor de la interpretación, sobre todo el que escucha el relais, para cuando recibe el mensaje no tiene referencias no verbales de lo que se acaba de decir, ya que los gestos, al igual que las palabras, tienen su momento y una vez pasado dejan de tener sentido. Por lo que, o se termina la frase, o aquí no se entera nadie.

Creo que son ideas muy sencillas y no estoy inventando nada nuevo, simplemente creo que no está demás hacer un breve recordatorio de algunos puntos que se deben tener en cuenta cuando se trabaja con compañeros en “relais”, ya que nuestra misión es facilitar la comunicación, y muchas veces con el ánimo de facilitar complicamos a los compañeros sin darnos cuenta y lo que se gana por un lado se pierde por otro. Solo trabajando bien en equipo se pueden conseguir los mejores resultados.

El intérprete sostenible

sostenibilidadÚltimamente casi todos los congresos que tengo que interpretar, para uno u otro sector, tratan de sostenibilidad (ese concepto tan difuso y a la vez tan trillado que ha acabado filtrándose en el vocabulario habitual de nuestra sociedad) y de cómo adaptarse a los retos del mundo globalizado, ejerciendo el menor impacto posible en el entorno y, por supuesto, en el planeta. Desde los sectores más tradicionales hasta el de las nuevas tecnologías todos buscan formas de reducir el consumo de recursos y su impacto sobre la naturaleza para no acabar agotando todos los recursos del planeta, sin perder, con ello, eficiencia.

Esto es hasta cierto punto lógico, pues somos muchos los que aquí vivimos y se supone que debemos preservar la fuente de nuestro sustento para que las generaciones venideras puedan vivir en un entorno saludable. Podemos pensar que el trabajo de intérprete en sí no ejerce una gran presión sobre el planeta, pero si tenemos en cuenta la cantidad de horas/días que pasamos delante de nuestros dispositivos electrónicos preparando algún congreso y de los materiales que utilizamos a lo largo de una jornada en nuestras oficinas podemos ser conscientes de que, como cualquier otra actividad profesional, dejamos una huella de carbono que podría reducirse con poco que queramos hacer.

Por eso, y aunque parezcan bastante obvios, he decidido recopilar tres trucos muy básicos que nos pueden ayudar a los intérpretes a reducir nuestra huella ecológica en el transcurso de nuestro trabajo:

Reutiliza – recicla: muchos ya se han pasado a la tablet como soporte para tomar notas, pero si todavía eres de los que utilizan libretas de papel ya sabemos que, al acabar por un lado, siempre queda el otro. Hay quien dice que las notas antiguas se pueden transparentar y confunden, pero sin dramatismos, por favor, que hasta donde yo sé, la tinta todavía no es corrosiva. Utilizar libretas de notas hechas de papel reciclado es un plus y eso sí, al acabarla, siempre mejor tirarlas al contendor de papel que mezclarla con el resto de basuras.

Usa el transporte público para ir a los congresos: o, si esta opción es poco factible siempre se puede intentar quedar con el compañero de cabina para ir juntos al lugar de la interpretación. En muchas interpretaciones de acompañamiento, en las que vienen delegaciones a visitar algún lugar en concreto, a menudo el cliente pone a disposición del grupo un autobús que los lleve directamente desde el hotel hasta el lugar que vayan a visitar y no es extraño que en estas ocasiones ofrezcan al intérprete la posibilidad de viajar con ellos. Esto, además de ser una ventaja medioambiental, proporciona al intérprete algunos minutos valiosísimos para estar con las personas a las que interpretará y conocerlas un poco mejor, ver qué acento tienen, a qué velocidad hablan… vamos, una dosis extra de preparación antes de entrar en faena.

No imprimas los glosarios si no es necesario: para la mayoría de los encargos en cabina hacemos uso de nuestro ordenador personal/tablet, por lo que podemos consultar nuestros glosarios tantas veces como queramos sin necesidad de imprimirlo, e incluso compartirlo con el compañero con un solo click. Esto tal vez no se pueda llevar a cabo en visitas guiadas u otras situaciones de interpretación en las que el intérprete no cuente con un puesto fijo, pero en estos casos siempre cabe la posibilidad de imprimirlos sobre folios en sucio y, si esto no fuera posible, intentarlo en papel reciclado. Esto también se aplica a interpretaciones en las que te pasan la documentación a última hora, siempre es mejor pedir el discurso escrito de un ponente en formato virtual y poder mirarlo en la pantalla de tu ordenador que tener que imprimirlo. Además, supone un ahorro de espacio considerable en cabina, donde después de una jornada de interpretación, pueden haber tantas cosas acumuladas que falte sitio para el propio intérprete.

Estos tres pasos básicos son un granito de arena para reducir nuestro impacto global sobre el medio ambiente. Por supuesto se puede hacer mucho más, pero no creo que sea mi misión venir a dar una charla sobre los métodos de medición de la huella de carbono individual en el desarrollo de nuestra actividad profesional. Un poco de concienciación unido a otro poco de voluntad ya pueden hacer mucho, y estoy segura de que poniendo entre todos de nuestra parte podremos crear un medioambiente más saludable para todos.

Se aceptan sugerencias 🙂

Renovando habilidades y técnicas: Cambridge conference interpretation course 2014

 

Como cada año, a medida que se va acercando el verano, vemos que empieza a ofrecerse una amplia variedad formativa en interpretación, tanto para los que están empezando su andadura profesional como para los que ya llevan un largo camino recorrido. Hay cursos de todos los tipos y colores y, tanto el contenido que ofrecen como el público al que van dirigidos, pueden variar considerablemente.

Uno de los cursos que más ha llamado mi atención, tanto por el programa como por la variedad de lenguas de trabajo que abarca es el Cambridge Conference Interpretation Course, que no hace mucho ha abierto su plazo de matrícula para el verano de 2014. Aunque el precio sobrepasa un poco mis posibilidades actuales no descarto matricularme en futuras ediciones porque, visto el programa y el listado de profesores, se me han quedado los ojos como platos. El curso está dirigido a intérpretes en activo que, por una u otra razón no han podido mantener sus habilidades al día y para intérpretes noveles que no cuentan con gran experiencia y necesitan practicar, aunque, como bien destacan en todas las secciones de su página web, no se trata de una escuela de interpretación y, por lo tanto, se presupone que los participantes en el curso son capaces de trabajar a nivel profesional (vamos, que mejor dejarlo para otro año si no estamos seguros de poder llegar al final de la maratón).

Está impartido por intérpretes AIIC en activo, que trabajan para instituciones internacionales (OTAN, OECD…) tanto en plantilla como freelances, muchos de ellos miembros de los tribunales de examen de dichas instituciones y profesores de máster de interpretación de conferencias en reconocidas universidades internacionales. Además, te garantizan que no habrá más de 3 alumnos por profesor, ¡todo un lujazo vaya!

Y por si esto fuera poco, el curso se celebra en Cambridge, una ciudad de lo más aburrida e insulsa, sobre todo en verano… (nótese el deje irónico y los suspiros que se me escapan entre frase y frase).

En mi caso este año no podrá ser, creo que todavía me quedan muchas horas de trabajo duro para poder enfrentarme a este tipo de retos sin tener sudores fríos, pero si os pica la curiosidad o si estáis planteándoos hacer algún curso de renovación profesional este verano os recomiendo que le echéis un vistazo al programa, no tiene desperdicio.

Asistencia psicológica a intérpretes, ¿mito o realidad?

Hace algunos días estaba comentando con varios colegas algunas anécdotas que nos han sobrevenido en situaciones de interpretación poco agradables y se me ocurrió preguntarme (en voz alta) qué harían ante esas situaciones los compañeros más sensibles, puesto que, al fin y al cabo, en la mayoría de los casos nos encontramos solos ante el peligro. Tras un pequeño debate llegamos a la conclusión de que, para evitar vernos afectados por una situación desagradable lo único que podemos hacer es rechazar el encargo que se nos ofrezca, aunque claro, esto no siempre es posible.

Muchos intérpretes han tenido que enfrentarse alguna que otra vez a situaciones desagradables en su trabajo, ya que nuestra labor puede desarrollarse en multitud de entornos: hospitales, cárceles, juzgados, centros de menores, casas de acogida, comisarías… Son innumerables los temas que pueden llegar a abordarse (muchos en absoluto deseables) y las diferentes situaciones a las que podemos tener que enfrentarnos. No me refiero exclusivamente a los intérpretes de los Servicios Públicos; todos sabemos que a menudo se organizan congresos y charlas sobre temas peliagudos. Ante esto, cabe preguntarse si existe algún tipo de protección psicológica o asistencia profesional que se le pueda ofrecer al intérprete involucrado en estos casos. La respuesta es no; o al menos en mis búsquedas no he conseguido encontrar informaciones al respecto. Parece como si se tratara de un tabú o, simplemente, que nadie lo considera un problema.

No existen tampoco publicaciones al respecto, ni se menciona este tema en las webs de asociaciones de traductores e intérpretes profesionales como ASETRAD u otras que he consultado. Tampoco se plantea que pueda ofrecerse algún tipo de servicio de ayuda psicológica gratuita a profesionales autónomos que trabajen en entornos “sensibles” (para eso, entre otras cosas, pagamos mensualmente la Seguridad Social). Me da la sensación de que la única persona que ve la desprotección del intérprete como algo serio soy yo. Y, sin embargo, para los intérpretes en plantilla de la mayoría de organismos internacionales, como el Tribunal Penal Internacional, en el que conozco a varios colegas que trabajan, sí que hay equipos de psicólogos que ofrecen asistencia, debido a la intensa presión emocional a la que a veces se ven sometidos.

Pero claro, el autónomo  se supone que puede escoger qué encargos acepta y cuáles no. Si bien esto es cierto, el que haya trabajado algún tiempo como intérprete sabrá que en nuestro trabajo existen las sorpresas, y muchas. Muchas veces el cliente no ha pasado la documentación por adelantado, o la ha pasado con muy poca antelación, no ha sido muy claro con el lugar donde se llevará a cabo la interpretación ni en qué condiciones y un largo etc. Si a esto sumamos que, como humanos, tenemos sentimientos y que, lo queramos o no, hay temas que nos afectan de una forma un poco más personal que otros, veremos que no es tan raro que alguna que otra vez lleguemos a casa con ganas de llorar y maldecir. Que nuestro trabajo es simplemente transmitir, de eso no cabe duda, pero de que no somos simples robots que emiten sonidos en uno u otro idioma sin que la información pase por nuestro cerebro y, a veces, se quede, tampoco.

¿Qué hacer entonces ante el problema? Con tiempo y experiencia hasta el más llorón se acaba insensibilizando, pero mientras eso llega a mí se me antoja necesario dotar al intérprete de herramientas para protegerse emocionalmente, aunque sea simplemente de su propia sensiblería. Y por eso lo manifiesto abiertamente aquí, porque considero que alguien debe expresar su preocupación y porque me interesa saber qué piensan los compañeros de todo esto. Todas las opiniones serán bien recibidas

Interpretaciones vampíricas

Hay eventos que por sus características o por el público al que van dirigidos (entregas de premios, festivales de cine, galas benéficas…) se celebran de noche y lo habitual, en estos casos, es que el intérprete esté prevenido y, sabiéndolo con antelación, pueda prepararse adecuadamente para la ocasión, organizando su jornada con tiempo.

El problema, sin embargo, reside en aquellos eventos que, aun planificados con bastante antelación para celebrarse de día, sufren algún contratiempo que les obligue a retrasarse (que el ponente se ponga enfermo, que haya un apagón y que los equipos de sonido fallen o, como en el caso de una servidora, que el avión del representante se retrase) posponiendo el evento “para después de cenar” .

Imprevistos, como ya he comentado en algunas ocasiones, puede haber muchos, pero lo principal en estos casos es tomárselo con filosofía y no caer en uno de los principales peligros de nuestra profesión: no estar suficientemente descansados; y de esto puedo hablar por experiencia propia. Es muy fácil caer en la tentación de querer aprovechar las horas que de repente se nos han regalado para hacer algo “productivo” y ponernos a repasar una y otra vez los glosarios para cerciorarnos de que vamos bien preparados, ponernos a responder emails atrasados como locos o quitar algunas de las tareas menos importantes de la lista de cosas por hacer. Y esto, para el intérprete que haya comenzado su jornada laboral por la mañana temprano puede ser especialmente contraproducente.

No somos vampiros (aunque a algunos ya les gustaría) y a menos que podamos conseguir que redbull devuelva coherencia a nuestras neuronas como devuelve energía al cuerpo más nos valdría descansar si queremos continuar frescos más allá de la puesta de sol.

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Dormir una siesta corta, hacer un poco de meditación, cocinar o, incluso, salir a dar un paseo para airearnos un poco son algunas tareas que no ocupan mucho tiempo y que pueden ayudarnos a desconectar momentáneamente sin hacernos perder de vista la difícil tarea que tenemos por delante.

Además, es muy probable que en estos casos las personas a las que vayamos a interpretar estén también casadas, razón de más para que nuestro cansancio no sea una excusa para no crear una comunicación natural y fluida. Aquí, más que en otros casos, se exigirá de nosotros un esfuerzo adicional para proporcionar la información de forma más clara y precisa, ya que el sueño nubla el entendimiento.

Para realizar un buen trabajo, el intérprete debe prestar atención tanto a su cuerpo como a su mente, porque no hay cabeza fresca en cuerpo agotado ni cuerpo que aguante una mente desbordada. No cuesta nada dedicarnos unos minutos al día para cuidarnos y descansar si con ello conseguimos una comunicación óptima y estoy segura de que los clientes lo notarán.

Necesito mis documentos

No, no voy a hablar sobre inmigración ni problemas burocráticos/administrativos; cuando digo papeles me refiero a la documentación. Sí, a la documentación que todo intérprete tiene que prepararse como un loco días antes de sentarse a interpretar para poder realizar un trabajo decente.

Tener información previa y específica sobre el tema que se va a tratar durante el congreso o la reunión en los que se va a interpretar es absolutamente importante, como puede serlo en cualquier profesión hoy en día (no puedo imaginarme a un médico que no revise la historia clínica de su paciente antes de la consulta, ni a un abogado que no se repase todos los detalles del caso antes de exponer una defensa). Al igual que en estos dos últimos casos, contar con la documentación específica que va a utilizarse es también muy necesario.

Con la proliferación, en los últimos años, de congresos internacionales sobre coaching, marketing, redes sociales y otros temas de carácter más general que interesan a un sector bastante amplio de la población se puede tender a pensar que para una “simple” charla de carácter “informal y distendida” no hace falta mucha preparación, al fin y al cabo “no hay mucho vocabulario técnico” (¿a cuántos compañeros no les suena esta situación?).  Sin embargo, es importante hacer ver al cliente que, independientemente de la tecnicidad del vocabulario, ninguna conferencia es fácil. Tipos de ponentes los hay como diferentes tipos de personas en el mundo: los hay ultra formales a los que les gusta mantener las distancias con la audiencia, los hay informales, los hay serios y los hay más cercanos, los hay que quieren integrar en todo momento al público y los hay que prefieren dar charlas magistrales, los hay que usan diapositivas y los hay que no paran de hablar y los hay, por supuesto, los que adoran un determinado tipo de palabras porque se han puesto de moda o simplemente porque les sirven a su causa en ese momento específico.

Lo cierto y verdad es que un intérprete nunca puede saber el enfoque que un determinado ponente va a dar a su exposición  y es por eso nuestra  tarea hacérselo ver al cliente para poder garantizar un trabajo de calidad en las mejores condiciones posibles. Los clientes, a menudo, tienen miles de cosas en la cabeza durante la organización de un congreso y es bastante común que lo primero que se les olvide sea el intérprete. Para conseguir que todo salga bien habrá que hacer un esfuerzo conjunto mientras que, para que algo salga mal basta simplemente un descuido y esto estaría bien recordárselo para que sepan que nosotros, al igual que ellos, también tenemos interés en que todo salga a la perfección.

Al igual que los intérpretes los clientes no nacen sabiendo, todos tienen una primera vez; por eso, nos corresponde a nosotros educarlos poco a poco y tener paciencia con ellos. Dar este paso al principio puede resultar difícil; los intérpretes con más años de experiencia ya estarán acostumbrados a lidiar con este tipo de situaciones, pero entiendo que para el intérprete novel no sea todo tan sencillo. En cualquier caso es muy importante superar la timidez y el miedo al “qué pensará si le insisto demasiado” e intentar, de la manera más diplomática posible hacerle varios recordatorios sobre la importancia de la documentación cuando se vaya acercando la fecha.

No he conocido hasta hoy a ningún cliente que no esté interesado en que el evento que organiza salga perfecto por lo que, aunque con mil cosas en la cabeza, recordarles la importancia de poder transmitir el mensaje con el menor número de obstáculos es una forma de darle visibilidad e importancia a nuestra profesión y de hacerles ver, al mismo tiempo, que estamos comprometidos con nuestros trabajo y que haremos todo lo posible para que todo salga de maravilla.

Dime con quién trabajas y te diré qué tipo de profesional eres

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán; y este consejo puede aplicarse tanto al ámbito personal como al profesional.

La mayoría de las personas que nos dedicamos a la traducción y a la interpretación trabajamos bien como autónomos, bien dando el paso y constituyendo nuestra propia empresa y, para tener éxito, tenemos que crear buenas relaciones de negocios. Siempre ha sido así. Es cierto que como empresarios tenemos que ofrecer algo que nos permita diferenciarnos de los otros y hacer que el cliente nos escoja, pero esta diferencia puede crearse sin tener por qué, necesariamente, aplastar a la competencia, al fin y al cabo al final nos acabamos conociendo todos y no se hace extraño escuchar:  “pues si fulanito hace negocios con setanito a saber qué clase de persona será”. Y es que al final, nuestra forma de tratar a los demás, sean compañeros o clientes, se convierte en nuestra principal carta de presentación y fuente de referencia.

Cuando yo empecé (e imagino que todo aquel que haya trabajado en cabina habrá pasado por la misma situación) no tenía mucha opción de elegir a mis compañeros; por lo general, recibía una llamada del cliente o de algún colega porque el intérprete con el que pensaba contar no estaba disponible y hacía falta alguien más en la cabina. Así ha sido como, poco a poco, he ido conociendo a mis colegas y me he dado a conocer. En este tiempo he tenido compañeros de todo tipo: de los que lo escriben todo, de los que no te ayudan nada, de los que te dan palmaditas en la espalda, de los que te prestan los glosarios, de los que ni siquiera usan glosario… y, evidentemente, con unos te sientes más a gusto que con otros, con lo que, al final, se nota en el resultado.

Pero un buen día las cosas cambian y es el cliente el que te llama a ti directamente preguntándote quién será tu compañero de cabina y ahí es cuando tienes que pararte bien a pensar. Los contactos que hacemos y las personas con las que contamos en los momentos en los que hace falta formar un equipo dicen mucho del tipo de profesional que somos (yo diría incluso que podrían formar parte de nuestra marca y de nuestra imagen profesional) y no es algo que haya que tomarse a la ligera antes de descolgar el teléfono y preguntar al primero que aparezca en la agenda. Hay que buscar colegas en los que se confíe porque, al final, poco importa de quién sea la culpa, la diferencia entre que un cliente quiera o no trabajar más contigo dependerá del resultado y, el resultado, como en los deportes de equipo, proviene del esfuerzo de todas las partes. Y creo que esto también es aplicable a la traducción: muchas veces no podemos realizar encargos por falta de tiempo, pero tampoco queremos rechazarlos para no ofender al cliente y en esos momentos recurrimos a algún colega para que se haga cargo del proyecto. Si no es alguien en quien confiemos plenamente, ¿hacia dónde estamos llevando nuestra carrera? Y no solo eso, las consecuencias de dejar un proyecto personal en manos que no nos ofrezcan mucha confianza puede acarrear serias consecuencias para nuestra empresa y nuestra imagen.

Por todo esto, creo que es muy importante saber hacer buenos contactos entre los colegas de profesión y no verlos simplemente como “la competencia”, porque por experiencia personal puedo decir que muy a menudo ayudan más de lo que obstaculizan. Esto no quiere decir que tengamos que agruparnos con cualquiera, evidentemente tenemos nuestras afinidades: ya sea por especialidad, por política de tarifas, por conveniencia horaria u otros, pero tampoco es que haya que ir poniendo la zancadilla a los compañeros de profesión con los que no compartamos la misma idea de vida profesional.

Desgraciadamente, día tras día escucho a algún colega quejarse de haber sido menospreciado, ninguneado o mentido por algún colega de profesión y esto es algo que me da mucha pena. Ya sea por mi tendencia a la ingenuidad o porque mi experiencia en cabina me ha hecho ver que dos pueden más que uno y los encargos más satisfactorios, hasta ahora, de mi carrera, me los han proporcionado colegas que eran “la competencia” ayudándome a abrirme camino cuando estaba empezando creo que podemos crear una competencia muy sana entre los profesionales de la traducción y la interpretación ayudando a los colegas en la medida de lo posible y acudiendo a ellos cuando haga falta y, si alguien lo utiliza en nuestra contra, bueno, ya pesará sobre su imagen. Creo que ya es hora de dejar atrás la idea del “enemigo” y empezar a ayudarnos entre nosotros si queremos ofrecer, de verdad, buenos resultados. Al final, la gratitud siempre puede más que el resentimiento.