De cabinas y glosarios

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Interpretaciones flamencas

bienal-flamenco-sevilla2014-300x336Arranca la Bienal de Flamenco y con ella calentamos motores en este inicio de curso que se presenta bastante movidito.

Y es que, como buena sevillana, bien me gustaría poder cambiar el cuaderno y el bolígrafo por una peineta y una copa de manzanilla pero, como hay que volver con energía y motivación, qué mejor manera de volver de vacaciones que con unas semanitas cargadas de entrevistas, carreras y mucho espectáculo.

Aunque la ocasión invitaría a usar una vestimenta algo más folclórica, más nos vale dejar la moda de lado y cambiar los tacones por unos zapatos algo más prácticos que nos ayuden a aguantar las idas y venidas de estos días y las horas de más de pie, que a veces con tanta fiesta y tanto jaleo una se olvida de que los demás no están “de servicio” y, en la mayor parte de los casos, solo van a disfrutar.

Para alguien que viene del Sur el flamenco siempre ha estado presente en forma de fiesta popular, por lo que las dimensiones del concepto “espectáculo”, sobre todo si va unido a “artista internacional”, a veces me vienen largas, sobre todo cuando veo los empujones de unos y otros para poder hablar un rato con fulanito o menganito, a quien no ven desde aquella gira por Corea del Sur. Ni que decir tiene que el que se pudiera negociar con el flamenco quedaba lejos de mi conocimiento, por lo que, cuando me he visto en medio de la burocracia que genera el exportar tanto de nuestro talento, con las consecuentes entrevistas, negociaciones y cierres de acuerdos, me he dado cuenta de que estoy a años luz del mundo de los artistas.

Los ponentes vienen con las agendas repletas y basta que alguien se alargue un poco en el turno de preguntas para que no de tiempo a llegar al siguiente evento. Miedo me da imaginar lo que puedan sentir los intérpretes de los súper famosos teniendo que lidiar con la horda de fans, periodistas, críticos y demás peregrinos que siguen a su “interpretado” en procesión donde quiera que vaya. En el caso del flamenco, se ve que tiene entusiastas en países como China o Japón, países de los que, desde hace algunas semanas, no paran de llegar fotógrafos, críticos de prensa, bailaores en potencia y, muy especialmente, admiradores. Por eso, un relevo a tiempo con el compañero alivia tanto a las neuronas como una buena noche de descanso.

En estos casos no solo basta una buena coordinación para que todo vaya sobre ruedas, un poquito de salero también es imprescindible y, si puede ser, que venga acompañado de una buena agudeza mental para poder terminar la interpretación antes de que algún espontáneo, invadido por la pasión, se arranque a cantar por bulerías poniéndote en el aprieto de tener que hacer lo propio en la lengua de llegada.

Si es que al final una buena fiesta pone a todo el mundo de buen humor y aunque la nuestra sea una profesión de lo más seria y rigurosa siempre podemos dejarnos encantar un poquito por el “duende”. Para que luego los haya que digan que lo nuestro no es un arte.

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FICA

La semana pasada tuvo lugar aquí en Goiás la decimo cuarta edición del FICA (Festival Internacional de Cinema Ambiental) y, podeis imaginar la expectación que crea en esta ciudad de 25000 habitantes en pleno corazón de Brasil la celebración de un evento internacional de tales características.

Para los habitantes supone la principal fuente de ingresos del año (las familias alquilan sus casas o algunas habitaciones de ellas y el empleo se triplica, dando oportunidad a los desempleados de ganar un poco de dinero extra). Para mi, el mayor atractivo lo componía el plano lingüístico, ya que en la programación del festival se incluían algunas mesas redondas y encuentros con los directores de las películas que, al ser extranjeros, necesitarían de interpretación.

Ni que decir tiene que hacer llegar mi curriculum a los organizadores fue una pesadilla y, evidentemente, con la burocracia a la que hay que someterse para cualquier cosa en este país no me llamaron, fui la constante “number one” en la lista de espera, aunque no por ello dejé de disfrutar del evento.

En lo que se refiere a la organización lingüística las conferencias y mesas redondas fueron bastante desastrosas (y que conste que hablo sin el menor rencor), de lo que deduje que, por mucho progreso que se pueda aparentar en lugares tan remotos como este ante la celebración de eventos distinguidos, nuestra profesión está a años luz de ser comprendida y mucho menos reconocida. Ya había oído rumores de que algunas películas de especial relevancia serían interpretadas en directo (tengamos en cuenta que Brasil es país doblador, no subtitulador, y hace pasar 90 minutos  sentados frente a una pantalla viendo pasar letritas a personas que el único libro que han tenido entre sus manos ha sido el de aprender a leer podía ser una gran tortura), cosa que no me sorprendió especialmente, ya que después de asistir al festival de cine latinoamericano de Gante y ver como mis compañeras de español>neerlandés expiaban sus pecados en aquellas cabinas mientras yo disfrutaba alegremente de las películas que proyectaban nada podía asustarme. Aunque fue por poco. Las cabinas estaban escondidas, pero el sufrimiento en la voz de las intérpretes se palpaba en el ambiente y la indignación que yo misma rezumaba por los poros casi se podía respirar. Ahora, una semana más tarde, lo veo en la distancia con tranquilidad, pero en aquel momento me subía por las paredes. Ya es cruel colocar a intérpretes de verdad para hacer ese trabajo, cuanto más a pobres chicas que han pasado dos meses en Francia y ya por eso los empresarios que no tienen ni idea de nuestro trabajo, pero que de caradura no les falta un cm, las hacen llamar “intérpretes” y las encierran en la cabina como si aquello fuera un recital de papagayos.

La semana que viene pasaré por el despacho del organizador (ahora que tengo su contacto) y lo pondré de guapo para arriba.

Dejando a un lado lo lingüístico, decidí que un evento así no podía dejarlo escapar, ya que aunque no sea profesionalmente, para mi formación ofrecía grandes posibilidades y pude comprobar varias cosas. La 1ª que, efectivamente, mis profesores del máster tenían razón y las técnicas de interpretación, como todo en la vida, si no se practican se pierden. No voy a entrar en detalles sobre mis tomas de notas, dejémoslo en “necesita mejorar”. La 2ª, que fue la confirmación de una sospecha era que, efectivamente, las personas brasileñas con una buena base formativa tiene una capacidad de reflexión y argumentación dignas de premio Nobel, pero las “masas” (entre las que incluyo a estudiantes universitarios y de ciclos superiores de universidades normales) aún están lejos de librarse de la manipulación que suponen los medios de comunicación. Y es que, en un país con un proceso de deforestación tan profundo y agresivo como este, donde una mente cabal no encontraría cabida para teorías negacionistas, la opinión de algunos seres autodenominados “científicos” (de esos de pandereta y castañuela) de que el cambio climático no es tal y el desgaste de recursos aún es menos se ha abierto hueco en algunos programas de debate y opinión, intoxicando las mentes hasta dejar sin credibilidad los propios hechos mostrados en los telediarios. Y es que, por increíble que parezca, la Rio +20 era, como ya sospechaba, una cortina de humo para acallar las voces que reclamaban que nuestros líderes no mueven un dedo en nada (y de paso blanquear un poquito de dinero, que los millones y millones que se han gastado en montar el tinglao aparecerán en breve en forma de yate o vacaciones de lujo de nuestros queridos representantes).

Visión crítica era lo que faltaba en estos parajes y esta cayó pesadamente como un jarro de agua fría en los acalorados cogotes de los lugareños. Yo, la mar de interesada, escuchando a los pequeños productores de asentamientos remotos exponer como Monsanto los expulsa de sus tierras y les impone un modelo de producción a escala totalmente improductivo o asistiendo a los talleres de construcción civil en bambú (a falta de dinero para comprar una casa de verdad por lo menos sé que si quiero no tendré que dormir nunca más a la intemperie).

Todo ello para resumir un evento a la par curioso y revolucionario. Curioso porque la intención es original en todos los sentidos, revolucionario porque el mensaje, desgraciadamente, no llega a todos los que debería. Mi padre decía algo así como “las perlas no son para los burros” (mi memoria no está por la labor), tal vez haya que seguir insistiendo poco a poco para que los burros poco a poco abran sus mentes y los señores de ahí arriba, los de traje y corbata abran sus corazones. Y yo mientras tanto a seguir alzando la bandera de la defensa del trabajo de intérprete allá donde vaya, que por lo que veo me queda trabajo para rato.