De cabinas y glosarios

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¿Quién toma el relevo?

En la formación para intérpretes siempre se hace hincapié en la necesidad de transmitir el mensaje del orador en la lengua de llegada y no sus palabras. De hecho, precisamente por eso nuestra profesión se llama interpretación y no “traducción oral palabra por palabra”, porque se presupone que, una vez que el intérprete capta el mensaje original, lo asimila y lo adapta a su público, teniendo en cuenta las condiciones en las que el orador transmite el mensaje, véase velocidad , frases inacabadas, redundancias…

Durante la formación también se trataba mucho sobre el tema del relais, esto es, la interpretación que se realiza a partir de la interpretación de un compañero y, aunque todos en este mundillo conocemos este concepto, es cierto que las circunstancias del mercado actual no suelen fomentar este tipo de prácticas (principalmente porque las reuniones son cada vez más reducidas y se suele utilizar una única lengua extranjera, o como máximo dos). No voy a referirme a la interpretación para instituciones europeas, donde sí que utilizan mucho esta práctica para interpretar desde/hacia lenguas minoritarias, sino a la situación del mercado privado en España, que es donde tengo más experiencia.

Es muy fácil caer en la trampa que nos tienden las palabras del orador, que a menudo nos obsesionan hasta el punto de querer decirlo todo exactamente igual, pero no hay que perder de vista que, en caso de ser la cabina principal (esa de la que los compañeros toman el “relevo” para poder realizar su interpretación) nuestro público cambia, por lo que debe también cambiar nuestro mensaje y la forma que tenemos de expresarlo.

Hace poco estuve interpretando en un gran evento en el que tuvimos que trabajar en relais y pude darme cuenta de lo fácil que es caer en el olvido y dejar de lado las técnicas aprendidas en lo que a rendición del mensaje se refiere y olvidarse del público que nos está escuchando. Se trataba de una conferencia multilingüe a la que asistían participantes de, al menos, 5 países de Europa más algunos de Estados Unidos, por lo que toda la inversa tenía que hacerse a partir de la interpretación al español del discurso original. Como en la mayoría de los casos, el resultado fue bueno, ya que los compañeros eran muy profesionales y al final siempre saben sacar las castañas del fuego, pero no pude dejar de advertir la situación de agotamiento en la que nos encontrábamos todos y esto se debe a varios factores:

No son solo palabras: cuando el orador hablaba no dejaba escapar solo palabras, sino que transmitía un mensaje. El mensaje puede transmitirse de infinitas maneras posibles, siempre que se haga bien y que el público receptor lo entienda, pero cuando tienes “a tu cargo” a compañeros que trabajan en relais las palabras no bastan, el mensaje debe ser preciso y claro. Podría haberse dicho mejor, sí, pero ya está dicho, y volver a retomar una y otra vez la frase anterior para intentar mejorarla y embellecerla solo causa confusión en los compañeros.

Hay limitaciones temporales: igual que la subtitulación no es doblaje, porque tiene una limitación espacial, la interpretación no es traducción porque tiene una limitación temporal. Y enlazando con el punto anterior no se puede estar retomando la misma idea una y otra vez hasta decirla perfectamente ni expresar todos los detalles con las mismas palabras que el orador: HAY QUE SER CONCISOS. “Fui a mi médico a que me recetara pastillas” envía el mismo mensaje que “fui al médico de cabecera a que me recetara pastillas”, pero en menos tiempo; “son las dos y diez y nos vamos a comer” es igual que “son las dos y diez de la tarde y nos vamos a comer”, aunque hay una gran diferencia entre la primera y la segunda: el compañero que interpreta este mensaje en relais seguro que lo hará mejor si le enviamos el primero , porque no acabará su intervención 15 minutos después que el orador, cuando ya todos los asistentes se han quitado los auriculares.

No hay que aclarar: si el mensaje ha quedado claro (y debería haber quedado claro porque esa es nuestra misión) no se deberían hacer aclaraciones. “A quarter” es “un cuarto”, no “un cuarto, osea, el 25 %”. Creo que imagináis por qué, así que no voy a repetirme.

Y por supuesto la más importante, nunca, nunca, nunca, aunque el ponente se esté haciendo un lío, se puede dejar una frase sin acabar. Puede que los que escuchen el original lo entiendan, porque tienen un mensaje no verbal que acompaña a las palabras, pero el receptor de la interpretación, sobre todo el que escucha el relais, para cuando recibe el mensaje no tiene referencias no verbales de lo que se acaba de decir, ya que los gestos, al igual que las palabras, tienen su momento y una vez pasado dejan de tener sentido. Por lo que, o se termina la frase, o aquí no se entera nadie.

Creo que son ideas muy sencillas y no estoy inventando nada nuevo, simplemente creo que no está demás hacer un breve recordatorio de algunos puntos que se deben tener en cuenta cuando se trabaja con compañeros en “relais”, ya que nuestra misión es facilitar la comunicación, y muchas veces con el ánimo de facilitar complicamos a los compañeros sin darnos cuenta y lo que se gana por un lado se pierde por otro. Solo trabajando bien en equipo se pueden conseguir los mejores resultados.

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Interpretaciones vampíricas

Hay eventos que por sus características o por el público al que van dirigidos (entregas de premios, festivales de cine, galas benéficas…) se celebran de noche y lo habitual, en estos casos, es que el intérprete esté prevenido y, sabiéndolo con antelación, pueda prepararse adecuadamente para la ocasión, organizando su jornada con tiempo.

El problema, sin embargo, reside en aquellos eventos que, aun planificados con bastante antelación para celebrarse de día, sufren algún contratiempo que les obligue a retrasarse (que el ponente se ponga enfermo, que haya un apagón y que los equipos de sonido fallen o, como en el caso de una servidora, que el avión del representante se retrase) posponiendo el evento “para después de cenar” .

Imprevistos, como ya he comentado en algunas ocasiones, puede haber muchos, pero lo principal en estos casos es tomárselo con filosofía y no caer en uno de los principales peligros de nuestra profesión: no estar suficientemente descansados; y de esto puedo hablar por experiencia propia. Es muy fácil caer en la tentación de querer aprovechar las horas que de repente se nos han regalado para hacer algo “productivo” y ponernos a repasar una y otra vez los glosarios para cerciorarnos de que vamos bien preparados, ponernos a responder emails atrasados como locos o quitar algunas de las tareas menos importantes de la lista de cosas por hacer. Y esto, para el intérprete que haya comenzado su jornada laboral por la mañana temprano puede ser especialmente contraproducente.

No somos vampiros (aunque a algunos ya les gustaría) y a menos que podamos conseguir que redbull devuelva coherencia a nuestras neuronas como devuelve energía al cuerpo más nos valdría descansar si queremos continuar frescos más allá de la puesta de sol.

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Dormir una siesta corta, hacer un poco de meditación, cocinar o, incluso, salir a dar un paseo para airearnos un poco son algunas tareas que no ocupan mucho tiempo y que pueden ayudarnos a desconectar momentáneamente sin hacernos perder de vista la difícil tarea que tenemos por delante.

Además, es muy probable que en estos casos las personas a las que vayamos a interpretar estén también casadas, razón de más para que nuestro cansancio no sea una excusa para no crear una comunicación natural y fluida. Aquí, más que en otros casos, se exigirá de nosotros un esfuerzo adicional para proporcionar la información de forma más clara y precisa, ya que el sueño nubla el entendimiento.

Para realizar un buen trabajo, el intérprete debe prestar atención tanto a su cuerpo como a su mente, porque no hay cabeza fresca en cuerpo agotado ni cuerpo que aguante una mente desbordada. No cuesta nada dedicarnos unos minutos al día para cuidarnos y descansar si con ello conseguimos una comunicación óptima y estoy segura de que los clientes lo notarán.

Hay vida más allá de los exámenes

Ayer, mirando las estadísticas del blog, descubrí con absoluta perplejidad qué es lo que ha llevado a la mayoría de los lectores que han llegado por casualidad a él a entrar y leer lo que escribo y aún después de una noche entera de sueño y un largo desayuno cargado de reflexiones no consigo salir de mi asombro. Esperaba a futuros intérpretes llenos de dudas, profesionales aburridos que quisieran entretenerse con anécdotas de principiantes y me entristeció mucho ver cómo los términos más tecleados en Google por los que los alumnos han llegado a mi blog han sido “cómo controlar los nervios antes de un examen” en sus múltiples facetas.

No quisiera parecer frívola ante la situación de los millones de estudiantes de lengua española que se examinan cada año en sus respectivos países, pero antes de que se me empiecen a arrojar cuchillos sin leer al menos mi humilde opinión me gustaría expresar abiertamente (para eso escribo el blog) porqué esa búsqueda en concreto me parece una soberana estupidez.

El concepto mismo de “examen” es el de una prueba que nos debe mostrar si estamos aptos o no para realizar una determinada tarea con fines a conseguir un objetivo (ya sea profesional o intelectual). No aprobar un examen significa SIMPLEMENTE que la persona que quiere llevar a cabo dicha tarea no está preparada para hacerlo. Y desde mi punto de vista, cada vez que un alumno suspende un examen la humanidad puede dormir tranquila. Pensad por un segundo en el examen de conducir o en un examen de medicina. ¿A quién se favorece dándole en carnet de conducir a una persona que pasado mañana se olvidará de dónde está el pedal de freno? Vivimos en un mundo en el que se nos mete en la cabeza que el examen es un fin en sí mismo, no un medio para conseguir lo que está al otro lado. El que fracasa en un examen ha fracasado en su objetivo, porque su objetivo era aprobar el examen, ¿os dais cuenta del absurdo? Sentir temor, incluso miedo, ante la incertidumbre es algo intrínseco de la especie humana, pero los ataques de pánico que he visto a mi alrededor en los últimos años bien se merecen un buen guantazo.

“Qué fácil parece todo, dicho así, ni que tu nunca hubieras hecho un examen”, pensarán algunos. Pues sí, he sido (y soy, de hecho, debido a mi profesión) alumna; y además he tenido la suerte de ser profesora. Y creedme, no hay vuelta de hoja.

Algunos se justificarán diciendo que cada alumno tiene sus propias circunstancias personales, además de las académicas, que le influyen y agravan su estado de nervios antes de un examen. ¿Cómo puedes saber tú, María, sentada tras la pantalla de tu ordenador, la situación económica de mis padres, que se esfuerzan en pagarme la carrera y necesitan que apruebe porque ese esfuerzo ya ha empezado a asfixiarnos? ¿o que estoy a punto de enfrentarme a la prueba que me abrirá las puertas del sueño de mi vida? Que sí, que sí, que tenéis razón, que cada uno tiene su vida y cada vida es diferente. Sinceramente, ¿no valía la pena que el día aquel que en vez de sentarte a estudiar te fuiste con tus amigos de fiesta no te lo hubieras pensado dos veces? ¿Es mejor, entonces, que estés ahora sufriendo un ataque de nervios por una decisión que no fue la correcta? Porque admítelo, si estás nervioso es porque sientes que no estás del todo preparado para aprobar y, si no estás preparado para aprobar es porque en tu fuero interno sabes que podrías haber hecho más y no lo hiciste; entonces ¿de qué nos lamentamos?. Nuestra vida son decisiones y los éxitos o fracasos que ocurran en ella son las consecuencias de tales decisiones.

Cuando salimos al mercado laboral o, ni siquiera hace falta irse tan lejos, cuando llegamos a la universidad, por ejemplo, nos encontramos con una sociedad cada vez más preparada y elitista. En este mundo hay cada vez menos sitio para los mediocres, por no mencionar siquiera a aquellos que han hecho tal o cual cosa sin mucho interés, por el simple hecho de que tal camino ofrece buenas perspectivas económicas o es que a mis padres les gustaba que estudiara esto. Entonces, ante el terror que infunde la perspectiva de un suspenso ¿no es mejor pensar en el riesgo de no estar preparado?. Pensad de nuevo en el examen de conducir, por favor. Es así de simple, no importa si hemos aprobado o no, lo que importa es que si no damos la talla una vez aprobados estamos jodidos mal vamos. Y creedme, fuera del ámbito de los estudios las segundas oportunidades son más bien escasas. Los coches van a seguir existiendo, por lo que, en caso de suspender, siempre habrá una segunda oportunidad. Somos humanos, nos equivocamos y tomamos decisiones que no siempre son las correctas, pero ¿sabéis qué es lo bueno de esto?. Que nada es definitivo y que siempre podemos volverlo a intentar. Los hay, por supuesto, que deben los nervios a su situación económica (“no me puedo permitir suspender este examen”), pero, en la gran mayoría de los casos, el miedo que nos provoca el suspenso es, simplemente, el daño que vamos a infligir a nuestro ego. Porque vamos a ser sinceros, tenemos una edad en la que papá ya no nos va a castigar sin salir por haber suspendido ni mamá va a pegarnos con la zapatilla por las malas notas. Lo único que puede pasar es que “perdamos la oportunidad”. Perdamos la oportunidad de entrar en esa carrera, de realizar tal o cual trabajo o de aprobar esta o aquella asignatura. Pero me reitero, ¿qué oportunidad pierde aquel que no está preparado?, ¿qué oportunidad pierde, por ejemplo, el aspirante a intérprete que no aprueba el examen de fin de máster? ¿La de trabajar en la Comisión? ¿La de salir del máster a hombros y por la puerta grande? La única oportunidad que pierde el que no ha aprobado es la de quedar en ridículo ante colegas y clientes y la de dar un batacazo tras el que difícilmente podrá levantarse; ¿no es mejor pensar que si no se está preparado ahora ya se estará en la siguiente convocatoria?

A todos aquellos que no se sienten preparados, que están bajos de ánimos o que están tensos pensando en cómo hacer para aprobar el examen os digo: estudiar cuanto y como podáis, llegad al examen seguros y confiados por lo que habéis asimilado y lo que no que no os de miedo, porque por mucho miedo que sintáis ya no lo vais a asimilar; hacedlo lo mejor que podáis y, si por casualidad no aprobáis, tranquilos, no es el fin del mundo. Nadie os juzgará por haberlo intentado, no se os cubrirá de laureles por aprobar ni se os señalará con el dedo si suspendéis. La vida en sí misma es un proceso de aprendizaje en el que no se aprende todo a la primera.

BUENA SUERTE

(Dedicado especialmente a mis hermanos, MªLuisa y José María, que en estos días estarán realizando sus exámenes de selectividad)

Interpretar en tiempos revueltos

Desde que tengo uso de razón no recuerdo haber vivido un solo año sin tener que sufrir el fin de semana del caos ciudadano debido a algún evento político-diplomático en mi ciudad.

Esto, para quien viva en una gran ciudad como Madrid o Barcelona puede ser el pan de cada día, pero para los que hemos crecido en una ciudad de tamaño medio como Sevilla, con una SE-30 propensa a la saturación por el simple hecho de que caigan cuatro gotas más de lo previsto, no es algo que deba tomarse a la ligera. Aún recuerdo aquellos años en los que mi madre me prohibía salir a la calle con mis amigas cuando se acercaba el mencionado fin de semana por miedo a que me metiese en líos.

Sea como fuere, llamémoslo coincidencia o mala leche por parte de la organización, no he conocido en mi vida un solo mes de junio en el que no haya habido tal fin de semana. Sí, ese en el que te blindan las calles y los policías te miran con peor cara que de costumbre debido a la celebración de la cumbre del G-20 de turno, reunión de ministros europeos de X o Y, Cumbre Europea, visita del rey de nosedónde, etc. con sus correspondientes contra-cumbres/manifestaciones. Y no es que no lo entienda, a ver, no seré yo quien diga que Sevilla no es bonita en primavera, pero de lo que nadie parece acordarse en el momento de establecer las fechas es de las temperaturas que suelen rondarnos a estas alturas del año por aquí en el Sur.

Y claro, como no podía ser de otra forma, Murphy decidió poner a prueba la pericia de nuestra joven interpréte que aquí escribe, asignándole una interpretación durante el mencionado fin de semana.

Los datos de que disponemos hasta ahora son: por un lado, está teniendo lugar la clausura del foro “Caminos de Paz: otras voces de Israel y Palestina” que cuenta con la presencia de jóvenes políticos de Israel y Palestina, así como de algunos ministros y ex-ministros y otros cargos políticos  nacionales, la visita oficial del Príncipe heredero de Japón, Naruhito, que comenzará en algunas horas, una manifestación contra los recortes convocada por los sindicatos en la puerta del Ayuntamiento, 35ºC a las 10 a.m., los semáforos, como de costumbre, mal sincronizados y unos 7 furgones policiales más 3 helicópteros en el rango de visión. Por otro lado, la interpretación comenzará a las 11 a.m. a 10km de la capital, exactamente en dirección y junto a la carretera que lleva a la playa (no hay que olvidar que es viernes y hace calor) y hay previstos (si todo va bien, aunque siempre puede haber sorpresas) 2 controles de la Guardia Civil por el camino. Todo ello cuando nuestra protagonista se dispone a subir al coche. ¿Será nuestra joven intérprete capaz de superar la prueba?

más o menos así estaba el tráfico

Más o menos así estaba el tráfico.

A los que ya tienen sus años de experiencia en la profesión está situación les sonará más que familiar, pero nunca está de más recordar, sobre todo a los más noveles, que lo principal en estos casos es mantener la calma y tener paciencia (incluso al parar en ese semáforo en rojo a pleno sol y sentir cómo se te derrite el maquillaje). El intérprete debe estar preparado para cualquier imprevisto y siempre que pueda, salir con bastante tiempo (basta que un día vayamos más justos para que lo menos probable de todas las improbabilidades pueda ocurrir).

Esta anécdota, contada en tono cómico sirve simplemente como recordatorio de que cualquier previsión es poca, ya que nunca sabemos qué circunstancias externas pueden afectarnos cuando vamos a trabajar. Hubiera podido ser peor, por supuesto, imaginad qué hubiera pasado si me paran en un control o cortan parte de la autopista como “medida de seguridad”.

En este caso fue todo bien y llegué a tiempo (aunque no con la compostura que hubiera deseado) a un evento que me enriqueció muchísimo tanto en lo personal como en lo profesional y del que escribiré con más detalles en próximas entradas. Espero, al menos, haber conseguido arrancar una sonrisa de aquellos que se hayan visto reflejados. A fin de cuentas lo peor todavía está por llegar: la vuelta.

6 cosas que no debes hacer si quieres ser intérprete de conferencias

Hace ya un tiempo que recibo consultas por parte de profesionales y estudiantes a los que les gustaría adentrarse en el mundo de la interpretación de conferencias y no saben muy bien por dónde empezar. Para mí no resulta ningún problema compartir mis experiencias y aconsejar, en la medida de lo posible, basándome en lo que he vivido. Sin embargo, yo también soy humana y como humana me equivoco. Hace unos días me descubrí en casa cayendo en una práctica muy poco profesional que, de haberme ocurrido en público o durante el tiempo que cursé el máster me hubiera acarreado una buena bronca por parte de algún profesor.

Y es que a menudo nos centramos en lo que debemos hacer para ser buenos intérpretes y dejamos de lado la cuestión, no menos importante, de lo que no debemos hacer. Por eso considero que no está demás hacer un breve repasito de las conductas negativas que pueden perjudicar nuestra labor como intérpretes de conferencias.

  1. Trasnochar: amigos de la noche, tanto si bebéis como si no, aparecer en cabina por la mañana con “cara de ayer” y olor de taberna no va a ayudaros nada profesionalmente y dañará sobremanera vuestra imagen profesional. El cuerpo puede aguantar, pero las neuronas necesitan descansar. Aún no he conocido a nadie que haya sido capaz de interpretar un discurso de forma medianamente coherente después de una noche en blanco (esto se aplica también a los estudiantes que se quedan repasando discursos hasta altas horas el día previo al examen). Y por si existen excepciones a la regla no voy a ser yo quien experimente.
  2. Usar perfumes antes de entrar en cabina: no me malinterpretéis, estoy totalmente a favor de mantener unas reglas básicas de higiene corporal (que incluyan, por supuesto, mantener el cuerpo limpio y perfumado), pero quien sabe lo que es estar en una cabina durante más de una hora, con un colega al lado, liberando ambos la adrenalina y el sudor propios del estrés de la profesión, entenderá perfectamente que bloquear las fosas nasales con un intenso “Chanel nº 5”, por muy agradable que su olor en otros espacios pueda ser, va a traer más de un dolor de cabeza (en sentido literal). Y vamos a ser sinceros, que el intérprete salga desmayado de cabina no da muy buena impresión que digamos.
  3. Usar palabras malsonantes: -Pero, ¿si estoy en casa viendo el fútbol y el árbitro se porta como un hijo de … y no pita una falta?. Pues llámalo malnacido, desgraciado, hijo de mala persona o cuantas otras formas originales de no dañar los oídos ajenos se te vengan a la mente. En una situación de estrés, como las que suelen vivirse interpretando, muy a menudo nuestra mente nos traiciona y nos da alguna respuesta automática. Es normal, nuestro cuerpo funciona por estímulos. Y lo que no se corrige fuera, es muy difícil de corregir dentro de la cabina. A eso hay que añadir que en la gran mayoría de los casos estaremos interpretando a personas con un nivel educativo y social elevado (que sí, también pueden perder los papeles, pero nunca acabarán tirándose de los pelos como marujas de barrio). El español es una lengua muy rica y el intérprete, por naturaleza, un profesional muy imaginativo. Siempre podemos mandar a freír espárragos o a hacer puñetas, pero por favor, si eres de los de blasfemar en público, empieza a trabajar en las modificaciones en tu vocabulario desde ya.
  4. El cafelito antes de interpretar: Los amantes del café se llevarán las manos a la cabeza y dirán que tampoco hay que ser exagerados, que un café tampoco hace daño a nadie. A ver, como he dicho antes, yo también me equivoco. Pero tened en cuenta lo siguiente, imaginemos la situación descrita anteriormente con el perfume: el intérprete de conferencias X llega con tiempo al lugar de la interpretación y como se siente un poquito cansado decide tomarse un café para estar a tope durante la interpretación. Se encuentra en el punto álgido de la liberación de adrenalina y sudor mencionada anteriormente con el añadido de que, el café, por si todavía hay alguien que no lo sepa, tiene efectos laxantes. Pensadlo por un momento: vuestro compañero de cabina os lo agradecerá.
  5. Fumar: ¿Y lo bonito que queda interpretar al “Presi” o al Rey con voz de camionero?. Por no mencionar lo útil que es apretar el botón de mute cada 5 segundos para poder toser o esa agradable sensación de ir quedándonos sin aire poco a poco mientras interpretamos a ese parlamentario vehemente que critica sin parar la gestión de su adversario hasta hincharse como un globo a punto de explotar. Creo que a este punto le sobran las explicaciones. Fumadores, si queréis ser intérpretes de conferencias, ya tenéis la excusa perfecta para acabar con el vicio. Vuestra salud y vuestro bolsillo os lo agradecerán.
  6. La cervecilla entre horas/cervecilla durante las comidas: ¿También la cerveza?. Hombre, a menos que tengas la jornada laboral perfecta, de 9 a 3, y puedas irte a casa a descansar todas las tardes, ya me dirás. Si con el café nos ponemos como nos ponemos, tenemos en cuenta que el almuerzo nos dejará con sueño para la interpretación de la tarde y encima le añadimos, para favorecer la digestión, “una cruhcampo bien frehkita que ehtamos a 38 grados a la sombra”, vamos a tener que hacer turnos con el compañero de cabina para ir durmiendo la siesta por etapas. O eso o mantener el tipo hasta el final y salir a celebrar el fin de la jornada con una o varias (ojo, sin trasnochar que las neuronas se resienten).

Estos consejos pueden parecer, a simple vista, obvios, pero no es extraño que se nos pasen por alto en alguna que otra ocasión. Sé que me dejo mucho en el tintero y espero que con vuestras aportaciones pueda acabar realizando el decálogo del buen intérprete de conferencias. Pero, por el momento, creo que estos puntos dan para reflexionar un poco.

Desvío de llamadas

Esta entrada no tiene mucho que ver con la traducción, pero como está basada en hechos reales me pareció interesante compartirla.

Hace un par de días mi madre me llamó porque una chica de una empresa de Londres estaba intentando contactar conmigo para una traducción urgente y mi móvil no estaba localizable. A ella no se le ocurrió decir que ya no vivía en aquella casa, por lo que los intentos por llamarme al teléfono fijo son vanos, como tampoco se le ocurrió darle mi usuario de skype o mi teléfono alternativo.La chica no me escribió y no he tenido noticias de ella (hecho que me da especial rabia porque quien me conoce sabe que paso más tiempo del aconsejable por los médicos frente al ordenador).

Por ello, basándome en la experiencia de una profesora y compañera intérprete decidí activar el desvío de llamadas de skype. Es un mecanismo muy simple y lo único que necesitáis es tener crédito en vuestra cuenta, ya que la llamada os la cobrarán a vosotros y no a quien os llame. De esta forma, si alguien con quien os comunicáis habitualmente por skype necesita urgentemente localizaros y no estáis online, solo con pulsar el icono de vuestro usuario os llamará al teléfono que hayáis predeterminado, sin ningún tipo de coste para él/ella.

Para activarlo tenéis que ir a tools>options>calls>call forwarding y activar la casilla que dice “forward my calls to:” seguido de vuestro número de teléfono.

Yo espero que me funcione y no tener que perder un buen encargo en un día que tengo libre solo porque mi móvil esté de huelga. Espero que a vosotros también, ya me contaréis.

Cinco cosas que debes saber si estás pensando cursar un máster de interpretación

Cuando terminé la carrera quería ponerme a trabajar YA, especialmente después de la cantidad de adrenalina generada durante mi periodo de prácticas, por lo que decidí que la prioridad absoluta en aquel momento era cursar un máster (debido especialmente a la sensación de no estar preparada para hacer nada cuando me dieron el título).

Como lo que más me gustaba de los estudios de TEI era la interpretación y tenía muy claro que quería dedicarme a ello profesionalmente me puse a buscar de manera frenética hasta que encontre el Máster en Traducción, Interpretación y Estudios Interculturales de la UAB, un máster que proporcionaba la formación que yo deseaba y que, al ser oficial, tenía un precio asequible con derecho a beca (gracias MEC). Pedí consejo a la coodinadora del departamento de interpretación de mi facultad (que también era mi profesora), quien conocía personalmente a la mayoría de los docentes del máster y que, por supuesto, puso el grito en el cielo. Me habló de la falta de preparación lingüística que se proporciona durante la carrera, de la falta de destrezas, del desconocimiento de las técnicas y lo más importante, de la falta de madurez mental.

A mi me daba igual, yo realmente solo quería probar suerte y como soy más terca que una mula y cuando se me mete una idea en la cabeza no hay quien me la quite decidí enviar la preinscripción para realizar la prueba de acceso “por si sonaba la flauta”. La verdad es que la flauta sonó (poco me faltó para ponerme a llorar delante de los profesores que estaban evaluando  mi traducción a vista durante la prueba de acceso) y allí que me presenté, matrícula en mano para cursar el máster.

No voy a decir ahora, tiempo después de haberlo terminado, que me arrepiento de haberlo hecho o que no me siento orgullosa (que el trabajazo que me supuso el estudiar para conseguir el título todavía está pasándole factura a mis neuronas), ni mucho menos. Sin embargo, ahora que veo las cosas desde la distancia creo que habría tomado otra decisión y quizás, siguiendo los consejos de mi profesora, hubiera “perdido” dos o tres años de mi vida mejorando mis competencias lingüísticas y mi capacidad de adaptación a diferentes situaciones antes de enfrentarme a tan temido enemigo.

Por eso, si estás pensando cursar un máster de interpretación, hay varios puntos sobre los que deberías hacer examen de conciencia:

1. Tus conocimientos sobre el mundo “exterior” (incluidas las diferentes culturas): La gran mayoría de los estudiantes de TEI hemos salido de nuestras facultades para embarcarnos en la maravillosa aventura de la Erasmus y ya hemos tenido contacto con otros países y otras culturas. Pero seamos sinceros, la percepción del mundo que tenemos durante la beca Erasmus es bastante sesgada, vivimos día a día como si fuera el último y los conocimientos reales que traemos de vuelta sobre la cultura, vida y sociedad de un país son bastante limitados. Además de eso, un intérprete debe saber siempre todo sobre todo (un poco difícil, pero es lo que se espera de nosotros). El interés por el mundo exterior, incluidos los temas más tediosos como la caída del Ibex 35 o los resultados del referéndum para la privatización del agua en tal o cual país deben ser nuestro pan de cada día. Antes de dar ningún paso plantéate cuál es tu grado de conocimiento de las culturas de las que vas a interpretar y cuál es tu grado de interés por saber todo cuanto acontece bajo el sol.

2. El grado de compromiso y responsabilidad: No voy a decir que durante un máster de interpretación no se pueda salir un jueves por la noche “como en los viejos tiempos”, pero en mi opinión, no es recomendable. Los niveles de concentración y de responsabilidad que se requieren tanto en una toma de notas como en una cabina son muy elevados y la falta de sueño, ingesta de alcohol, alimentación insuficiente o poco equilibrada, etc. afectan mucho más que en otros cursos. En palabras de una profesora: “Este máster es vuestro año de oposiciones”. Yo tardé un poco en darme cuenta, hasta busqué un trabajo por las tardes para poder subsistir en Barcelona mientras me ingresaban la beca, lo que acabó convirtiéndose en un infierno mental los sábados y domingos. Para ponerme en serio tuve que renunciar a muchas cosas a las que tal vez, con un poco más de experiencia de vida no habría tenido que renunciar. ¿Cuál es tu grado de compromiso y responsabilidad?

3. El nivel de adaptación y la capacidad de gestión del estrés: Este para mi es, si no el punto principal, al menos al que más tiempo debemos dedicar una buena sesión de reflexión. Aquí es cuando todo el mundo dice: “Ah, pero yo gestiono muy bien el estrés, ya estoy acostumbrado a trabajar bajo presión”. Sinceramente, para mi, quien no ha trabajado nunca en una empresa con un jefe gritando porque hay que cerrar el mes en positivo, porque se han llenado 4 mesas en el bar y no hay quien las atienda, porque hay que vigilar la tienda porque los clientes roban, porque hay que reponer el “stock“, porque hay cuatro llamadas en espera y un cliente en tu mostrador queriendo poner una reclamación, etc. no está preparado para cursar un máster de interpretación (por mucho que sus notas en la facultad sean brillantes). La capacidad de adaptación es fundamental en el ejercicio de la profesión y superar el estrés es Conditio sine qua non. Evidentemente, la experiencia se adquiere con el tiempo y la mayoría de los intérpretes profesionales os dirán que, aún después de muchos años en el oficio, han tenido experiencias que casi les hacen llorar en medio de una interpretación (a mi me pasó poco después de aprobar). Antes de cursar un máster plantéate si tienes la capacidad mental suficiente que te permita adaptarte a cualquier situación (por inverosímil que sea) que pueda plantearse.

4.Dominio de las lenguas de trabajo: Un intérprete, al menos un buen intérprete, debe sentir pasión por sus lenguas de trabajo, ya que pasará mucho tiempo dedicado a su perfeccionamiento. Sin embargo, esta pasión no debe limitarse (como suele ocurrir con muchos estudiantes de TeI) a las lenguas de las que vamos a interpretar, sino también a la nuestra (más que a ninguna otra). Poemas, refranes, dichos populares, colocaciones… hay todo un mundo por descubrir dentro de nuestra lengua materna y a menudo este es nuestro punto débil y motivo de suspenso en la mayoría de los exámenes de interpretación (incluidos ONU y UE). Hay que leer de todo y especialmente traducciones (que ya sabemos que a los traductores nos va más la versión original) porque el aprendizaje de diferentes registros es muy importante. La interpretación es una profesión que se aprende durante toda la vida, por lo que mi consejo es que no tengas prisa. Si crees que te falla tu castellano (u otra lengua materna que tengas) y necesitas mejorar no dudes en tomarte tu tiempo, a fin de cuentas la lengua es nuestra herramienta de trabajo y hay que saber cómo usarla en cada momento.

5. Salidas profesionales: Lamentablemente hoy en día con inglés y francés (combinación mayoritaria entre los recién licenciados españoles) no se va a ninguna parte en interpretación y con inglés y alemán casi tampoco (depende un poco más de la suerte, aunque también es muy difícil). La tercera lengua, a ser posible exótica, se hace por tanto imprescindible (a menos que tengamos una lengua B). En el mercado español aún parece que no han aprendido que las interpretaciones inversas no suelen dar muy buenos resultados y cada vez más clientes piden intérpretes bi-activos. Yo no estoy muy a favor, pero como siempre, el cliente es el que manda y encontrar, a día de hoy, cabinas puras en el mercado privado es prácticamente imposible. Si ya es difícil adquirir la destreza suficiente para interpretar hacia nuestra lengua materna imagináos tan solo como sería interpretar hacia otra lengua que no dominamos del todo. Por eso, si por casualidad se te pasa por la cabeza cursar un máster de interpretación con una combinación lingüística hacia otra lengua que no sea la materna, deberías empezar desde ya a mirar lugares donde hacer estancias o pedir becas para salir al extranjero. Aun con eso será muy difícil activar la lengua no materna y tendrás que buscar asesoramiento para poder incorporar todos los registros a tu bagaje.

Si después de reflexionar te sientes preparado para lanzarte a la aventura, debes saber que el camino no será nada fácil, mira bien los programas de cada universidad, de cuántos créditos está compuesto el máster y quiénes son los titulares de cada materia (por si puedes entrar en contacto con ellos directamente y pedirles consejo) hay muchos profesores de másteres de interpretación que ya están en las redes y más que dispuestos a resolver dudas de futuros alumnos. La del intérprete es una profesión muy gratificante, pero su aprendizaje no está libre de obstáculos. Por ello, si tienes alguna duda que pueda ayudarte a resolver, estaré aquí para echar una mano 😉

Cómo controlar los nervios antes de un examen (válido para traductores y no traductores)

Esta es probablemente la entrada de blog menos creíble que vayáis a leer en vuestras vidas, puesto que se suponía que trataría de dar algunos consejillos para controlar los nervios antes de una gran prueba/examen y soy yo la primera que está histérica; pero como dicen por ahí: “Haced lo que digo y no lo que hago” y creo que algunos consejillos bienintencionados nos vendrán bien a todos.

Algunos seréis estudiantes y no tendréis que enfrentaros a vuestros próximos exámenes hasta dentro de algunos meses, otros, como yo, os enfrentaréis en los próximos días a la primera de las duras pruebas de la UE para traductores (no tan duras para quien ya lleve algunos meses estudiando, como evidentemente no es mi caso). Pero seas del grupo que seas una ayudita para calmar los nervios no te vendrá mal. Además, nada de lo que escriba es algo que no se haya dicho ya.

En los días previos a la prueba intenta beber mucha agua y controlar tu respiración cada cierto tiempo. Lo de la respiración parece una tontería, pero a menudo, cuando estamos sometidos a una gran presión, tendemos a retener más el aire en los pulmones, impidiendo con ello que el oxígeno llegue al cerebro y rindamos al 100%. Intenta parar como mínimo cada hora o dos horas para hacer 5 minutos de respiración profunda (preferiblemente abdominal).

Para los café-adictos es más que recomendable dejar el café aunque solo sea durante la semana previa. Algunos argumentarán que el café les mantiene despiertos y que no pueden dejarlo, pero debéis tener en cuenta que con los nervios se segrega mucha cantidad de adrenalina que nos mantiene en tensión. Si a ello se le añade el componente cafeína en grandes cantidades estaremos creando una bomba.

Para los que necesiten más siempre se puede recurrir a las infusiones. Yo que soy especialmente nerviosa, aún en épocas en las que debería estar relajada, ya he arrasado con las cajas de tila que he encontrado por el supermercado. La tila y la valeriana son eficaces y hasta ahora no conozco a nadie que haya muerto de sobredosis, por lo que puedes beber tanta como quieras. Lo recomendable son tres tazas por día y siempre antes de las comidas (si tienes problemas de insomnio la de antes de dormir es prácticamente obligatoria).

Si estás pensando en tomar tranquilizantes químicos, de entrada te digo que no. NO, NEIN, NON, NIET. Por tu propio bien. Ya me ha llegado la tercera noticia de estudiante destacable que arruina su examen de interpretación por haber tomado valium o similiar antes de la prueba y solo consiguió balbucir algunas frases. Hay muchos medicamentos (incluyendo los betabloqueantes) y los venden bajo múltiples formas y con diferentes propiedades y todos ayudan a calmar los nervios “sin mermar nuestra capacidad de reacción”, pero esto, por desgracia, no es verdad y casi con seguridad nos pasará factura.

Haz terapia familiar: charlar con amigos/familia, risoterapia… Toda interacción social ayuda en cierta medida a relajarse y reírse ayuda sobremanera a liberar tensión. Intenta rodearte de gente con la que te sientas cómoda y explícales cómo te sientes, para evitar que se saquen temas de conversación que puedan estresarte aún más.

Por último intenta no acostarte demasiado tarde, la mente necesita descansar para estar fresca al día siguiente para continuar estudiando/repasando y esto es especialmente importante la noche antes del examen.

A los que estéis en mi situación os deseo mucha suerte y muchísimo ánimo. Yo estaré en la sede de Madrid, el próximo viernes, en el turno de las 10 de la mañana. Si alguien quiere acercarse y saludarme o cualquier otra cosa que se le ocurra podrá encontrarme por allí.

 

El trabajo sin horarios o cómo sobrevivir al trabajo desde casa

Hace ya algún tiempo que llevo pasando excesivas horas delante del ordenador. Al principio pensaba que era normal, pues ante la escasez actual de encargos hay que insistir un poco más y ampliar los horizontes de búsqueda. Sin embargo, después de una semana empecé a notar que algo no iba bien dentro de mí: me despertaba de madrugada, estaba cambiando constantemente mis horarios de comida y mis hábitos alimenticios, me dolía la cabeza casi diariamente, tenía energía a horas en las que debería estar durmiendo y me dormía a horas en las que debería estar dándolo todo, perdía concentración y otras tantas alteraciones más.

Fue entonces cuando me paré a pensar y escuché dentro de mi cabeza la voz de una atigua profesora: “horarios y rutina: para sobrevivir a esta profesión tienes que establecerte un buen plan de trabajo y establecerte unos límites, si no se te suben a la chepa”. Aunque siempre creí que es un buen consejo, yo también cometí el error (como muchos de los que trabajan desde casa) de pensar que ahora que la cosa está más floja debemos ante todo conseguir nuevos clientes “cueste lo que cueste”, aunque ello conlleve un peligro inminente de colapso neuronal. Muy a mi pesar tuve que reconocer que ella estaba en lo cierto.

El peor enemigo del trabajador in-house es que la búsqueda de trabajo puede convertirse en una obsesión y el primero que sufre la falta de descanso es nuestro cuerpo. Es cierto que en un mundo cada vez más globalizado hay que saber adaptarse a las circunstancias, máxime cuando se es traductor y la mayoría de nuestros clientes están fuera. Si un día tenemos que esperar a un cliente de EE.UU que nos envía un documento a las 10 PM no pasa nada por cenar más tarde, siempre que esa situación no se convierta en rutina, o que podamos adaptar nuestra rutina para trabajar a esa hora descansando otras.

La comida es lo más importante. Es imprescindible hacer una pausa de al menos 1 hora y media para comer y siempre que sea posible a la misma hora; nuestro cuerpo se resiente mucho con los desajustes y los cambios y realmente no sirve de mucho ponerse a enviar curriculums a diestro y siniestro mientras hacemos la digestión, porque nuestra concentración está por los suelos. Si tu cliente está en Australia y quieres contactar con el antes de que cierre tendrás que comer antes, (yo hace algunas semanas que dejé la tradición ibérica de almorzar a las 2 de la tarde para adoptar una mucho más internacional, alrededor del mediodía, y por ahora me da muy buenos resultados) todo sea por adaptarnos.

El sueño. Ya sé que dicen que es fundamental dormir 8 horas para estar descansado y yo como intérprete lo recomendaré siempre que pueda, pero no voy a engañar a nadie: ni yo misma lo hago. Lo que sí es importante mantener también una rutina de sueño; aunque no sean 8 horas, si se duermen 6 o 7 manteniendo en la medida de lo posible el mismo horario no habrá problema (incluso si tienes que levantarte a las 5 para hablar con China).

El descanso visual. Nos pasamos más de la mitad del día con la vista fija en la pantalla y si no descansamos la vista correctamente pueden llegar los dolores de cabeza y los pinchazos en los ojos. Muchas empresas recogen en sus convenios colectivos 5 minutos de pausa visual por cada hora para los empleados que tengan que trabajar con ordenador. No quisiera sugerir que cada 55 minutos os tengáis que levantar para cerrar los ojos, porque muchas veces estamos muy concentrados y si paramos se nos va la inspiración, pero sí es muy recomendable para de vez en cuando. SOBRETODO hay que intentar apagar el ordenador mínimo 30 minutos antes de ir a dormir, no sólo por los ojos, también nuestro cerebro nos lo agradecerá.

Pasear aclara la mente. Muchas veces me he sentado delante del ordenador y después de algunas horas me he dado cuenta de que estaba bloqueada. “El cerebro necesita aire(me decían mis profesores de interpretación) y eso se aplica a casi todas las disciplinas. La inspiración no va a llegar antes por pasar 4 horas ininterrumpidas mirando de forma intermitente al teclado y a la pantalla en busca de ayuda y un buen paseo puede traer ideas nuevas a nuestra cabeza. Además, por si no soy lo suficientemente convincente, puedo aseguraros que el no acerlo os traerá algunos kilos de más (y de eso soy un muy buen ejemplo).

Ser flexible es uno de los prerrequisitos de nuestra formación pero hay que saber encontrar una rutina dentro de nuestra flexibilidad o una buena flexibilidad dentro de nuestra rutina.

Yo por mi parte me retiro, que ya llevo algunas horas aquí sentanda y no quisiera empezar a escribir tonterías.