De cabinas y glosarios

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Días de cine

cartel-seff14_optimizadowebNo, no voy a hacer una comparación con la película española de título similar ni quiero crear una tertulia a lo cine de barrio sobre el panorama cinematográfico español.

Si vamos a hablar de cine lo propio sería debatir acerca de festivales, alfombras rojas y fotos de famosos, pero esto es un blog sobre interpretación y prefiero centrarme en el trabajo de los intérpretes. Ojo, que no los de la gran pantalla, sino los que están detrás de la pequeña, acristalada, a veces, con suerte, insonorizada, pantalla al fondo de la sala. Sí, la de los micrófonos. Y me diréis, ¿qué tiene que ver esto con el cine?

Bueno, pues desde que este se ha convertido en un negocio global y servicio de ocio masivo en todo el mundo, mucho. La producción audiovisual mueve muchos recursos en todos los ámbitos y emplea a millones de trabajadores a escala mundial. Con motivo del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que acaba de cerrar su XI edición, se han ido sucediendo oleadas de eventos mediáticos, la mayoría de ellos interpretados para el gran público, que bien merecen una reflexión. Y es que, en tanto que negocio global, los sectores relacionados con la producción audiovisual y su industria han ido desarrollando una idiosincrasia particular.

Para empezar, no es extraño que la mayoría de trabajadores de este sector domine o pueda llegar a defenderse en una o varias lenguas extranjeras, fruto de rodajes y coproducciones en el extranjero, por lo que lo común es que “entre ellos se entiendan”. Este fenómeno no debiera sorprender al intérprete, normalmente acostumbrado a ser el que menos sabe en la mayoría de las situaciones en las que interpreta, ya que no es poco común en la mayoría de las profesiones, convirtiendo cualquier congreso en una acalorada batalla por ver qué bando conoce más términos en Spanglish que el otro. Lo peculiar viene cuando esta presunción de “comprensión” se traslada a los asistentes, en ocasiones, cierto es, lo bastante frikis como para seguir la conversación sin perder un ápice de lo que se dice, ya que suelen estar igualmente enterados de lo que ocurre en el mundillo. ¿Pero qué ocurre con el gran público? ¿Y los medios de comunicación? Bueno, esos siguen la conferencia a través del intérprete.

De esta forma, se llega a un punto en una mesa redonda en la que uno no sabe si está tratando o no con tertulianos de televisión, donde los turnos de palabra se pisan y se salen por peteneras cuando la situación “así lo indica” (al fin y al cabo entre ellos se entienden). En circunstancias así los powerpoints y las notas de apoyo quedan totalmente barridos del mapa, por lo que al intérprete no le queda más que improvisar (y a los que crean rezar mucho).

Entre el fragor de los flashes y los miles de besos y abrazos se hace imposible secuestrar a un ponente unos segundos para que te deje echarle un vistazo a su chuleta. ¿Qué hacer entonces en estos casos?

Los congresos en materia audiovisual son de muy reciente aparición por lo que la mayoría de los expertos rara vez ha trabajado anteriormente con intérpretes, máxime teniendo en cuenta que suelen hablar bien otros idiomas, por lo que llegar y apabullarlo con que es necesario que mande toda la documentación cuando está estrechándole la mano a unos y a otros puede que no sea la estrategia más eficaz. A veces, una breve charla durante la pausa-café puede servir de mucho más. El buen cliente es el como el buen cocido, mejor cocinado a fuego lento (o, en su caso, educado paso a paso).

Pero como con esto no basta, hará falta mucha paciencia, nervios de acero, bastantes horas de preparación y contar con mucho tiempo para llegar al lugar del encuentro a prepararlo todo, un look mono para pisar la alfombra roja con elegancia y la más grande de las sonrisas (que después los hay que dicen que los intérpretes siempre salimos al fondo con cara de enfado en las fotos).

No puedo imaginar cómo debe ser la vida de artista.

PD: puede parecer que me escondo, pero lo prometo,  nunca encuentro al chico de las fotos para que me pase materiales, deberá asustarse cuando vea mis expresiones agónicas detrás del micro. Quedan para la próxima.

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Interpretaciones flamencas

bienal-flamenco-sevilla2014-300x336Arranca la Bienal de Flamenco y con ella calentamos motores en este inicio de curso que se presenta bastante movidito.

Y es que, como buena sevillana, bien me gustaría poder cambiar el cuaderno y el bolígrafo por una peineta y una copa de manzanilla pero, como hay que volver con energía y motivación, qué mejor manera de volver de vacaciones que con unas semanitas cargadas de entrevistas, carreras y mucho espectáculo.

Aunque la ocasión invitaría a usar una vestimenta algo más folclórica, más nos vale dejar la moda de lado y cambiar los tacones por unos zapatos algo más prácticos que nos ayuden a aguantar las idas y venidas de estos días y las horas de más de pie, que a veces con tanta fiesta y tanto jaleo una se olvida de que los demás no están “de servicio” y, en la mayor parte de los casos, solo van a disfrutar.

Para alguien que viene del Sur el flamenco siempre ha estado presente en forma de fiesta popular, por lo que las dimensiones del concepto “espectáculo”, sobre todo si va unido a “artista internacional”, a veces me vienen largas, sobre todo cuando veo los empujones de unos y otros para poder hablar un rato con fulanito o menganito, a quien no ven desde aquella gira por Corea del Sur. Ni que decir tiene que el que se pudiera negociar con el flamenco quedaba lejos de mi conocimiento, por lo que, cuando me he visto en medio de la burocracia que genera el exportar tanto de nuestro talento, con las consecuentes entrevistas, negociaciones y cierres de acuerdos, me he dado cuenta de que estoy a años luz del mundo de los artistas.

Los ponentes vienen con las agendas repletas y basta que alguien se alargue un poco en el turno de preguntas para que no de tiempo a llegar al siguiente evento. Miedo me da imaginar lo que puedan sentir los intérpretes de los súper famosos teniendo que lidiar con la horda de fans, periodistas, críticos y demás peregrinos que siguen a su “interpretado” en procesión donde quiera que vaya. En el caso del flamenco, se ve que tiene entusiastas en países como China o Japón, países de los que, desde hace algunas semanas, no paran de llegar fotógrafos, críticos de prensa, bailaores en potencia y, muy especialmente, admiradores. Por eso, un relevo a tiempo con el compañero alivia tanto a las neuronas como una buena noche de descanso.

En estos casos no solo basta una buena coordinación para que todo vaya sobre ruedas, un poquito de salero también es imprescindible y, si puede ser, que venga acompañado de una buena agudeza mental para poder terminar la interpretación antes de que algún espontáneo, invadido por la pasión, se arranque a cantar por bulerías poniéndote en el aprieto de tener que hacer lo propio en la lengua de llegada.

Si es que al final una buena fiesta pone a todo el mundo de buen humor y aunque la nuestra sea una profesión de lo más seria y rigurosa siempre podemos dejarnos encantar un poquito por el “duende”. Para que luego los haya que digan que lo nuestro no es un arte.

Entrevistas con caché (I): Linda Turner

Hace algunos meses tuve la suerte de poder compartir cabina con una gran intérprete y compañera: Linda Turner. En sus más de 20 años en activo como intérprete freelance, Linda ha visto y vivido muchas cosas y a mí, como intérprete novel en el mundillo freelance aquí en Sevilla, me pareció muy interesante debatir con ella muchas de las cuestiones que están actualmente en el candelero del mundo de la interpretación.

Tras nuestra charla se me ocurrió que, por qué no, su ejemplo y experiencia podrían servir para muchos colegas y de ahí surgió la idea de crear la que espero se convierta en la primera de una larga serie de entrevistas a colegas que quieran compartir sus experiencias con los demás (para que veáis, yo también me uno a la moda de los “guest post“). Aquí os dejo las preguntas que le hice y sus respuestas:

1. ¿Podrías contar un poco cómo llegaste a ser intérprete de conferencias? ¿Era lo que siempre habías pensado o surgió de repente?

Bueno, llegué a ser intérprete de conferencias gracias a la celebración de la Exposición Universal de Sevilla en 1992, conocido por todos como la EXPO ´92.  Sevilla fue nombrada sede del evento y coincidió con la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América. En la etapa de preparación anterior al evento, las autoridades andaluzas vislumbraron  la necesidad de contar con intérpretes de conferencia locales, debido al gran número de actos que iban a tener lugar durante los 6 meses de la EXPO y se destinaron fondos para formar a un grupo de intérpretes de conferencia, bajo los auspicios del Instituto Nacional de Empleo (INEM).  Los integrantes de ese curso tuvimos que cumplir con una serie de requisitos previos, siendo 17 personas seleccionadas, aunque fuimos muchos menos los que empezamos a trabajar como intérpretes freelance al finalizar el curso.  Algunos compañeros encontraron  puestos de trabajo en áreas afines como la traducción, relaciones institucionales o en distintos pabellones de la EXPO, etc.  La verdad es que fue un sueño hecho realidad porque siempre había albergado la ilusión de ser intérprete algún día, pero hasta entonces no había concretado la forma de llegar a serlo, después de terminar la carrera de Filología Hispánica.

2. ¿Cuáles son en tu opinión las principales diferencias entre el acceso al mercado de la interpretación antes, cuando tu empezaste, y ahora? ¿Crees que ahora es más, menos o igual de difícil abrirse camino como intérprete de conferencias?

Para mí hay una diferencia abismal porque cuando yo empecé sólo había una Facultad de Traducción e Interpretación en Andalucía, la de la Universidad de Granada.  Por tanto, me considero una privilegiada haber podido acceder al curso de formación en interpretación que se organizó en Sevilla en 1991,  impartido por unos excelentes profesores procedentes del ISTI (Institut Supérieur de Traducteurs et Interprètes) de Bruselas.

En cuanto a la dificultad  de abrirse camino como intérprete de conferencias, tengo la impresión que quizás sea más difícil ahora, dado el gran número de alumnos que se gradúan cada año de las múltiples facultades de traducción e interpretación que existen hoy en día.  Hay muchos más individuos que poseen titulación y que desean buscarse un hueco en el mercado.

3. ¿Qué cualidades personales crees que debe tener un buen intérprete? ¿El intérprete “nace” o “se hace”?

A mi modo de ver, un buen intérprete ha de tener el afán de seguir  formándose siempre, ya que cada servicio de interpretación requiere un período de preparación y evidentemente, eso implica la adquisición de nuevos conocimientos.  Además, el intérprete debe ser un “forofo” de la comunicación y un gran seguidor de la actualidad.  Por supuesto, tener una gran destreza en el manejo de su lengua materna  y  en cuanto a los demás idiomas de su combinación lingüística, estar en una continua evolución. Creo que el intérprete “se hace” siempre que cuente, de antemano, con una facilidad para aprender idiomas, tener agilidad mental, la capacidad de poder soportar mucha tensión, de trabajar en equipo, de saber reconocer sus limitaciones y por último, aspirar siempre a ofrecer un servicio de máxima calidad. ¡Casi nada!

4. ¿Qué consejos darías a un intérprete que está empezando en la profesión? ¿O a un recién egresado de algún master en interpretación de conferencias?

Bueno, no creo que los consejos se puedan generalizar ya que cada persona cuenta con una serie de características únicas y cada individuo parte de una situación muy distinta.  Quizás el mejor consejo que pueda dar a un graduado en interpretación es que intente conectar con otros intérpretes más veteranos con una reconocida trayectoria que les puedan enseñar un poco el camino,  no sólo en lo que se refiere al ejercicio de la profesión en sí, sino también a todo lo que la rodea, como el código de conducta profesional, condiciones de trabajo, negociación de contratos, honorarios orientativos, etc.

En ese sentido, me ha sido de enorme valor haber podido trabajar con miembros de AIIC (la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencia), cuyo buen hacer y profesionalidad me marcaron desde el primer momento.  Con los años, me fui animando y ahora soy pre-candidata a AIIC y con mucha ilusión de formar parte de la Asociación como miembro activo.

5. ¿Podrías contar alguna anécdota (nada confidencial, por supuesto) graciosa o extravagante que te haya ocurrido mientras interpretabas?

Vaya, en los más de 20 años que llevo en la profesión, me ha pasado un poco de todo, desde caerme los papeles, agotarse la tinta del bolígrafo,  verme ante el desafío de interpretar versos de poesía ante un público expectante…

Quizás lo más extravagante que he hecho en tiempos más recientes fue un servicio de interpretación  para una reconocida marca de automóviles alemana que organizaba la prueba de un nuevo modelo para unos clientes preferentes. A modo de copiloto y utilizando un walkie-talkie, tenía que transmitir las instrucciones y comentarios del piloto a todo un convoy de conductores que nos seguía detrás, todo mientras ponían el nuevo motor a buena prueba…

6. Y por último, se habla mucho de la traducción y de la interpretación con máquinas y de cómo estas reemplazarán a la figura del traductor o el intérprete profesional de aquí a unos años, pero en un futuro algo más cercano ¿cómo ves a nuestra profesión en unos 5-10 años? ¿Conseguiremos tener más visibilidad, como venimos pidiendo desde hace años, o acabarán reemplazándonos por robots?

Yo veo el futuro de esta profesión con enorme optimismo.  La globalización de mercados, de las comunicaciones, la integración de los países en grandes organizaciones, etc. ha traído consigo la necesidad de contar con intérpretes y traductores con cada vez mayor frecuencia.  De hecho, creo que las nuevas tecnologías van a ser nuestras grandes aliadas; de hecho, ya nos facilitan mucho la vida: las  nuevas tecnologías ya han cambiado la forma en que los intérpretes nos preparamos, conseguimos documentación, incluso en la toma de notas.  Pero de allí a que nos sustituya, no creo. Ahora bien, sólo deseo ver incrementada la visibilidad de la profesión en lo que se refiere a  ver más intérpretes comprometidos con la calidad, así como verlos dispuestos a defender y exigir  las condiciones necesarias para un trabajo digno y de calidad. Son compromisos que todo intérprete serio ha de asumir y animo a todos mis compañeros de profesión a seguir avanzando en ese empeño.

Linda Turner es intérprete de conferencias EN<>ES y precandidata AIIC.

Interpretar en tiempos revueltos

Desde que tengo uso de razón no recuerdo haber vivido un solo año sin tener que sufrir el fin de semana del caos ciudadano debido a algún evento político-diplomático en mi ciudad.

Esto, para quien viva en una gran ciudad como Madrid o Barcelona puede ser el pan de cada día, pero para los que hemos crecido en una ciudad de tamaño medio como Sevilla, con una SE-30 propensa a la saturación por el simple hecho de que caigan cuatro gotas más de lo previsto, no es algo que deba tomarse a la ligera. Aún recuerdo aquellos años en los que mi madre me prohibía salir a la calle con mis amigas cuando se acercaba el mencionado fin de semana por miedo a que me metiese en líos.

Sea como fuere, llamémoslo coincidencia o mala leche por parte de la organización, no he conocido en mi vida un solo mes de junio en el que no haya habido tal fin de semana. Sí, ese en el que te blindan las calles y los policías te miran con peor cara que de costumbre debido a la celebración de la cumbre del G-20 de turno, reunión de ministros europeos de X o Y, Cumbre Europea, visita del rey de nosedónde, etc. con sus correspondientes contra-cumbres/manifestaciones. Y no es que no lo entienda, a ver, no seré yo quien diga que Sevilla no es bonita en primavera, pero de lo que nadie parece acordarse en el momento de establecer las fechas es de las temperaturas que suelen rondarnos a estas alturas del año por aquí en el Sur.

Y claro, como no podía ser de otra forma, Murphy decidió poner a prueba la pericia de nuestra joven interpréte que aquí escribe, asignándole una interpretación durante el mencionado fin de semana.

Los datos de que disponemos hasta ahora son: por un lado, está teniendo lugar la clausura del foro “Caminos de Paz: otras voces de Israel y Palestina” que cuenta con la presencia de jóvenes políticos de Israel y Palestina, así como de algunos ministros y ex-ministros y otros cargos políticos  nacionales, la visita oficial del Príncipe heredero de Japón, Naruhito, que comenzará en algunas horas, una manifestación contra los recortes convocada por los sindicatos en la puerta del Ayuntamiento, 35ºC a las 10 a.m., los semáforos, como de costumbre, mal sincronizados y unos 7 furgones policiales más 3 helicópteros en el rango de visión. Por otro lado, la interpretación comenzará a las 11 a.m. a 10km de la capital, exactamente en dirección y junto a la carretera que lleva a la playa (no hay que olvidar que es viernes y hace calor) y hay previstos (si todo va bien, aunque siempre puede haber sorpresas) 2 controles de la Guardia Civil por el camino. Todo ello cuando nuestra protagonista se dispone a subir al coche. ¿Será nuestra joven intérprete capaz de superar la prueba?

más o menos así estaba el tráfico

Más o menos así estaba el tráfico.

A los que ya tienen sus años de experiencia en la profesión está situación les sonará más que familiar, pero nunca está de más recordar, sobre todo a los más noveles, que lo principal en estos casos es mantener la calma y tener paciencia (incluso al parar en ese semáforo en rojo a pleno sol y sentir cómo se te derrite el maquillaje). El intérprete debe estar preparado para cualquier imprevisto y siempre que pueda, salir con bastante tiempo (basta que un día vayamos más justos para que lo menos probable de todas las improbabilidades pueda ocurrir).

Esta anécdota, contada en tono cómico sirve simplemente como recordatorio de que cualquier previsión es poca, ya que nunca sabemos qué circunstancias externas pueden afectarnos cuando vamos a trabajar. Hubiera podido ser peor, por supuesto, imaginad qué hubiera pasado si me paran en un control o cortan parte de la autopista como “medida de seguridad”.

En este caso fue todo bien y llegué a tiempo (aunque no con la compostura que hubiera deseado) a un evento que me enriqueció muchísimo tanto en lo personal como en lo profesional y del que escribiré con más detalles en próximas entradas. Espero, al menos, haber conseguido arrancar una sonrisa de aquellos que se hayan visto reflejados. A fin de cuentas lo peor todavía está por llegar: la vuelta.

La interpretación simultánea sin cabina

Que estamos en época de recortes no es ninguna novedad a estas alturas y el hecho de que también se recorte en gastos de interpretación puede no parecer sorprendente. Quien lleva ya bastantes años en el oficio habrá notado el “bajón” que han dado las reuniones multilingües de un tiempo a esta parte, por no mencionar la reducción de combinaciones que venimos sufriendo en las reuniones internacionales.

Lo que realmente sorprende, o al menos me sorprende a mí, que no llevo mucho en el negocio, es la imaginación que echan algunos a la hora de recortar. Y es que, puestos a recortar, hoy en día se recorta hasta en cabinas. Sí, sí, que se interpreta sin cabinas, vamos.

La primera vez que me lo dijeron se me quedó la boca cual buzón de correos durante unos 15 minutos; ya había oído hablar de cabinas con sistemas caseros de ventilación (a.k.a agujero en el techo) o incluso de cabinas sin puertas (a estas alturas mejor no sorprendernos), pero este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo en mis propias carnes y, la verdad, creo que la experiencia no ha sido del todo desastrosa.

La alternativa que se ofrece a los intérpretes en lugar de la cabina es interpretar en una “tranquila” sala contigua mediante sistema de circuito cerrado de televisión. Y digo “tranquila” porque igual que te pueden dar un despacho enorme y te sientes allí a tus anchas interpretando bien te puede tocar montar el “tinglao” en el escobero o en la sala de fotocopias, como fue el caso de servidora.

El sistema en cuestión es bien sencillo: en esta sala aparte se montan en una mesa dos monitores, uno conectado a una cámara que está grabando lo que ocurre en la sala de la reunión y el otro conectado al ordenador del ponente, por si hace uso de power point o programas similares. Es lo que viene a ser una “interpretación simultánea remoto-presencial”.

El porqué de esta nueva forma de interpretación simultánea me lo explicó muy amablemente el técnico de sonido que se encontraba allí; por lo visto (y esto es algo que, aunque parezca obvio, no se me había pasado por la cabeza) la parte más cara del equipo de sonido es, con diferencia, la cabina y si el cliente dispone de salas donde poder ubicar el resto del equipo y a los intérpretes, a menudo prefiere ahorrarse el coste del montaje de la susodicha.

El sistema, como todo método alternativo a otro por largo tiempo establecido y cuya eficacia está más que comprobada, tiene sus detractores (de hecho ya me han empezado a llegar bastantes críticas por parte de algunos colegas), pero imagino yo que algún que otro partidario tendrá. A mí, particularmente, ni me gusta ni me termina de disgustar, si bien es cierto que, de llevarse a cabo en una situación ideal (véase por ideal que el tamaño de la sala sea el adecuado y el nivel de ruido nulo, que todos los equipos funcionen a la perfección, etc.) podría ser un concepto bastante interesante de desarrollar, que ayude a potenciar la idea de “invisibilidad” del intérprete y de paso ayudar a los que, como yo, todavía nos sentimos intimidados al ver a 40 espaldas sentadas delante de nosotros esperando cualquier mínimo incidente para girarse. Por otra parte, algunos colegas han comentado que da la sensación de que se relega a los intérpretes al papel de meros utensilios de limpieza (por aquello de interpretar en el cuarto de las escobas) y que, si hay algún problema técnico siempre es más complicado de resolver, al no encontrarnos en la misma sala que los ponentes.

Hay quien dice que esta forma de interpretación acabará por sustituir totalmente a la cabina, aunque yo no lo veo y, de ser así, será en un futuro bastante remoto. Aunque bueno, si acaban perfeccionándola de forma que podamos interpretar desde casa en pijama, lo mismo no es tan mala idea al final. ¿Qué pensáis los demás al respecto? ¿Habéis interpretado así alguna vez? ¿Os atrae la idea de la interpretación en pijama?

Interpretaciones que te devuelven la vida

Después de tanto tiempo esperando, por fin llegó tan ansiado y, a la vez temido, evento.

Tras un mes preparando los glosarios, estudiando la vida y milagros de los ponentes y desesperada ante mis notas horrorosas (pero no por ello menos eficaces), me desperté el día en sí a las 7:15 con un dolor de cabeza que tumbaría a un gigante, tras una larga noche de insomnio cortesía de Antena 3 y sus películas de terror, dispuesta a hacer la interpretación de mi vida.
Cuadernito en mano, ristra de bolígrafos en el bolso (por si acaso), empecé a revivir intensamente los momentos previos a mi examen de final de máster… y el pánico se apoderó de mi.

Desde siempre he tenido una gran confianza en mi memoria (actitud que tanto profesores como colegas han alabado), pues esta siempre me ha ayudado a la hora de recordar detalles y anécdotas de los discursos; pero soy muy consciente de que la memoria no lo es todo en interpretación y, en ese momento, la evidencia se hizo patente.

Así que no me quedó más remedio que armarme de valor y presentarme allí, delante de una treintena de personas que no había visto en mi vida (30 personas son muchas si las ves a todas sentaditas mirándote con cara de interés), respirando profundamente y repitiéndome una y otra vez que todo intérprete pasa por eso varias veces en la vida.

De izquierda a derecha: cuadernito de notas, bolígrafos A, B y C (por orden de importancia). Falta el micrófono, que es uno de esos inalámbricos que pesan más que yo.

Y al final… pues al final fue más de lo mismo, el que trabaje habitualmente como intérprete conocerá esta historia de memoria. Los ponentes, más que acostumbrados a dar charlas con intérpretes, estaban en su salsa, el público la mar de interesado no le quitaba los ojos de encima, como todos provenían del mismo “mundillo” la charla fue de lo más distendida, me sentí tan cómoda (después de haber esperado una enumeración de todos los tecnicismos listados en el diccionario cualquier cosa era agradable) que hice mi trabajo como mejor sabía hacerlo y, al final, todos a casa contentos.

No hubo juegos de palabras enrevesados, ni chistes verdes que solo ellos comprendían, ni referencias irónicas al último discurso de Obama… Solo personas charlando tranquilamente de lo que les gusta e intercambiando ideas.

Si es que a los intérpretes nos gusta ponernos en lo peor. Las notas se adaptan a la situación en que se encuentre el intérprete en cada momento y, en mi caso, volvieron a cumplir su función (y yo con miedo a que la mano se me hubiera oxidado en este tiempo).
Personalmente fue una experiencia que elevó al máximo mi autoestima profesional, me confirmó algo que ya sospechaba: que puedo hacerlo y, en cuanto a mi posición profesional, me ayudó a reafirmar algo que se me estaba empezando a olvidar, que ante todo amo mi trabajo.

 
Y es que no hay nada como el trabajo bien hecho. Y a vosotros, ¿qué os hace profesionalmente felices?

Revisiones que inducen al suicidio

  Acabo de terminar una revisión que me ha tenido al borde del suicidio durante las últimas horas. Y no hablo precisamente del suicidio profesional, pues hubiera sido el colmo, sino a las ansias de agarrar el primer objeto punzante que pasara cerca de mí y acabar con mi sufrimiento.

El cliente tenía bastante prisa; por lo que se ve el traductor le había entregado el documento pasado el plazo y, desgraciadamente, no era esa su única desgracia.

Hace unos meses leí una entrada interesantísima en el blog El traductor en la sombra sobre el destrozo que algunos revisores hacen al trabajo del traductor. Y no se trata simplemente del destrozo del trabajo, propiamente dicho, sino también del destrozo moral que provoca en el traductor ver el esfuerzo dedicado al buen desempeño de un trabajo desprestigiado por nimiedades que en nada ayudan al traductor y poco o nada aportan a la traducción.

Tales “tiquismiqueces” (neologismo made in YO para referirse a la saña con la que atacan algunos revisores) perjudica muchísimo y, con eso en mente, me dispuse a trabajar como una revisora ejemplar (lo que mi cabeza define como “ejemplar”, que con certeza distará bastante de lo que piensen otros).

Así, fui dejando pasar detalles lingüísticos mejorables, en pro de la autoestima del traductor (a fin de cuentas hay muchas formas de expresar una misma idea, aunque cada uno tengamos nuestro término preferido) hasta que mi ética y mi pudor lingüístico me obligaron a meter mano al asunto.

Y no es que el texto estuviera mal, no, es que podría haberlo redactado mejor cualquier alumno de secundaria. Calcos alarmantes, ausencia de mayúsculas en todos los inicios de frase, utilización de los signos de exclamación e interrogación como si de un mensaje en un chat se tratara, lenguaje totalmente robótico…

No quiero ensañarme con el traductor, pues todos estamos en el mismo barco y un mal día puede tenerlo cualquiera; pero el texto no era difícil y las normas básicas de traducción que se nos enseñan en la facultad (por básicas que sean) no fueron respetadas. Lo que me lleva a pensar que se trate de dos posibilidades:

1)      Que el traductor del texto aún sea estudiante y haya mentido en el currículum diciendo que es traductor o,

2)      Que sea alguien ajeno a la traducción y se haya aventurado alegando “que traducir lo puede hacer cualquiera”.

No quiero entrar en peleas sobre el intrusismo profesional o la falta de preparación de nuestros estudiantes de TEI, que es fin de semana y ante todo quiero buenas vibraciones, pero una cosa debería quedar clara a todos los que se dedican a traducir o quieren dedicarse a ello, profesionalmente o por hobby:

LO MÁS IMPORTANTE PARA PODER TRADUCIR ES DOMINAR TU LENGUA MATERNA

Algunos discreparán y dirán que hay otras cosas más importantes; pero lo que está claro es que no se puede traducir o interpretar sin dominar la lengua materna. Y eso no es cosa de dos días ni se aprende solo por haber nacido en tal o cual país. La lengua, en todas sus formas, se aprende estudiando, leyendo y redactando y, por supuesto, equivocándose. Pero el momento de equivocarse no es precisamente cuando se está traduciendo. Eso va para todos, porque quien no tenga el respeto por la lengua materna por bandera y crea que solo por hacer nacido en un país ya domina la lengua a la perfección nos está ninguneando a todos los del gremio y dejándonos a la altura del betún.

Por parte del cliente debo decir que tampoco me daba mucha pena. Ya he trabajado con él algunas veces y me consta que es de los que creen a ciegas en los currículums y no hacen pruebas de traducción. Esto vale para algunos porque no tienen tiempo para corregir pruebas y para otros porque son conscientes de que si no hacen prueba pueden aceptar “a cualquiera” y, con ello, pagar la tarifa que les venga en gana.

La clave para establecer una buena relación con un traductor es, desde mi punto de vista, realizarle una prueba que se adapte a sus características, por lo menos para comprobar si es apto o no para el puesto y no venir llorando después porque hizo la mayor chapuza de la historia.

Hasta aquí mi punto de vista. Como veis hoy me he levantado en pie de guerra y con ganas de reclamarle al mundo.

Y a vosotros ¿qué os saca de quicio en vuestro trabajo?

Nadie es profeta en su tierra

Dicen que nadie es profeta en su tierra; que el éxito viene antes de cualquier otro lugar que de donde uno es conocido y apreciado.

Nunca he entendido por qué.

Hace unos meses leí en algún blog de un intérprete que normalmente las agencias lo contrataban para interpretar en la ciudad Y cuando vivía en la ciudad X y de tanto que lo llamaban decidió mudarse a la ciudad Y, donde ya nunca más le volvieron a llamar esas agencias. El motivo – le decían los clientes – era que la comodidad hace que el profesional se relaje y pierda ambición y, con ello, profesionalidad.

¿Para qué te vas a esforzar en hacer tu trabajo mejor cuando este te llueve del cielo y lo tienes a un paso de casa? Cuando se solicitan intérpretes para algún evento los profesionales de fuera saben que están en desventaja frente a los profesionales locales; por ello, se esfuerzan al máximo en el envío de las solicitudes y en la preparación del evento, dejando la imagen profesional del intérprete local bastante perjudicada.

Esto es, en resumen, la exposición de motivos que le dieron los clientes al escritor del blog para justificar la contratación de intérpretes de fuera, quien, por su parte, tuvo que buscarse, con bastante éxito, nuevos clientes en su nueva ciudad.

Desde mi punto de vista es una solemne idiotez.

El motivo de mi entrada es, sin más rodeos, que después de un año vagando por medio mundo en busca de un lugar donde asentarme, me han llamado de mi tierra natal, Sevilla, para una interpretación (en realidad para dos, pero una he tenido que rechazarla por falta de tiempo).

He escuchado durante el último año retahílas interminables de otros intérpretes profesionales sobre lo mal que anda este sector en nuestra ciudad, sobre la necesidad de buscarse otros trabajos (a menudo varios) y sobre la falta de valoración profesional de los intérpretes.

Dejando a un lado el punto 3, considerándolo una enfermedad crónica de nuestra profesión, he tenido ocasión de meditar bastante sobre los puntos 1 y 2. No quiero ilusionarme demasiado y pensar que a partir de ahora llegará la buena racha, asumiendo que los de mi tierra se quejan de vicio son un poco quejicas (no solo los intérpretes, sino el sevillano en general), porque me parece desconsiderado con mis colegas, que tienen muchos más años de conocimiento del mercado local, pero tampoco quiero dejarme arrastrar por el pesimismo reinante y perder la oportunidad de dar a conocer mi talento en el lugar que me vio nacer (y formarme). Creo que puede ser una buena oportunidad para meter la cabeza (¡por fin!) en el mercado local y, desbordando un poco de positivismo (¿por qué no?) ser profeta en mi tierra.

 

¿Sonarán las campanas? La crónica y el resumen de la experiencia los dejaré para futuras entradas.

FICA

La semana pasada tuvo lugar aquí en Goiás la decimo cuarta edición del FICA (Festival Internacional de Cinema Ambiental) y, podeis imaginar la expectación que crea en esta ciudad de 25000 habitantes en pleno corazón de Brasil la celebración de un evento internacional de tales características.

Para los habitantes supone la principal fuente de ingresos del año (las familias alquilan sus casas o algunas habitaciones de ellas y el empleo se triplica, dando oportunidad a los desempleados de ganar un poco de dinero extra). Para mi, el mayor atractivo lo componía el plano lingüístico, ya que en la programación del festival se incluían algunas mesas redondas y encuentros con los directores de las películas que, al ser extranjeros, necesitarían de interpretación.

Ni que decir tiene que hacer llegar mi curriculum a los organizadores fue una pesadilla y, evidentemente, con la burocracia a la que hay que someterse para cualquier cosa en este país no me llamaron, fui la constante “number one” en la lista de espera, aunque no por ello dejé de disfrutar del evento.

En lo que se refiere a la organización lingüística las conferencias y mesas redondas fueron bastante desastrosas (y que conste que hablo sin el menor rencor), de lo que deduje que, por mucho progreso que se pueda aparentar en lugares tan remotos como este ante la celebración de eventos distinguidos, nuestra profesión está a años luz de ser comprendida y mucho menos reconocida. Ya había oído rumores de que algunas películas de especial relevancia serían interpretadas en directo (tengamos en cuenta que Brasil es país doblador, no subtitulador, y hace pasar 90 minutos  sentados frente a una pantalla viendo pasar letritas a personas que el único libro que han tenido entre sus manos ha sido el de aprender a leer podía ser una gran tortura), cosa que no me sorprendió especialmente, ya que después de asistir al festival de cine latinoamericano de Gante y ver como mis compañeras de español>neerlandés expiaban sus pecados en aquellas cabinas mientras yo disfrutaba alegremente de las películas que proyectaban nada podía asustarme. Aunque fue por poco. Las cabinas estaban escondidas, pero el sufrimiento en la voz de las intérpretes se palpaba en el ambiente y la indignación que yo misma rezumaba por los poros casi se podía respirar. Ahora, una semana más tarde, lo veo en la distancia con tranquilidad, pero en aquel momento me subía por las paredes. Ya es cruel colocar a intérpretes de verdad para hacer ese trabajo, cuanto más a pobres chicas que han pasado dos meses en Francia y ya por eso los empresarios que no tienen ni idea de nuestro trabajo, pero que de caradura no les falta un cm, las hacen llamar “intérpretes” y las encierran en la cabina como si aquello fuera un recital de papagayos.

La semana que viene pasaré por el despacho del organizador (ahora que tengo su contacto) y lo pondré de guapo para arriba.

Dejando a un lado lo lingüístico, decidí que un evento así no podía dejarlo escapar, ya que aunque no sea profesionalmente, para mi formación ofrecía grandes posibilidades y pude comprobar varias cosas. La 1ª que, efectivamente, mis profesores del máster tenían razón y las técnicas de interpretación, como todo en la vida, si no se practican se pierden. No voy a entrar en detalles sobre mis tomas de notas, dejémoslo en “necesita mejorar”. La 2ª, que fue la confirmación de una sospecha era que, efectivamente, las personas brasileñas con una buena base formativa tiene una capacidad de reflexión y argumentación dignas de premio Nobel, pero las “masas” (entre las que incluyo a estudiantes universitarios y de ciclos superiores de universidades normales) aún están lejos de librarse de la manipulación que suponen los medios de comunicación. Y es que, en un país con un proceso de deforestación tan profundo y agresivo como este, donde una mente cabal no encontraría cabida para teorías negacionistas, la opinión de algunos seres autodenominados “científicos” (de esos de pandereta y castañuela) de que el cambio climático no es tal y el desgaste de recursos aún es menos se ha abierto hueco en algunos programas de debate y opinión, intoxicando las mentes hasta dejar sin credibilidad los propios hechos mostrados en los telediarios. Y es que, por increíble que parezca, la Rio +20 era, como ya sospechaba, una cortina de humo para acallar las voces que reclamaban que nuestros líderes no mueven un dedo en nada (y de paso blanquear un poquito de dinero, que los millones y millones que se han gastado en montar el tinglao aparecerán en breve en forma de yate o vacaciones de lujo de nuestros queridos representantes).

Visión crítica era lo que faltaba en estos parajes y esta cayó pesadamente como un jarro de agua fría en los acalorados cogotes de los lugareños. Yo, la mar de interesada, escuchando a los pequeños productores de asentamientos remotos exponer como Monsanto los expulsa de sus tierras y les impone un modelo de producción a escala totalmente improductivo o asistiendo a los talleres de construcción civil en bambú (a falta de dinero para comprar una casa de verdad por lo menos sé que si quiero no tendré que dormir nunca más a la intemperie).

Todo ello para resumir un evento a la par curioso y revolucionario. Curioso porque la intención es original en todos los sentidos, revolucionario porque el mensaje, desgraciadamente, no llega a todos los que debería. Mi padre decía algo así como “las perlas no son para los burros” (mi memoria no está por la labor), tal vez haya que seguir insistiendo poco a poco para que los burros poco a poco abran sus mentes y los señores de ahí arriba, los de traje y corbata abran sus corazones. Y yo mientras tanto a seguir alzando la bandera de la defensa del trabajo de intérprete allá donde vaya, que por lo que veo me queda trabajo para rato.

Crónica de una traducción urgente

Sábado 3 pm: Llegamos a la barbacoa en casa de amigos

6 pm: (Después de algunas cervezas y mucha comida) Aviso en el móvil, email importante: Necesitamos urgentemente que traduzcas este documento para el lunes por la mañana, el cliente final no puede esperar, por favor, sabemos que es fin de semana y que tienes otras cosas que hacer, pero es muy importante que esté listo para el lunes…

PAUSA, reflexión, (texto sobre turismo gastronómico, voy a necesitar mucha inspiración y aún más creatividad), más cerveza, más reflexión; mejor me voy a casa.

8:30 pm: Llego a casa, ducha, café . – Cariño, esta noche la cena te toca a ti. Ah y tendrás que irte de juerga sin mi (ventaja de ser pareja de un cocinero)

9:00 pm: Primer vistazo al documento (un paseo por la cocina india y sus delicias), no parece complicado, los nombres de los platos están en punjabi y sánscrito así que tendré que inventar alguna forma de describirlos sin aburrir al personal y sin quitarle las ganas de comer. Especias, veamos… las conozco casi todas… “uhm especias…” huelo a comida… Sentarme en un restaurante indio para comer un buen plato de avial con arroz y un payasam con nueces de postre…

¡Concentración vuelve! Creo que voy a asaltar la despensa.

9:20 pm: Primer asalto a la cocina, parte de la despensa y el menjunje a medio hacer para la cena sufren las consecuencias, discusión marital:

– Pero, ¿quieres ponerte a trabajar ya?, mira que te quedas sin comer ¿eh?

– Está bien- digo sin mucha convicción mientras abro disimuladamente la puerta de la nevera.

9:30 pm: De nuevo frente al ordenador, hago repaso mental de mis adjetivos “jugoso, sabroso, aromático, delicioso…” Me faltan ideas para describir tales manjares, después de haber visto uno por uno todos  los platos y su composición cualquier intento de describirlos los dejaría a la altura de una tortilla a la francesa.

10:15 pm: – Cari, ¿puedo comer ya?

–  Anda venga, sírvete.

Y mira que el chiquillo cocina bien, pero es que mi cabeza ya anda dando vueltas por los alrededores de Uttar Pradesh, entre bebida de feni y vadai. Va a ser una noche larga

1:30 am: Las lentejas y la mostaza se me juntan ante los ojos en forma de puré viscoso y extrañamente aromático. No sé si me he quedado dormida, con más de 3 cafés en el cuerpo juraría que no, pero si quiero que alguien se coma esto algún día más me vale irme a la cama. Mañana tenemos comida en casa de los suegros y mi suegra cocina bien… tal vez consiga algún adjetivo inspirador inhalando los vapores de su arroz. Eso, que los indios son muy de arroz. Dios mío, estoy desvariando, mejor me tomo una manzanilla y mañana ya veremos.

Domingo 8 am: ¿Porqué, señor por qué? ¿Por qué tuviste que inventar los megáfonos y el camión del tapicero? ¿Esto es algún tipo de confabulación?¿O algún tipo de mensaje alentador del tipo: venga gordinflona, que a este paso el menú lo vas a dar pa Nochevieja?. Sea como fuere tengo unos turistas muertos de hambre que esperan mi traducción y con el recargo por urgencia que me va a comprar el armario nuevo para mi cuarto más me vale hacerlo bien.

12 pm: 2 cafés con sus respectivas 2 tostadas que le dan a la mente una inspiración casi divina y un paseíto infructuoso a casa de los suegros, donde cualquier intento de abrir el portátil entre niño y niño puede suponer la muerte inmediata de algún componente altamente valorado por mi persona. He optado por llevar la libreta para anotar adjetivos y algunas partes del documento impresas, por si acaso.

5 pm: Ni lista de adjetivos ni leches migás (como dice mi madre) esto es incomestible. Y como me tome un solo café más no respondo de mis actos, mejor me voy a casa, no vaya a ser que cometa suegricidio.

7 pm: Llego a casa, ducha, café… ¿café? no, mejor no. Esta situación me resulta vagamente familiar… ¿Estaré sufriendo un déjà vu?. Eso es mejor dejarlo para algunas horas después, cuando descubra que el día de hoy está siendo exactamente igual a lo acontecido ayer hasta la medianoche, con ligeras variaciones en la discusión marital al respecto de mis hábitos alimenticios cuando estoy traduciendo.

2 am: Repaso, repaso y más repaso. En principio está todo en su sitio (primer síntoma de que el cerebro necesita apagarse), incluidas las comas; esto no puede ser, he tenido que pasar algo por alto…

Lunes 6:30 am: Ajajá lo sabía, aquí están. 20 oraciones mal puntuadas, 5 adjetivos ambiguos (¿eran masculinos o femeninos?) y algunos platos que resultan más bien extraños al comer, por no decir dudosos, pero ¡qué leches! ¿Acaso la comida india no es exótica? Entonces, ¿por qué no dejar algunos platos con esa áurea de no sé muy bien qué es lo que me estoy comiendo pero suena extrañamente exótico y a fin de cuentas todos a mi alrededor están comiendo lo mismo?. Me estoy imaginando a mi padre en una de esas situaciones: “¿Esto qué es lo que es?”, preguntaría mirando al camarero. A nuestros turistas les va a encantar y se van a reír un montón.

12 pm: Traducción entregada, paseo reconfortante después de una noche con pocas horas de sueño. El texto ha quedado “comestible”. Vuelta a casa, he pasado por el supermercado, la panadera y la cajera me han mirado con cara extraña, el frutero también. El chico de la tienda de móviles me ha hablado muy despacito para que lo entendiera todo muy bien y mis vecinas han susurrado cuando me han visto pasar…

– Cariño, ¿a qué hora te has levantado? Tienes una cara de panda…

–  Sí, pero no será peor que la tuya cuando vengas desde la tienda cargando con mi armario nuevo. Ah y hoy te toca a ti preparar la comida (modo crueldad activado, con esas sonrisas de oreja a oreja que te hacen enseñar hasta las muelas del juicio)

Risas.

Si es que en el fondo no era para tanto. Una que se pone histérica a la primera de cambio y, al fin y al cabo, una vez al año no hace daño.