De cabinas y glosarios

La autora


Me llamo María Fernández-Palacios y soy intérprete de conferencias, traductora y emprendedora. Si deseas contactar conmigo puedes hacerlo a través de la sección de Contacto

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One lovely blog Award

He sido nominada (increíble, pero cierto) al “One lovely blog award”. Es esta una cadena que se ha venido pasando entre varios blogs en los últimos días y he de decir que, aunque no soy muy fan de las cadenas, esta en particular me hace especial ilusión. Primero, porque me han nominado a mi (y sin tener que pagar por ello :D) y en segundo lugar porque me parece un gran reconocimiento a la labor de difusión de nuestra profesión (y de otras) que realizan muchos de nuestros colegas en internet.

Por ello, quisiera agradecer en primer lugar a Ana Ayala, del blog Construyendo Traducciones, por esta nominación (la verdad es que a estas alturas me esperaba cualquier cosa menos que alguien considerara el blog “lovely”) y en segundo lugar a todos los lectores que me leen y aguantan mis berrinches profesionales con asiduidad.

Dicho esto, paso a describir , para quien no las conozca aún, las obligaciones que conlleva la aceptación del premio, mis respuestas y nominados.

Las obligaciones que conlleva aceptar el premio son las siguientes:

– Nombrar y agradecer el premio a  la persona/blog que te concede la nominación

– Responder a las 11 preguntas que te hace.

– Conceder el premio a 11 blogs que te gusten, especialmente a blogs nuevos

– Hacer 11 nuevas preguntas a los premiados.

– Informar del premio a cada uno de los blogs .

– Visitar los blogs que han sido premiados junto con el tuyo

Las preguntas que Ana me realizó en el momento de la nominación son:

1. ¿Qué opinas de los másteres?

Los másteres son una herramienta de formación muy útil para quien quiera profundizar en un aspecto profesional o académico concreto y proporcionan especialización en materias que pueden ser interesantes para el futuro profesional. No obstante, no son la llave que abre todas las puertas del mundo laboral y hacer un máster “por hacer” porque no se tiene muy claro adónde quiere uno ir a parar después de la carrera no es la solución, pues al acabar estarás como empezaste (con un poco más de conocimiento, sí, pero en el mismo punto). Yo cursé un máster de interpretación al acabar la carrera porque tenía muy claro que era eso lo que quería hacer, pero por mucha satisfacción profesional que me haya podido proporcionar, al acabar me dejó con los mismos interrogantes en el aire, que bien podría haber resuelto yo solita yendo por otros caminos.

2. ¿Podrías describir una típica jornada laboral/estudiantil?

Pues la verdad es que llevo fatal eso de tener que madrugar, por lo que nunca me verás despierta entre semana antes de las 8:30. Normalmente me tiro de la cama antes de que me invada el espíritu de los “5 minutos más”, me preparo mi café y me doy una ducha para espabilarme. Sobre las 9:15 ya estoy sentada delante del ordenador, me pongo al día con los emails, abro facebook y twitter para ver cuáles son los temas candentes. Dependiendo de la cantidad de trabajo el acceso a las redes sociales varía por días, pero siempre me gusta darle una ojeada antes de empezar la jornada, porque así ya tengo una ligera idea de cómo va el mundo a mi alrededor. Después, si no hay mucho trabajo, me pongo a escuchar las noticias o buscar a las próximas víctimas de mis ataques a base de curriculums (la experiencia me dice que a esta hora los clientes potenciales están más receptivos y así tienen todo el día para leerse el email y la carta de presentación con toda tranquilidad). Sobre las 11:30 hago mi pausa para el desayuno, consistente en una buena “tostá” con aceite y tomate y un té y retomo mis labores donde las dejé. A las 15:00 corto para comer; algunos pensaréis que cómo puedo aguantar tanto sin salir corriendo a comerme hasta las paredes. Hombre, la verdad es que dependiendo de la concentración que tenga puede írseme el santo al cielo y ni acordarme de que tenía que alimentarme, pero, incluso los días en los que estoy más relajada, siempre intento aprovechar la mañana al máximo, porque vivo en una casa con mucha gente en un barrio bastante ruidoso y a partir de las 14:00 esto parece una feria. A las 16:00, con la barriga llena y la modorra característica, hago mi media hora 40 minutos de meditación. Es una rutina a la que me ha costado acostumbrarme, pero ahora no puedo vivir sin ella y en los días previos a las interpretaciones normalmente aumento un poco más el tiempo para dejarme unos minutos más de relajación. A las 17:00 vuelvo a la carga y así seguiré hasta las 19:30 o hasta que el cerebro me diga “basta”, normalmente más lo segundo. Después de eso suelo salir un rato para despejarme, ya sea a dar una vuelta con los amigos o a hacer deporte.

3. ¿Qué es lo que más te gusta de este trabajo?

Pues la flexibilidad de horarios es un punto bastante a favor y la posibilidad de poner una cifra a cuánto vale mi trabajo también.

4. ¿Qué es lo que menos te gusta?

Tener que regatear por tarifas. Siempre me he considerado adaptada a mi entorno y bastante flexible, por lo que puedo jugar un poco con los números, pero los hay que abusan e intentan hacerte creer que tu trabajo no vale el esfuerzo que haces por él y es una verdadera lástima.

5. ¿Eres autónomo o trabajas en plantilla? ¿Estás contento con tu situación?

Soy autónoma y por ahora no me puedo quejar. Siempre se puede mejorar, pero no me puedo quejar.

6. ¿Por qué decidiste estudiar traducción?

Porque quería ser de esos intérpretes que se pasean por los pasillos de la Comisión, en Bruselas, con el maletín del portátil en la mano y la sonrisa de “yo molo” en la cara. ¡Ay ilusa de mi!

7. ¿Crees que es necesario especializarse en un área concreta?

Necesario no, pero sí recomendable. Es la única forma de demostrar que nuestro trabajo no lo puede hacer cualquiera.

8. ¿Utilizas alguna herramienta de traducción? ¿Cuál/es?

Trabajo con Trados Studio 2011 y me va bien aunque a veces me deja el ordenador que parece que funciona con manivela y me entran ganas de tirarlo por la ventana.

9. ¿Qué haces en tu tiempo libre?

Vivo en Sevilla así que cuando no llueve hay que salir aunque sea a mirar los naranjos. Normalmente hago deporte (2 veces por semana) y leo todo lo que puedo. Cuando todo eso no llena mis vacíos existenciales intento engancharme a alguna serie, por lo menos me mantiene ocupada durante 3 o 4 meses.

10. ¿Qué consideras indispensable para la visibilidad del traductor?

Estar siempre al tanto de lo que ocurre en la profesión. Puede que no tengas un blog o una cuenta profesional de facebook o twitter, pero hay que saber siempre qué es lo que hacen los compañeros, de qué se quejan, dónde ven más salidas profesionales y después de eso establecerse un camino y unas metas. Es muy probable que no salga bien, pero lo importante es mantenerse en el camino escogido y aprender de los errores. Todos los que estamos aquí ya diseñamos nuestra estrategia y se nos fue al garete, pero no tiramos la toalla, si no ya estaríamos dedicándonos a otra cosa. Con determinación y humildad se consiguen muchas cosas. ¡Ah! y hay que insistir, que los cansinos siempre acaban haciéndose visibles (y casi siempre se salen con la suya).

11. ¿Por qué le pusiste ese nombre a tu blog? O, en su caso, ¿por qué no le pusiste nombre?

Porque quería que reflejara mis inquietudes como intérprete. Hay muchísimos (y muy buenos) blogs de traducción, pero no tantos de interpretación. Los hay, por supuesto, pero quien le haya echado un vistazo al blog de Michelle o al de Clara, verá que son profesionales con una larga carrera a sus espaldas y que tienen (o parecen tener) las cosas muy claras en la profesión. Yo quería mostrar mi carrera desde el principio, con mis momentos de bajón e inquietud y con mis momentos de euforia, para que los intérpretes noveles puedan ver que todos tuvimos un inicio profesional y que nos equivocamos (a veces muchísimo) hasta encontrar el camino a seguir.

Como se trata de dar a conocer 11 blogs que admiro aquí dejo a mis nominados:

– Oliver Carreira del blog La paradoja de Chomsky

– Eva María Martínez del blog El arte de traducir

– Rai Rizo del blog Letras de Sastre

– Carol Sánchez, del recién estrenado blog CS-interpreting

– Isabel García Cutillas de El traductor en la sombra

– Clara Guelbenzu de Bootheando

– Laeticia Abihssira de Traducir es descubrir

– Eugenia Arrés del blog De traducciones y otras rarezas

– Brenda Galván de Tradubeledi

– Aida González de Aventuras de una traductora-intérprete en Madrid

– Y a las chicas del blog La pera

Y ahí van mis preguntas:

¿Qué consejo darías a un recién licenciado?

¿Por qué le pusiste ese nombre al blog?

¿Te has planteado alguna vez cerrar el blog?

¿Crees que es necesaria la formación en TEI para ser un buen traductor/intérprete?

¿Qué deberíamos hacer para que se valore más el trabajo del traductor/intérprete?

¿Crees que es necesario especializarse en alguna materia?

¿Tienes alguna manía antes de ponerte a trabajar?

¿Te ha costado mucho encontrar clientes?

¿Qué opinan tus familiares y amigos de tu vida profesional?

Si pudieras cambiar una cosa (solo una) de tu situación profesional ¿cuál sería?

¿Crees que debería existir, al igual que en otras profesiones liberales, un colegio profesional que regule nuestra actividad?

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La interpretación simultánea sin cabina

Que estamos en época de recortes no es ninguna novedad a estas alturas y el hecho de que también se recorte en gastos de interpretación puede no parecer sorprendente. Quien lleva ya bastantes años en el oficio habrá notado el “bajón” que han dado las reuniones multilingües de un tiempo a esta parte, por no mencionar la reducción de combinaciones que venimos sufriendo en las reuniones internacionales.

Lo que realmente sorprende, o al menos me sorprende a mí, que no llevo mucho en el negocio, es la imaginación que echan algunos a la hora de recortar. Y es que, puestos a recortar, hoy en día se recorta hasta en cabinas. Sí, sí, que se interpreta sin cabinas, vamos.

La primera vez que me lo dijeron se me quedó la boca cual buzón de correos durante unos 15 minutos; ya había oído hablar de cabinas con sistemas caseros de ventilación (a.k.a agujero en el techo) o incluso de cabinas sin puertas (a estas alturas mejor no sorprendernos), pero este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo en mis propias carnes y, la verdad, creo que la experiencia no ha sido del todo desastrosa.

La alternativa que se ofrece a los intérpretes en lugar de la cabina es interpretar en una “tranquila” sala contigua mediante sistema de circuito cerrado de televisión. Y digo “tranquila” porque igual que te pueden dar un despacho enorme y te sientes allí a tus anchas interpretando bien te puede tocar montar el “tinglao” en el escobero o en la sala de fotocopias, como fue el caso de servidora.

El sistema en cuestión es bien sencillo: en esta sala aparte se montan en una mesa dos monitores, uno conectado a una cámara que está grabando lo que ocurre en la sala de la reunión y el otro conectado al ordenador del ponente, por si hace uso de power point o programas similares. Es lo que viene a ser una “interpretación simultánea remoto-presencial”.

El porqué de esta nueva forma de interpretación simultánea me lo explicó muy amablemente el técnico de sonido que se encontraba allí; por lo visto (y esto es algo que, aunque parezca obvio, no se me había pasado por la cabeza) la parte más cara del equipo de sonido es, con diferencia, la cabina y si el cliente dispone de salas donde poder ubicar el resto del equipo y a los intérpretes, a menudo prefiere ahorrarse el coste del montaje de la susodicha.

El sistema, como todo método alternativo a otro por largo tiempo establecido y cuya eficacia está más que comprobada, tiene sus detractores (de hecho ya me han empezado a llegar bastantes críticas por parte de algunos colegas), pero imagino yo que algún que otro partidario tendrá. A mí, particularmente, ni me gusta ni me termina de disgustar, si bien es cierto que, de llevarse a cabo en una situación ideal (véase por ideal que el tamaño de la sala sea el adecuado y el nivel de ruido nulo, que todos los equipos funcionen a la perfección, etc.) podría ser un concepto bastante interesante de desarrollar, que ayude a potenciar la idea de “invisibilidad” del intérprete y de paso ayudar a los que, como yo, todavía nos sentimos intimidados al ver a 40 espaldas sentadas delante de nosotros esperando cualquier mínimo incidente para girarse. Por otra parte, algunos colegas han comentado que da la sensación de que se relega a los intérpretes al papel de meros utensilios de limpieza (por aquello de interpretar en el cuarto de las escobas) y que, si hay algún problema técnico siempre es más complicado de resolver, al no encontrarnos en la misma sala que los ponentes.

Hay quien dice que esta forma de interpretación acabará por sustituir totalmente a la cabina, aunque yo no lo veo y, de ser así, será en un futuro bastante remoto. Aunque bueno, si acaban perfeccionándola de forma que podamos interpretar desde casa en pijama, lo mismo no es tan mala idea al final. ¿Qué pensáis los demás al respecto? ¿Habéis interpretado así alguna vez? ¿Os atrae la idea de la interpretación en pijama?

6 cosas que no debes hacer si quieres ser intérprete de conferencias

Hace ya un tiempo que recibo consultas por parte de profesionales y estudiantes a los que les gustaría adentrarse en el mundo de la interpretación de conferencias y no saben muy bien por dónde empezar. Para mí no resulta ningún problema compartir mis experiencias y aconsejar, en la medida de lo posible, basándome en lo que he vivido. Sin embargo, yo también soy humana y como humana me equivoco. Hace unos días me descubrí en casa cayendo en una práctica muy poco profesional que, de haberme ocurrido en público o durante el tiempo que cursé el máster me hubiera acarreado una buena bronca por parte de algún profesor.

Y es que a menudo nos centramos en lo que debemos hacer para ser buenos intérpretes y dejamos de lado la cuestión, no menos importante, de lo que no debemos hacer. Por eso considero que no está demás hacer un breve repasito de las conductas negativas que pueden perjudicar nuestra labor como intérpretes de conferencias.

  1. Trasnochar: amigos de la noche, tanto si bebéis como si no, aparecer en cabina por la mañana con “cara de ayer” y olor de taberna no va a ayudaros nada profesionalmente y dañará sobremanera vuestra imagen profesional. El cuerpo puede aguantar, pero las neuronas necesitan descansar. Aún no he conocido a nadie que haya sido capaz de interpretar un discurso de forma medianamente coherente después de una noche en blanco (esto se aplica también a los estudiantes que se quedan repasando discursos hasta altas horas el día previo al examen). Y por si existen excepciones a la regla no voy a ser yo quien experimente.
  2. Usar perfumes antes de entrar en cabina: no me malinterpretéis, estoy totalmente a favor de mantener unas reglas básicas de higiene corporal (que incluyan, por supuesto, mantener el cuerpo limpio y perfumado), pero quien sabe lo que es estar en una cabina durante más de una hora, con un colega al lado, liberando ambos la adrenalina y el sudor propios del estrés de la profesión, entenderá perfectamente que bloquear las fosas nasales con un intenso “Chanel nº 5”, por muy agradable que su olor en otros espacios pueda ser, va a traer más de un dolor de cabeza (en sentido literal). Y vamos a ser sinceros, que el intérprete salga desmayado de cabina no da muy buena impresión que digamos.
  3. Usar palabras malsonantes: -Pero, ¿si estoy en casa viendo el fútbol y el árbitro se porta como un hijo de … y no pita una falta?. Pues llámalo malnacido, desgraciado, hijo de mala persona o cuantas otras formas originales de no dañar los oídos ajenos se te vengan a la mente. En una situación de estrés, como las que suelen vivirse interpretando, muy a menudo nuestra mente nos traiciona y nos da alguna respuesta automática. Es normal, nuestro cuerpo funciona por estímulos. Y lo que no se corrige fuera, es muy difícil de corregir dentro de la cabina. A eso hay que añadir que en la gran mayoría de los casos estaremos interpretando a personas con un nivel educativo y social elevado (que sí, también pueden perder los papeles, pero nunca acabarán tirándose de los pelos como marujas de barrio). El español es una lengua muy rica y el intérprete, por naturaleza, un profesional muy imaginativo. Siempre podemos mandar a freír espárragos o a hacer puñetas, pero por favor, si eres de los de blasfemar en público, empieza a trabajar en las modificaciones en tu vocabulario desde ya.
  4. El cafelito antes de interpretar: Los amantes del café se llevarán las manos a la cabeza y dirán que tampoco hay que ser exagerados, que un café tampoco hace daño a nadie. A ver, como he dicho antes, yo también me equivoco. Pero tened en cuenta lo siguiente, imaginemos la situación descrita anteriormente con el perfume: el intérprete de conferencias X llega con tiempo al lugar de la interpretación y como se siente un poquito cansado decide tomarse un café para estar a tope durante la interpretación. Se encuentra en el punto álgido de la liberación de adrenalina y sudor mencionada anteriormente con el añadido de que, el café, por si todavía hay alguien que no lo sepa, tiene efectos laxantes. Pensadlo por un momento: vuestro compañero de cabina os lo agradecerá.
  5. Fumar: ¿Y lo bonito que queda interpretar al “Presi” o al Rey con voz de camionero?. Por no mencionar lo útil que es apretar el botón de mute cada 5 segundos para poder toser o esa agradable sensación de ir quedándonos sin aire poco a poco mientras interpretamos a ese parlamentario vehemente que critica sin parar la gestión de su adversario hasta hincharse como un globo a punto de explotar. Creo que a este punto le sobran las explicaciones. Fumadores, si queréis ser intérpretes de conferencias, ya tenéis la excusa perfecta para acabar con el vicio. Vuestra salud y vuestro bolsillo os lo agradecerán.
  6. La cervecilla entre horas/cervecilla durante las comidas: ¿También la cerveza?. Hombre, a menos que tengas la jornada laboral perfecta, de 9 a 3, y puedas irte a casa a descansar todas las tardes, ya me dirás. Si con el café nos ponemos como nos ponemos, tenemos en cuenta que el almuerzo nos dejará con sueño para la interpretación de la tarde y encima le añadimos, para favorecer la digestión, “una cruhcampo bien frehkita que ehtamos a 38 grados a la sombra”, vamos a tener que hacer turnos con el compañero de cabina para ir durmiendo la siesta por etapas. O eso o mantener el tipo hasta el final y salir a celebrar el fin de la jornada con una o varias (ojo, sin trasnochar que las neuronas se resienten).

Estos consejos pueden parecer, a simple vista, obvios, pero no es extraño que se nos pasen por alto en alguna que otra ocasión. Sé que me dejo mucho en el tintero y espero que con vuestras aportaciones pueda acabar realizando el decálogo del buen intérprete de conferencias. Pero, por el momento, creo que estos puntos dan para reflexionar un poco.

Al fin renovada

Ya hacía bastante tiempo que no publicaba y, la verdad, no ha sido por falta de ganas.

Tanto el estilo como el nombre del blog anterior no me convencían en absoluto, pero, como suele ocurrir con todo lo que se hace con prisas, lo fui dejando pasar hasta que ya no conseguí identificarme más con él.

Este nuevo diseño y su contenido son el fruto del trabajo de la misma persona, pero con objetivos y perspectivas diferentes. Un blog que me representa más, que muestra más al mundo qué es lo que siento y cómo me siento dentro de mi realidad profesional.

He decidido relanzarlo al comenzar el nuevo año: necesitaba unas buenas vacaciones para poder ver claro qué es lo que quiero y cuáles son mis metas. Este 2013 se presenta cargado de novedades, muchas incertidumbres y, con certeza, muchos aprendizajes.

Me encuentro envuelta en pleno proceso de preinscripción para las pruebas de intérpretes de la ONU y para las pruebas de selección de intérpretes freelance del SCIC, de las que escribiré desenlaces e impresiones durante los próximos meses. Al acabar el 2012 me vi obligada a dejar a la mayoría de mis clientes (sin contar a los que ya me habían dejado) por motivos éticos, financieros y de índole diversa, por lo que me encuentro ante un futuro que se presenta absolutamente en blanco, volviendo a nacer como profesional sin olvidar lo aprendido y con mucha vitalidad para poner en pie los múltiples proyectos que se avecinan.

No faltan por delante retos: las ya mencionadas pruebas, la búsqueda incesante de nuevos colaboradores/clientes, cursos, seminarios y encuentros profesionales y, sin querer adelantar planes que aún están en mi cabeza, la posibilidad de una mudanza geográfica a gran escala (puede que por tierras cercanas al meridiano de Greenwich).

Todo esto y mucho más en las próximas entradas.

Feliz año nuevo a todos (aunque con retraso, pero nunca viene mal)

Este es el comienzo de una hermosa amistad

Querida María:

Acabo de enviarte el pago de la traducción. Como comprobarás cuando realices la consulta, he ingresado unos 12€ adicionales, por si había que contar con comisiones bancarias. El resto del importe guárdalo y, si no te importa, lo descuentas en el próximo encargo, que ya sabes que las cosas no están demasiado bien.

Saludos, Johny

El texto anterior es una traducción de un email que me envió Johny, un compañero traductor, hace pocas semanas. Johny acaba de abrir una agencia de traducción y, como toda empresa, los comienzos no son nada fáciles. A las dificultades, conocidas por todos, de conseguir encargos y hacer que el cliente pague se ha añadido, recientemente, la necesidad de expandir su base de datos de colaboradores, tarea harto difícil si se tiene en cuenta la falta de tiempo y de personal para realizar y corregir los tests de los nuevos colaboradores.

Mi caso fue diferente, yo fui recomendada por un cliente de bastante confianza, amigo íntimo del susodicho Johny, quien, agradecido por poder contar con una traductora de confianza (iba recomendada por su amigo íntimo y colega profesionalísimo) no ha dudado en mostrarme de esa forma su agradecimiento por el buen trabajo realizado. No es que sea el método más ortodoxo para ganarse la confianza de un colaborador, pero no deja de sorprenderme por su originalidad y eficacia. Original porque ha hecho algo que pocas personas hacen hoy en día: pagar por adelantado a un profesional digno de su confianza y eficaz porque ha conseguido ser mi nuevo cliente favorito (y de paso comprometerme a estar ahí cuando surja un nuevo encargo).

Y todo esto me ha llevado a reflexionar sobre la efectividad de las actividades de marketing que nosostros, los autónomos, llevamos a cabo para dar a conocer nuestras actividades. Se habla hoy en día de innovar, quien no innova se estanca y se pierde entre la multitud de iguales que tienen exactamente el mismo producto o servicio para ofrecer. Se habla de destacar; si no destacamos estamos condenados a una vida profesional nada halagüeña y a tener que vivir constantemente demostrando que somos en realidad buenos profesionales.

No voy a entrar a debatir sobre la facilidad o dificultad de encontrar buenos profesionales en los que poder confiar en calidad de colaborador, pero, a juzgar por el optimismo de Johny, no debe ser tarea fácil. De lo que no cabe duda es de que ha sabido vender una nueva estrategia que, por qué no, aunque rompa todos los esquemas de la ortodoxia profesional, no deja de hacerlo destacar muy positivamente.

Y no es que 12€ vayan a sacarme de pobre, pero son de agradecer (y son todo un detalle viniendo de un cliente nuevo). Así es como él muestra su agradecimiento por la confianza depositada y correspondida, así es como se gana el afecto y la fidelidad de un nuevo colaborador (que tal vez considera un buen profesional al que no le gustaría perder) y así es como consigue, imagino que en parte, generar un feedback positivo por parte de quienes trabajan con él que no puede sino generarle una buena imagen y una buena reputación ante clientes potenciales y futuros colaboradores.

Ha innovado, ha destacado y no ha dejado de mostrar que es un buen profesional.

Quizás deberíamos plantearnos romper las reglas y ser un poco más originales a la hora de promocionarnos.

No sé qué os parecerá a vosotros, pero yo presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad…

La frialdad de la lengua extranjera

Hoy, después de algún tiempo, he tenido que volver a enfrentarme con un viejo enemigo. Y esta vez me ha ganado (por ahora).

Lo tenía todo preparado en mi cabeza. El cliente buscaba traductor exactamente con mi perfil: combinación de idiomas, experiencia, dominio de X herramienta de traducción asistida… Solo me faltaba una cosa: pasar mi esquema mental de la carta de presentación de mi cabeza al papel (en este caso a la pantalla del ordenador) y a esperar.

Pero no he podido. ¿Por qué?. Por algo que puede parecer muy estúpido y, sin embargo, no deja de hacérseme cuesta arriba: el cliente era español. Sí, sí, español de España, vamos. Y con castellano como lengua materna.

¿Cómo algo aparentemente tan simple se puede convertir en tal dolor de cabeza?. A simple vista solo se trataba de intentar venderle mis servicios a alguien que me entiende perfectamente, que conoce en bastante profundidad los matices que le describo en mi carta de presentación y dejar que se forme la opinión que yo quiero que se forme de mi. Pero no lo he conseguido; me sentía “demasiado subjetiva” (si es que esa sensación se puede describir con palabras).

No es ni mucho menos el primer cliente español al que me he dirigido, pues en cuanto salí de la facultad bombardeé a cientos de agencias en busca de un puesto en plantilla; pero en aquellos tiempos estaba “tan verde” que ni mis conocimientos ni mi noción del mundo laboral me hacían percatarme de la importancia que una buena presentación ante clientes en potencia en mi lengua materna.

Así, durante los últimos meses he estado buscando clientes extranjeros, puliendo al máximo mis “writing skills” hasta el punto de casi llegar a convertirme en una crack del automarketing, claro, lo veía todo como desde fuera (incluso después de horas redactando y revisando cartas de presentación).

La conclusión a la que he llegado tras horas de reflexión es que, debido al alejamiento que me supone escribir en una lengua con la que no me identifico (podré llegar a dominarla, pero nunca será mi lengua materna) me proporciono un grado de “objetividad” hacia mi misma que no experimento con el castellano( llamémoslo mejor “frialdad”, que objetividad y curriculum no suelen ir de la mano precisamente) . De esta forma le explico a una persona X que tal persona que se llama como yo y que es exactamente igual que yo saber hacer esto y esto que podría interesarle y me quedo tan tranquila sabiendo que me entiende.

Por poner un ejemplo más claro: La sensación es la misma que si miráis fijamente a una persona a la cara y le decís un “I love you” que lo deje frío. Pues sí, puede quedarse frío y sentirse la persona más maravillosa del mundo, pero seguro que tú no te sientes igual que si le sueltas  un “te quiero” de esos de los que salen de dentro, aunque la intención sea la misma.

Resulta cuanto menos paradójico pensar que la lengua que llevo hablando durante toda mi vida, en la que me he formado y con la que mejor expreso todo lo que pasa por mi cabeza, incluso aquellos sentimientos que tienen difícil explicación con palabras, sea aquella que más obstáculos me anda poniendo en mi desarrollo profesional (y no es porque no la domine, sino porque siento que me involucra demasiado en todos los procesos de mi vida).

Parece como si en nuestra mente estuviera justificado que, al escribir en una lengua extranjera, es evidente que podemos cometer pequeños fallos de expresión y estos están más que perdonados. Fallos, sin embargo, que no tienen justificación ninguna al expresarnos en castellano, pues es la lengua a la que traducimos y es en la que, a fin de cuentas, tenemos que demostrar que realizamos el trabajo excepcional que decimos realizar al vender nuestros servicios a un cliente en potencia. Si el cliente pilla el error, ¿será indulgente?. Claro que no. Si contrato los servicios de un traductor que trabaja hacia su lengua materna es porque sé que la domina a la perfección y si no es capaz de presentarse en castellano sin cometer errores de expresión… ¡Estamos apañaos!

Así que en esas me encuentro, dándome de cabezazos con un muro invisible que yo misma tengo que romper antes de que el temor se convierta en miedo y el miedo en trauma y todo ello me bloquee por completo.

Mañana lo volveré a intentar, a ver si mi mente está más inspirada.

See you soon, babies!

Cuando la oportunidad llama a tu puerta

Nunca me ha gustado que me regalen nada (en sentido estrictamente profesional), pues me he imaginado a mi misma labrándome una carrera de éxito basada en el trabajo y el esfuerzo (algo así como el sueño americano made in Sevilla). Creo firmemente que los regalos o las oportunidades que caen del cielo nos aportan grandes alegrías, pero estas son infinitamente mayores cuando proceden de un gran esfuerzo fruto de un largo periodo de planificación, que trae como consecuencia la realización de “sueños” profesionales.

 
El problema es que, en los tiempos que corren, conseguir una oportunidad era es algo menos que imposible. Me he quejado una y mil veces, no de que no haya trabajo, sino de que nadie me ofreciera una oportunidad. Nos encontramos ante la misma historia de siempre: para acceder a un buen puesto de trabajo debes poder demostrar experiencia, para poder demostrar experiencia es necesario haber trabajado. Así, se produce un círculo vicioso del que los job seekers noveles tienen grandes problemas en salir.

 
En ese estado de jubilada amargada me encontraba yo, dándole vueltas a mis perspectivas laborales en un futuro cercano (e incierto), cuando un alma caritativa (de entre las pocas que pueden contarse hoy en día) decidió darme un voto de confianza y ofrecerme mi primera oportunidad de demostrar al mundo mi valía profesional. No es una oportunidad laboral, es una oportunidad de autorealización profesional, lo que supone todo un reto. Pero, ¿qué es la vida sin desafíos?

 

Así que durante las próximas semanas me meteré en una cabina a interpretar unos talleres medioambientales organizados por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (más conocido como FEDER), junto a profesionales de AIIC con más años de experiencia a sus espaldas de los que yo pueda imaginar.

Es todo un reto, sí; pero me encantan los retos. Lo único que quería era una oportunidad y esta, de una forma o de otra, ha llegado. No es que no esté contenta, pero no puedo menos que estar acojonada acongojada al pensar en quiénes serán mis collegas durante las jornadas. Y, como todo reto, puede suponer un fracaso estrepitoso en mi carrera y mi suicidio profesional, aunque yo prefiero verlo como la posibilidad de dar un gran impulso a mi vida laboral.

¿Que cómo lo he conseguido? Pues siguiendo el método tradicional de mi madre para conseguir trabajo/hacerte escuchar: mucha humildad y ser cansina hasta matarlos de aburrimiento. A mi me ha funcionado, después de más de 1 año persiguiendo a profesionales y posibles clientes, cuando ya había perdido la esperanza de poder meter la cabeza en el “mundillo”.

Creo que si yo he podido cualquiera puede (siempre que sea constante y no se dé por vencido ante la avalancha de noes que va a recibir). Con humildad y paciencia (y siendo conscientes de nuestras limitaciones) se pueden conseguir grandes cosas.
Ahora a mantener el tipo y a mostrarse a la altura 🙂

 

PD: Lo que normalmente dice mi madre es: “Hay dos tipos de personas: las que consiguen las cosas porque son los mejores y las que las consiguen por cansinos. Si no eres la mejor, por lo menos sé la más insistente. Al final, aunque solo sea para que dejes de dar la lata, más de uno te dará una oportunidad”. No es que tenga mucha base científica, pero a mi me ha funcionado

Interpretaciones que te devuelven la vida

Después de tanto tiempo esperando, por fin llegó tan ansiado y, a la vez temido, evento.

Tras un mes preparando los glosarios, estudiando la vida y milagros de los ponentes y desesperada ante mis notas horrorosas (pero no por ello menos eficaces), me desperté el día en sí a las 7:15 con un dolor de cabeza que tumbaría a un gigante, tras una larga noche de insomnio cortesía de Antena 3 y sus películas de terror, dispuesta a hacer la interpretación de mi vida.
Cuadernito en mano, ristra de bolígrafos en el bolso (por si acaso), empecé a revivir intensamente los momentos previos a mi examen de final de máster… y el pánico se apoderó de mi.

Desde siempre he tenido una gran confianza en mi memoria (actitud que tanto profesores como colegas han alabado), pues esta siempre me ha ayudado a la hora de recordar detalles y anécdotas de los discursos; pero soy muy consciente de que la memoria no lo es todo en interpretación y, en ese momento, la evidencia se hizo patente.

Así que no me quedó más remedio que armarme de valor y presentarme allí, delante de una treintena de personas que no había visto en mi vida (30 personas son muchas si las ves a todas sentaditas mirándote con cara de interés), respirando profundamente y repitiéndome una y otra vez que todo intérprete pasa por eso varias veces en la vida.

De izquierda a derecha: cuadernito de notas, bolígrafos A, B y C (por orden de importancia). Falta el micrófono, que es uno de esos inalámbricos que pesan más que yo.

Y al final… pues al final fue más de lo mismo, el que trabaje habitualmente como intérprete conocerá esta historia de memoria. Los ponentes, más que acostumbrados a dar charlas con intérpretes, estaban en su salsa, el público la mar de interesado no le quitaba los ojos de encima, como todos provenían del mismo “mundillo” la charla fue de lo más distendida, me sentí tan cómoda (después de haber esperado una enumeración de todos los tecnicismos listados en el diccionario cualquier cosa era agradable) que hice mi trabajo como mejor sabía hacerlo y, al final, todos a casa contentos.

No hubo juegos de palabras enrevesados, ni chistes verdes que solo ellos comprendían, ni referencias irónicas al último discurso de Obama… Solo personas charlando tranquilamente de lo que les gusta e intercambiando ideas.

Si es que a los intérpretes nos gusta ponernos en lo peor. Las notas se adaptan a la situación en que se encuentre el intérprete en cada momento y, en mi caso, volvieron a cumplir su función (y yo con miedo a que la mano se me hubiera oxidado en este tiempo).
Personalmente fue una experiencia que elevó al máximo mi autoestima profesional, me confirmó algo que ya sospechaba: que puedo hacerlo y, en cuanto a mi posición profesional, me ayudó a reafirmar algo que se me estaba empezando a olvidar, que ante todo amo mi trabajo.

 
Y es que no hay nada como el trabajo bien hecho. Y a vosotros, ¿qué os hace profesionalmente felices?

Revisiones que inducen al suicidio

  Acabo de terminar una revisión que me ha tenido al borde del suicidio durante las últimas horas. Y no hablo precisamente del suicidio profesional, pues hubiera sido el colmo, sino a las ansias de agarrar el primer objeto punzante que pasara cerca de mí y acabar con mi sufrimiento.

El cliente tenía bastante prisa; por lo que se ve el traductor le había entregado el documento pasado el plazo y, desgraciadamente, no era esa su única desgracia.

Hace unos meses leí una entrada interesantísima en el blog El traductor en la sombra sobre el destrozo que algunos revisores hacen al trabajo del traductor. Y no se trata simplemente del destrozo del trabajo, propiamente dicho, sino también del destrozo moral que provoca en el traductor ver el esfuerzo dedicado al buen desempeño de un trabajo desprestigiado por nimiedades que en nada ayudan al traductor y poco o nada aportan a la traducción.

Tales “tiquismiqueces” (neologismo made in YO para referirse a la saña con la que atacan algunos revisores) perjudica muchísimo y, con eso en mente, me dispuse a trabajar como una revisora ejemplar (lo que mi cabeza define como “ejemplar”, que con certeza distará bastante de lo que piensen otros).

Así, fui dejando pasar detalles lingüísticos mejorables, en pro de la autoestima del traductor (a fin de cuentas hay muchas formas de expresar una misma idea, aunque cada uno tengamos nuestro término preferido) hasta que mi ética y mi pudor lingüístico me obligaron a meter mano al asunto.

Y no es que el texto estuviera mal, no, es que podría haberlo redactado mejor cualquier alumno de secundaria. Calcos alarmantes, ausencia de mayúsculas en todos los inicios de frase, utilización de los signos de exclamación e interrogación como si de un mensaje en un chat se tratara, lenguaje totalmente robótico…

No quiero ensañarme con el traductor, pues todos estamos en el mismo barco y un mal día puede tenerlo cualquiera; pero el texto no era difícil y las normas básicas de traducción que se nos enseñan en la facultad (por básicas que sean) no fueron respetadas. Lo que me lleva a pensar que se trate de dos posibilidades:

1)      Que el traductor del texto aún sea estudiante y haya mentido en el currículum diciendo que es traductor o,

2)      Que sea alguien ajeno a la traducción y se haya aventurado alegando “que traducir lo puede hacer cualquiera”.

No quiero entrar en peleas sobre el intrusismo profesional o la falta de preparación de nuestros estudiantes de TEI, que es fin de semana y ante todo quiero buenas vibraciones, pero una cosa debería quedar clara a todos los que se dedican a traducir o quieren dedicarse a ello, profesionalmente o por hobby:

LO MÁS IMPORTANTE PARA PODER TRADUCIR ES DOMINAR TU LENGUA MATERNA

Algunos discreparán y dirán que hay otras cosas más importantes; pero lo que está claro es que no se puede traducir o interpretar sin dominar la lengua materna. Y eso no es cosa de dos días ni se aprende solo por haber nacido en tal o cual país. La lengua, en todas sus formas, se aprende estudiando, leyendo y redactando y, por supuesto, equivocándose. Pero el momento de equivocarse no es precisamente cuando se está traduciendo. Eso va para todos, porque quien no tenga el respeto por la lengua materna por bandera y crea que solo por hacer nacido en un país ya domina la lengua a la perfección nos está ninguneando a todos los del gremio y dejándonos a la altura del betún.

Por parte del cliente debo decir que tampoco me daba mucha pena. Ya he trabajado con él algunas veces y me consta que es de los que creen a ciegas en los currículums y no hacen pruebas de traducción. Esto vale para algunos porque no tienen tiempo para corregir pruebas y para otros porque son conscientes de que si no hacen prueba pueden aceptar “a cualquiera” y, con ello, pagar la tarifa que les venga en gana.

La clave para establecer una buena relación con un traductor es, desde mi punto de vista, realizarle una prueba que se adapte a sus características, por lo menos para comprobar si es apto o no para el puesto y no venir llorando después porque hizo la mayor chapuza de la historia.

Hasta aquí mi punto de vista. Como veis hoy me he levantado en pie de guerra y con ganas de reclamarle al mundo.

Y a vosotros ¿qué os saca de quicio en vuestro trabajo?

Nadie es profeta en su tierra

Dicen que nadie es profeta en su tierra; que el éxito viene antes de cualquier otro lugar que de donde uno es conocido y apreciado.

Nunca he entendido por qué.

Hace unos meses leí en algún blog de un intérprete que normalmente las agencias lo contrataban para interpretar en la ciudad Y cuando vivía en la ciudad X y de tanto que lo llamaban decidió mudarse a la ciudad Y, donde ya nunca más le volvieron a llamar esas agencias. El motivo – le decían los clientes – era que la comodidad hace que el profesional se relaje y pierda ambición y, con ello, profesionalidad.

¿Para qué te vas a esforzar en hacer tu trabajo mejor cuando este te llueve del cielo y lo tienes a un paso de casa? Cuando se solicitan intérpretes para algún evento los profesionales de fuera saben que están en desventaja frente a los profesionales locales; por ello, se esfuerzan al máximo en el envío de las solicitudes y en la preparación del evento, dejando la imagen profesional del intérprete local bastante perjudicada.

Esto es, en resumen, la exposición de motivos que le dieron los clientes al escritor del blog para justificar la contratación de intérpretes de fuera, quien, por su parte, tuvo que buscarse, con bastante éxito, nuevos clientes en su nueva ciudad.

Desde mi punto de vista es una solemne idiotez.

El motivo de mi entrada es, sin más rodeos, que después de un año vagando por medio mundo en busca de un lugar donde asentarme, me han llamado de mi tierra natal, Sevilla, para una interpretación (en realidad para dos, pero una he tenido que rechazarla por falta de tiempo).

He escuchado durante el último año retahílas interminables de otros intérpretes profesionales sobre lo mal que anda este sector en nuestra ciudad, sobre la necesidad de buscarse otros trabajos (a menudo varios) y sobre la falta de valoración profesional de los intérpretes.

Dejando a un lado el punto 3, considerándolo una enfermedad crónica de nuestra profesión, he tenido ocasión de meditar bastante sobre los puntos 1 y 2. No quiero ilusionarme demasiado y pensar que a partir de ahora llegará la buena racha, asumiendo que los de mi tierra se quejan de vicio son un poco quejicas (no solo los intérpretes, sino el sevillano en general), porque me parece desconsiderado con mis colegas, que tienen muchos más años de conocimiento del mercado local, pero tampoco quiero dejarme arrastrar por el pesimismo reinante y perder la oportunidad de dar a conocer mi talento en el lugar que me vio nacer (y formarme). Creo que puede ser una buena oportunidad para meter la cabeza (¡por fin!) en el mercado local y, desbordando un poco de positivismo (¿por qué no?) ser profeta en mi tierra.

 

¿Sonarán las campanas? La crónica y el resumen de la experiencia los dejaré para futuras entradas.

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