De cabinas y glosarios

La autora


Me llamo María Fernández-Palacios y soy intérprete de conferencias, traductora y emprendedora. Si deseas contactar conmigo puedes hacerlo a través de la sección de Contacto

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El caso del ponente tímido y el power point no apto para miopes

Érase una vez un inventor que tenía que  presentar ante un público muy distinguido el nuevo producto que había inventado. El producto, revolucionario en su sector, se hizo muy famoso, pues estaba pensado para ayudar a muchas personas con problemas. Por esta  razón, nuestro amigo el inventor fue  viajando por todo  el mundo para presentar su producto,  y claro, como no sabía hablar todas  las lenguas del mundo le recomendaron que contratara a un intérprete.

-¿Cómo lo haré?- se  dijo- Si yo nunca he trabajado con un intérprete.
-No te preocupes- le comentaron- tu habla que el intérprete se  encargará de traducir.

De esta forma, nuestro amigo el inventor siempre llamaba a un intérprete cuando iba a presentar su producto. Pero esto no bastaba,  ¡el público se le quedaba dormido!

-¡Ya sé!- pensó- ¡Haré  un power point y pondré muchas fotos bonitas!

Y con esta idea en mente nuestro inventor llegó a Sevilla, donde conoció a una tímida intérprete  que le  preguntó si podría hacerle el favor de entregarle  una copia de su presentación, para poder hacerse una idea de lo que iba a contar y así poder transmitir mejor su mensaje.

-Oh, no, si no es nada, son solo un par de fotos para no perder el hilo de lo que voy a decir, nada específico, no contiene información, son solo algunas notas…

Ante su insistencia empezó a ponerse nervioso y tuvo que pedir a uno de sus compañeros que le explicara amablemente a la intérprete que no pasaba nada, que la  presentación sería corta y muy fácil, porque le  gustaba que su público tuviera tiempo para asimilar la información y que por eso hablaría despacio.

A regañadientes, la intérprete entró en cabina, dándose  cuenta en el acto de que la pantalla estaba a unos 10 metros de distancia y que su silla era demasiado pequeña para acercarse al micrófono y ver la pantalla al mismo tiempo. Pero ya era demasiado tarde. Entre murmullos de expectación comenzó nuestro inventor su presentación en un despliegue de fotos, esquemas y diagramas que nuestra intérprete apenas alcanzaba a atisbar. Pero se le acababa el tiempo; entre el público se escuchaban estómagos hambrientos y la intérprete, otrora serena en su silla, se hallaba agazapada contra el cristal de la cabina. Se puso nervioso, no lo pudo evitar. Las palabras se le escapaban de la boca como el humillo se escapa del  pitorro de una olla exprés mientras sentía como pasaba del blanco al rojo y del rojo al púrpura en tan solo unos segundos. Veía consternado como una parte de su público giraba la cabeza hacia atrás con preocupación,  donde creía recordar, unas horas antes alguien había instalado una cabina.

Y de pronto todo acabó; el público no quiso hacer demasiadas preguntas y el organizador lo llamó para la foto oficial en el exterior. Así,  nuestro ponente salió de la sala, dejando a su intérprete agotada en una silla mientras una amable camarera del catering le insistía para que aceptara una cerveza porque ese día “se la  había ganado”.

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Villancico rapeado del intérprete en cabina

Apaga el micro para beber

Apaga el micro para toser

Si glosarios y documentos vas a revisar

el micrófono entonces deberás apagar.

Apaga el micro para comentar

con tu compañero el vocabulario que usarás.

Y si en cabina quieres reír.

Switch off the mike, please!

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¡FELICES FIESTAS Y UN MÁS QUE PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Consecutiva y medicina: ¿de verdad son tan amigas?

P1020943Últimamente, la mayoría de las interpretaciones que me surgen tratan sobre medicina o están íntimamente relacionadas con algún tema médico y todas, absolutamente todas, han sido en consecutiva.

Esto me ha llevado a plantearme ciertos problemas o inconvenientes (a lo mejor soy la única a la que le suponen un problema) derivados de la toma de notas, hasta tal punto de tener que modificarla para adaptarla exclusivamente a la realidad médica de una interpretación en concreto (y, por tanto, no siendo válida para ningún otro encargo).

Vaya por delante que yo soy de la vieja escuela y que todavía no he podido subirme al carro de la interpretación en tablet (hubiera vendido a mi madre a cambio de poder asistir al taller de Esther Navarro-Hall sobre sim-consec, pero mis circunstancias en aquel momento no me lo permitían), por lo que servidora ya es experta en pasearse por hospitales, libretita y bolígrafo en mano. Tampoco se trata, a mi juicio, de un problema de oxidación por falta de práctica, sino más bien de sentirme cómoda con el sistema de notas en sí (por lo que comentaba más arriba de verme obligada a modificar según cada encargo).

A los intérpretes se nos dice que tenemos que respetar el significado y no la palabra, aunque creo que esto se aplica a todas las disciplinas excepto a la medicina. En medicina, la utilización de un término concreto y no otro es vital y es lo que establece que una interpretación esté bien o mal y, en este sentido, creo que el sistema de notas tradicional se queda un poco corto.

La toma de notas que se enseña en el manual de Rozan, en el que se basan las técnicas que me enseñaron cuando estudiaba interpretación y que se sigue enseñando (creo) en los másteres y posgrados de interpretación (con algunos añadidos y pequeñas modificaciones) está orientada al ámbito político (y a todo lo que tiene que ver con la interpretación de conferencias de alto nivel) y, si bien es cierto que, como intérpretes, se nos dota de recursos para poder adaptar el sistema de notas a nosotros mismos considero que ni siquiera la “personalización” de una forma de toma de notas aplicable a cualquier esfera del saber es comparable con las notas que deben tomarse en medicina.

Tal vez mis colegas que hayan cursado másteres de interpretación en los Servicios Públicos no se enfrenten a esta reflexión constantemente, pero para mí, que me formé como intérprete de conferencias, es recurrente cada vez que me preparo un nuevo glosario médico para algún congreso o seminario.

Por ahora, y después de mucho tiempo, he conseguido diseñar un sistema de toma de notas que se adapte a mi (o al menos a mi forma de concebir mentalmente las diferentes especialidades dentro de la medicina), más basado en abreviaturas que en símbolos. Es un sistema que, no obstante, haría gritar de exasperación a algunos de mis exprofesores y que me hace plantearme día a día si no habrá otra forma de hacerlo más ortodoxa (dicho de otra forma: ¿seré yo la rara?). Por ahora, y a pesar de lo caótico que pueda ser, ningún cliente ni oyente se me ha quejado, pero nunca está de más preguntar a los demás qué hacen ellos, para no continuar con esta búsqueda, tal vez absurda, de un estilo más “estandarizado”. Si algún colega intérprete me lee y quiere compartir conmigo sus reflexiones o realizar alguna sugerencia serán más que bienvenidas; todo sea por seguir aprendiendo.

A los demás espero veros en el ETIM 😉

PD: Es mi primer “sarao” traductoril y no conozco a nadie, por favor, si me reconocéis venid a saludarme que a mí me dará vergüenza.

Interpretaciones vampíricas

Hay eventos que por sus características o por el público al que van dirigidos (entregas de premios, festivales de cine, galas benéficas…) se celebran de noche y lo habitual, en estos casos, es que el intérprete esté prevenido y, sabiéndolo con antelación, pueda prepararse adecuadamente para la ocasión, organizando su jornada con tiempo.

El problema, sin embargo, reside en aquellos eventos que, aun planificados con bastante antelación para celebrarse de día, sufren algún contratiempo que les obligue a retrasarse (que el ponente se ponga enfermo, que haya un apagón y que los equipos de sonido fallen o, como en el caso de una servidora, que el avión del representante se retrase) posponiendo el evento “para después de cenar” .

Imprevistos, como ya he comentado en algunas ocasiones, puede haber muchos, pero lo principal en estos casos es tomárselo con filosofía y no caer en uno de los principales peligros de nuestra profesión: no estar suficientemente descansados; y de esto puedo hablar por experiencia propia. Es muy fácil caer en la tentación de querer aprovechar las horas que de repente se nos han regalado para hacer algo “productivo” y ponernos a repasar una y otra vez los glosarios para cerciorarnos de que vamos bien preparados, ponernos a responder emails atrasados como locos o quitar algunas de las tareas menos importantes de la lista de cosas por hacer. Y esto, para el intérprete que haya comenzado su jornada laboral por la mañana temprano puede ser especialmente contraproducente.

No somos vampiros (aunque a algunos ya les gustaría) y a menos que podamos conseguir que redbull devuelva coherencia a nuestras neuronas como devuelve energía al cuerpo más nos valdría descansar si queremos continuar frescos más allá de la puesta de sol.

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Dormir una siesta corta, hacer un poco de meditación, cocinar o, incluso, salir a dar un paseo para airearnos un poco son algunas tareas que no ocupan mucho tiempo y que pueden ayudarnos a desconectar momentáneamente sin hacernos perder de vista la difícil tarea que tenemos por delante.

Además, es muy probable que en estos casos las personas a las que vayamos a interpretar estén también casadas, razón de más para que nuestro cansancio no sea una excusa para no crear una comunicación natural y fluida. Aquí, más que en otros casos, se exigirá de nosotros un esfuerzo adicional para proporcionar la información de forma más clara y precisa, ya que el sueño nubla el entendimiento.

Para realizar un buen trabajo, el intérprete debe prestar atención tanto a su cuerpo como a su mente, porque no hay cabeza fresca en cuerpo agotado ni cuerpo que aguante una mente desbordada. No cuesta nada dedicarnos unos minutos al día para cuidarnos y descansar si con ello conseguimos una comunicación óptima y estoy segura de que los clientes lo notarán.

Necesito mis documentos

No, no voy a hablar sobre inmigración ni problemas burocráticos/administrativos; cuando digo papeles me refiero a la documentación. Sí, a la documentación que todo intérprete tiene que prepararse como un loco días antes de sentarse a interpretar para poder realizar un trabajo decente.

Tener información previa y específica sobre el tema que se va a tratar durante el congreso o la reunión en los que se va a interpretar es absolutamente importante, como puede serlo en cualquier profesión hoy en día (no puedo imaginarme a un médico que no revise la historia clínica de su paciente antes de la consulta, ni a un abogado que no se repase todos los detalles del caso antes de exponer una defensa). Al igual que en estos dos últimos casos, contar con la documentación específica que va a utilizarse es también muy necesario.

Con la proliferación, en los últimos años, de congresos internacionales sobre coaching, marketing, redes sociales y otros temas de carácter más general que interesan a un sector bastante amplio de la población se puede tender a pensar que para una “simple” charla de carácter “informal y distendida” no hace falta mucha preparación, al fin y al cabo “no hay mucho vocabulario técnico” (¿a cuántos compañeros no les suena esta situación?).  Sin embargo, es importante hacer ver al cliente que, independientemente de la tecnicidad del vocabulario, ninguna conferencia es fácil. Tipos de ponentes los hay como diferentes tipos de personas en el mundo: los hay ultra formales a los que les gusta mantener las distancias con la audiencia, los hay informales, los hay serios y los hay más cercanos, los hay que quieren integrar en todo momento al público y los hay que prefieren dar charlas magistrales, los hay que usan diapositivas y los hay que no paran de hablar y los hay, por supuesto, los que adoran un determinado tipo de palabras porque se han puesto de moda o simplemente porque les sirven a su causa en ese momento específico.

Lo cierto y verdad es que un intérprete nunca puede saber el enfoque que un determinado ponente va a dar a su exposición  y es por eso nuestra  tarea hacérselo ver al cliente para poder garantizar un trabajo de calidad en las mejores condiciones posibles. Los clientes, a menudo, tienen miles de cosas en la cabeza durante la organización de un congreso y es bastante común que lo primero que se les olvide sea el intérprete. Para conseguir que todo salga bien habrá que hacer un esfuerzo conjunto mientras que, para que algo salga mal basta simplemente un descuido y esto estaría bien recordárselo para que sepan que nosotros, al igual que ellos, también tenemos interés en que todo salga a la perfección.

Al igual que los intérpretes los clientes no nacen sabiendo, todos tienen una primera vez; por eso, nos corresponde a nosotros educarlos poco a poco y tener paciencia con ellos. Dar este paso al principio puede resultar difícil; los intérpretes con más años de experiencia ya estarán acostumbrados a lidiar con este tipo de situaciones, pero entiendo que para el intérprete novel no sea todo tan sencillo. En cualquier caso es muy importante superar la timidez y el miedo al “qué pensará si le insisto demasiado” e intentar, de la manera más diplomática posible hacerle varios recordatorios sobre la importancia de la documentación cuando se vaya acercando la fecha.

No he conocido hasta hoy a ningún cliente que no esté interesado en que el evento que organiza salga perfecto por lo que, aunque con mil cosas en la cabeza, recordarles la importancia de poder transmitir el mensaje con el menor número de obstáculos es una forma de darle visibilidad e importancia a nuestra profesión y de hacerles ver, al mismo tiempo, que estamos comprometidos con nuestros trabajo y que haremos todo lo posible para que todo salga de maravilla.

Dime con quién trabajas y te diré qué tipo de profesional eres

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán; y este consejo puede aplicarse tanto al ámbito personal como al profesional.

La mayoría de las personas que nos dedicamos a la traducción y a la interpretación trabajamos bien como autónomos, bien dando el paso y constituyendo nuestra propia empresa y, para tener éxito, tenemos que crear buenas relaciones de negocios. Siempre ha sido así. Es cierto que como empresarios tenemos que ofrecer algo que nos permita diferenciarnos de los otros y hacer que el cliente nos escoja, pero esta diferencia puede crearse sin tener por qué, necesariamente, aplastar a la competencia, al fin y al cabo al final nos acabamos conociendo todos y no se hace extraño escuchar:  “pues si fulanito hace negocios con setanito a saber qué clase de persona será”. Y es que al final, nuestra forma de tratar a los demás, sean compañeros o clientes, se convierte en nuestra principal carta de presentación y fuente de referencia.

Cuando yo empecé (e imagino que todo aquel que haya trabajado en cabina habrá pasado por la misma situación) no tenía mucha opción de elegir a mis compañeros; por lo general, recibía una llamada del cliente o de algún colega porque el intérprete con el que pensaba contar no estaba disponible y hacía falta alguien más en la cabina. Así ha sido como, poco a poco, he ido conociendo a mis colegas y me he dado a conocer. En este tiempo he tenido compañeros de todo tipo: de los que lo escriben todo, de los que no te ayudan nada, de los que te dan palmaditas en la espalda, de los que te prestan los glosarios, de los que ni siquiera usan glosario… y, evidentemente, con unos te sientes más a gusto que con otros, con lo que, al final, se nota en el resultado.

Pero un buen día las cosas cambian y es el cliente el que te llama a ti directamente preguntándote quién será tu compañero de cabina y ahí es cuando tienes que pararte bien a pensar. Los contactos que hacemos y las personas con las que contamos en los momentos en los que hace falta formar un equipo dicen mucho del tipo de profesional que somos (yo diría incluso que podrían formar parte de nuestra marca y de nuestra imagen profesional) y no es algo que haya que tomarse a la ligera antes de descolgar el teléfono y preguntar al primero que aparezca en la agenda. Hay que buscar colegas en los que se confíe porque, al final, poco importa de quién sea la culpa, la diferencia entre que un cliente quiera o no trabajar más contigo dependerá del resultado y, el resultado, como en los deportes de equipo, proviene del esfuerzo de todas las partes. Y creo que esto también es aplicable a la traducción: muchas veces no podemos realizar encargos por falta de tiempo, pero tampoco queremos rechazarlos para no ofender al cliente y en esos momentos recurrimos a algún colega para que se haga cargo del proyecto. Si no es alguien en quien confiemos plenamente, ¿hacia dónde estamos llevando nuestra carrera? Y no solo eso, las consecuencias de dejar un proyecto personal en manos que no nos ofrezcan mucha confianza puede acarrear serias consecuencias para nuestra empresa y nuestra imagen.

Por todo esto, creo que es muy importante saber hacer buenos contactos entre los colegas de profesión y no verlos simplemente como “la competencia”, porque por experiencia personal puedo decir que muy a menudo ayudan más de lo que obstaculizan. Esto no quiere decir que tengamos que agruparnos con cualquiera, evidentemente tenemos nuestras afinidades: ya sea por especialidad, por política de tarifas, por conveniencia horaria u otros, pero tampoco es que haya que ir poniendo la zancadilla a los compañeros de profesión con los que no compartamos la misma idea de vida profesional.

Desgraciadamente, día tras día escucho a algún colega quejarse de haber sido menospreciado, ninguneado o mentido por algún colega de profesión y esto es algo que me da mucha pena. Ya sea por mi tendencia a la ingenuidad o porque mi experiencia en cabina me ha hecho ver que dos pueden más que uno y los encargos más satisfactorios, hasta ahora, de mi carrera, me los han proporcionado colegas que eran “la competencia” ayudándome a abrirme camino cuando estaba empezando creo que podemos crear una competencia muy sana entre los profesionales de la traducción y la interpretación ayudando a los colegas en la medida de lo posible y acudiendo a ellos cuando haga falta y, si alguien lo utiliza en nuestra contra, bueno, ya pesará sobre su imagen. Creo que ya es hora de dejar atrás la idea del “enemigo” y empezar a ayudarnos entre nosotros si queremos ofrecer, de verdad, buenos resultados. Al final, la gratitud siempre puede más que el resentimiento.

Con el orgullo herido (reflexiones de una intérprete sobre la actuación de Ana Botella, entre otras)

Es de madrugada y no puedo dormir; están siendo unos momentos críticos en el ámbito laboral y cuesta conciliar el sueño entre la maraña de ideas que acosan a mi mente ante la perspectiva de los cambios que se presentan. Llevo una temporada volviendo a darle vueltas a la idea de diversificar, por hacer otra cosa mientras pasa el bache. El insomnio comenzó hace tan solo unos días, cuando comprobé con tristeza que no se trata de un bache, sino de un problema que va para largo. Es un problema anidado en la conciencia colectiva de nuestra sociedad y, por tanto, un problema anclado en lo más profundo de mi mente de trabajadora por cuenta propia.

Problema, la palabra tabú para los intérpretes de conferencia de las instituciones; todo el mundo tiene problemas, todos, salvo nuestros políticos. La sorpresita que se llevaría más de uno si supieran lo que piensan de ellos los ciudadanos de a pie…

En una de estas elucubraciones me encontraba la semana pasada cuando vino a verme un amigo, encuentro del que, por desgracia, solo guardo una frase a modo de conclusión, repicando sin cesar en mi cabeza mientras me martillea el cerebro aturdiendo a mis neuronas cuando más las necesito: “¿De qué te vas a quejar? Si está todo el mundo igual. Además, por desgracia, la actitud de Ana Botella ha dejado muy clara la imagen que se tiene en nuestro país de los intérpretes, es triste, pero hay que ser realistas, puestos a prescindir de algo, es de vuestra profesión de lo que se prescinde primero”.

Triste, en efecto, y no ayudó en absoluto a calmar mi desasosiego.

Mucho he oído las quejas, públicas y privadas, que todo el mundo tenía que hacer al respecto del discursito de esta señora y, puesto que está previsto que el “relaxing cup of café con leche” llegue aún más lejos si cabe que el no menos estruendoso “fin de la cita” de no hace tanto tiempo, creo que ya ha llegado la hora de que yo de la mía (tarde, como siempre, pero existente) como profesional ultrajada. Porque sí, lo confieso, me siento ultrajada. De todas estas quejas no he visto hasta ahora ninguna proveniente de ningún intérprete de conferencias (o intérprete, a secas) en ningún foro, red social o blog, tanto de forma individual como colectiva, y no puedo sino formular hipótesis sobre cómo habrá caído esta pesada losa sobre la autoestima gremial o si a estas alturas seré la única a la que profesionalmente este chorro de agua fría le ha despertado las ansias asesinas. Porque, hablando en plata: esta señora le ha pegado una soberana patada en el culo a la lucha que desde hace tiempo mantenemos los intérpretes de conferencia por defender la importancia de nuestro trabajo con miras a facilitar la comunicación de calidad. Y a la China las negociaciones sobre condiciones salariales u horarios de trabajo, eso ya queda a otro nivel, aquí estamos hablando de calidad, señora Botella, y del respeto a una profesión harto digna. Y que no me vengan con milongas de que se trata de problemas económicos que ya no sé si echarme a reír o a llorar, a ver si vamos a acabar erre que erre volviendo a la acostumbrada retahíla de quejas propia de los que se perciben profesionalmente infravalorados.

Para mí, la actuación de esta señora ha sido un atentado en toda regla contra mi dignidad profesional (sin ánimo de exagerar en lo más mínimo) y puede que este desahogo público me cueste algunos trabajos, pero no creo que lleguemos a ninguna parte con pelos en la lengua.

Así que ahora los intérpretes de conferencia somos prescindibles; muy bien, entonces ¿el dinero de las becas con que se subvencionan muchas de las formaciones de intérpretes, gracias a las cuales hoy en día contamos con magníficos  profesionales en este país también habría sido prescindible? Porque ya no se trata de una simple rabieta de profesional infravalorada; es que como ciudadana contribuyente soy más que consciente de que ese dinero viene de nuestros bolsillos. Que los españoles, a través del Ministerio de Educación, hayan podido costearme una formación gracias a la cual puedo ganarme la vida con una actividad que me gusta no me parece en absoluto despreciable (de hecho estoy muy agradecida por ello), pero me parece una vergüenza y una falta de respeto abusiva que se impongan gravámenes al ciudadano corriente para pagar unos estudios a futuros buenos profesionales que realizarán un trabajo que, como bien ha demostrado esta señora, “no sirve pa’ na”. Y me da pena pensar que más de la mitad de esos estudiantes brillantes tengan que marcharse del país sin devolverle siquiera a sus ciudadanos la inversión que han hecho en ellos.

¿Es que soy la única a la que le hierve la sangre? Seguro que nuestros colegas argentinos han hablado largo y tendido de la patética actuación de nuestra representante mientras aquí, en los gremios más afectados, se hace mutis por el foro. Aquí no, aquí más vale callarse, que ya tenemos bastante poco pan y mucho circo, y para el poco que tenemos mejor llevárnoslo a la boca caliente…

Interpretando a los más vulnerables: la integración de los romaníes en Europa

 flagQue Europa es un continente multicultural nadie lo pone en duda. La Unión de los 27 nos muestra un   panorama de lo más variopinto, en cuyo seno se integran diferentes países, con historias y culturas diversas y a la par interconectadas. El concepto de “multiculturalismo” se ha ido abriendo camino durante los últimos años en los debates del Parlamento y de la Comisión hasta alcanzar un papel preponderante en los discursos políticos de nuestros líderes y representantes ante las instituciones europeas.

La expansión  de nuestras fronteras y la adhesión de nuevos países ha permitido que miles de nuevos ciudadanos ingresen en la Unión y puedan beneficiarse de la libertad de circulación y de elección de residencia de la que gozamos el resto de ciudadanos. Sin embargo, la integración de todos los grupos y estratos de la sociedad en la “sociedad europea” es una tarea ardua que implica, entre otras muchas batallas, la lucha contra los prejuicios y la discriminación. En esta Europa multicultural muchas son las voces que en la actualidad se preguntan qué lugar queda para las minorías étnicas y qué medidas pueden tomarse para evitar su exclusión y marginalización y para que puedan ejercer sus plenos derechos como ciudadanos europeos, sin tener que renunciar a sus características idiosincráticas.

gitanos

El pasado 14 de junio se celebró en Sevilla una conferencia de difusión del proyecto REdHNET, un grupo de estudio sobre las políticas que se están llevando a cabo en los diferentes países europeos para favorecer el acceso de las personas de etnia romaní a la vivienda y la educación.

Esta iniciativa, impulsada por dos antropólogos italianos, cuenta con el apoyo de numerosas instituciones de la sociedad civil y ONGs de varios países de la Unión y está financiada por el Programa de Educación Permanente (Lifelong Learning Programme) de la Comisión Europea. Hasta la fecha, como resaltaron los organizadores, los gitanos son la minoría étnica más numerosa en Europa, a la par que la más discriminada por motivos étnicos y/o raciales y su plena inclusión en la sociedad es un derecho fundamental que no les debe ser arrebatado. Ya nadie cuestiona la importancia del acceso a una vivienda digna o a la educación en la lucha contra la marginalización, especialmente de los niños, que son el grupo más vulnerable y el más propenso a sufrir abusos.

La conferencia contó con un importante elenco de profesionales de todos los sectores a escala local y europea: desde profesores, trabajadores sociales y pedagogos hasta responsables de los Servicios Sociales y políticas de Sanidad de varios de los países representados y en ella se destacaron, como ejemplo a seguir, las políticas implantadas en España para la integración de su población gitana (no en todo íbamos a ser ejemplo de cómo no hacer las cosas), que es, con diferencia, la que presenta los mayores niveles de integración en la vida social de su país de residencia (en comparación con Bulgaria, Rumanía o Italia, donde muy a menudo las personas de etnia romaní ni siquiera tienen acceso a una vivienda con los servicios básicos de saneamiento y electricidad).

La interpretación de esta conferencia fue una experiencia de lo más edificante; no todos los días se siente una integrada, aunque solo sea por unas horas, en un proyecto que puede ayudar a tantos miles de personas de forma directa, ni puede trabajar en un tema que conoce al dedillo (mis compañeros de máster, si es que alguno lee el blog, aún recordarán lo trillados que teníamos los discursos, con todo tipo de opiniones, sobre la integración de romaníes en los diferentes países de la Unión tras la aberrante decisión de Sarkozy y las consecuencias que acarreó tan desatinada resolución).  Además, siempre se agradece poder interpretar un tema ameno en el que, sin duda, fue el día más caluroso de la primavera (y uno de los más ajetreados en Sevilla).

La satisfacción de sentirte la voz de quienes normalmente no son escuchados y la sensación de saber que nuestro trabajo ha servido para hacer posible un intercambio de experiencias y opiniones que acabarán beneficiando a miles de personas es una de las mayores alegrías que este trabajo puede proporcionarme y uno de los motivos principales para levantarme cada día con ganas de seguir avanzando y mejorando en esta profesión. Y eso es algo que no se paga con dinero (aunque a final de mes venga bastante bien) ;).

Hay vida más allá de los exámenes

Ayer, mirando las estadísticas del blog, descubrí con absoluta perplejidad qué es lo que ha llevado a la mayoría de los lectores que han llegado por casualidad a él a entrar y leer lo que escribo y aún después de una noche entera de sueño y un largo desayuno cargado de reflexiones no consigo salir de mi asombro. Esperaba a futuros intérpretes llenos de dudas, profesionales aburridos que quisieran entretenerse con anécdotas de principiantes y me entristeció mucho ver cómo los términos más tecleados en Google por los que los alumnos han llegado a mi blog han sido “cómo controlar los nervios antes de un examen” en sus múltiples facetas.

No quisiera parecer frívola ante la situación de los millones de estudiantes de lengua española que se examinan cada año en sus respectivos países, pero antes de que se me empiecen a arrojar cuchillos sin leer al menos mi humilde opinión me gustaría expresar abiertamente (para eso escribo el blog) porqué esa búsqueda en concreto me parece una soberana estupidez.

El concepto mismo de “examen” es el de una prueba que nos debe mostrar si estamos aptos o no para realizar una determinada tarea con fines a conseguir un objetivo (ya sea profesional o intelectual). No aprobar un examen significa SIMPLEMENTE que la persona que quiere llevar a cabo dicha tarea no está preparada para hacerlo. Y desde mi punto de vista, cada vez que un alumno suspende un examen la humanidad puede dormir tranquila. Pensad por un segundo en el examen de conducir o en un examen de medicina. ¿A quién se favorece dándole en carnet de conducir a una persona que pasado mañana se olvidará de dónde está el pedal de freno? Vivimos en un mundo en el que se nos mete en la cabeza que el examen es un fin en sí mismo, no un medio para conseguir lo que está al otro lado. El que fracasa en un examen ha fracasado en su objetivo, porque su objetivo era aprobar el examen, ¿os dais cuenta del absurdo? Sentir temor, incluso miedo, ante la incertidumbre es algo intrínseco de la especie humana, pero los ataques de pánico que he visto a mi alrededor en los últimos años bien se merecen un buen guantazo.

“Qué fácil parece todo, dicho así, ni que tu nunca hubieras hecho un examen”, pensarán algunos. Pues sí, he sido (y soy, de hecho, debido a mi profesión) alumna; y además he tenido la suerte de ser profesora. Y creedme, no hay vuelta de hoja.

Algunos se justificarán diciendo que cada alumno tiene sus propias circunstancias personales, además de las académicas, que le influyen y agravan su estado de nervios antes de un examen. ¿Cómo puedes saber tú, María, sentada tras la pantalla de tu ordenador, la situación económica de mis padres, que se esfuerzan en pagarme la carrera y necesitan que apruebe porque ese esfuerzo ya ha empezado a asfixiarnos? ¿o que estoy a punto de enfrentarme a la prueba que me abrirá las puertas del sueño de mi vida? Que sí, que sí, que tenéis razón, que cada uno tiene su vida y cada vida es diferente. Sinceramente, ¿no valía la pena que el día aquel que en vez de sentarte a estudiar te fuiste con tus amigos de fiesta no te lo hubieras pensado dos veces? ¿Es mejor, entonces, que estés ahora sufriendo un ataque de nervios por una decisión que no fue la correcta? Porque admítelo, si estás nervioso es porque sientes que no estás del todo preparado para aprobar y, si no estás preparado para aprobar es porque en tu fuero interno sabes que podrías haber hecho más y no lo hiciste; entonces ¿de qué nos lamentamos?. Nuestra vida son decisiones y los éxitos o fracasos que ocurran en ella son las consecuencias de tales decisiones.

Cuando salimos al mercado laboral o, ni siquiera hace falta irse tan lejos, cuando llegamos a la universidad, por ejemplo, nos encontramos con una sociedad cada vez más preparada y elitista. En este mundo hay cada vez menos sitio para los mediocres, por no mencionar siquiera a aquellos que han hecho tal o cual cosa sin mucho interés, por el simple hecho de que tal camino ofrece buenas perspectivas económicas o es que a mis padres les gustaba que estudiara esto. Entonces, ante el terror que infunde la perspectiva de un suspenso ¿no es mejor pensar en el riesgo de no estar preparado?. Pensad de nuevo en el examen de conducir, por favor. Es así de simple, no importa si hemos aprobado o no, lo que importa es que si no damos la talla una vez aprobados estamos jodidos mal vamos. Y creedme, fuera del ámbito de los estudios las segundas oportunidades son más bien escasas. Los coches van a seguir existiendo, por lo que, en caso de suspender, siempre habrá una segunda oportunidad. Somos humanos, nos equivocamos y tomamos decisiones que no siempre son las correctas, pero ¿sabéis qué es lo bueno de esto?. Que nada es definitivo y que siempre podemos volverlo a intentar. Los hay, por supuesto, que deben los nervios a su situación económica (“no me puedo permitir suspender este examen”), pero, en la gran mayoría de los casos, el miedo que nos provoca el suspenso es, simplemente, el daño que vamos a infligir a nuestro ego. Porque vamos a ser sinceros, tenemos una edad en la que papá ya no nos va a castigar sin salir por haber suspendido ni mamá va a pegarnos con la zapatilla por las malas notas. Lo único que puede pasar es que “perdamos la oportunidad”. Perdamos la oportunidad de entrar en esa carrera, de realizar tal o cual trabajo o de aprobar esta o aquella asignatura. Pero me reitero, ¿qué oportunidad pierde aquel que no está preparado?, ¿qué oportunidad pierde, por ejemplo, el aspirante a intérprete que no aprueba el examen de fin de máster? ¿La de trabajar en la Comisión? ¿La de salir del máster a hombros y por la puerta grande? La única oportunidad que pierde el que no ha aprobado es la de quedar en ridículo ante colegas y clientes y la de dar un batacazo tras el que difícilmente podrá levantarse; ¿no es mejor pensar que si no se está preparado ahora ya se estará en la siguiente convocatoria?

A todos aquellos que no se sienten preparados, que están bajos de ánimos o que están tensos pensando en cómo hacer para aprobar el examen os digo: estudiar cuanto y como podáis, llegad al examen seguros y confiados por lo que habéis asimilado y lo que no que no os de miedo, porque por mucho miedo que sintáis ya no lo vais a asimilar; hacedlo lo mejor que podáis y, si por casualidad no aprobáis, tranquilos, no es el fin del mundo. Nadie os juzgará por haberlo intentado, no se os cubrirá de laureles por aprobar ni se os señalará con el dedo si suspendéis. La vida en sí misma es un proceso de aprendizaje en el que no se aprende todo a la primera.

BUENA SUERTE

(Dedicado especialmente a mis hermanos, MªLuisa y José María, que en estos días estarán realizando sus exámenes de selectividad)

Interpretar en tiempos revueltos

Desde que tengo uso de razón no recuerdo haber vivido un solo año sin tener que sufrir el fin de semana del caos ciudadano debido a algún evento político-diplomático en mi ciudad.

Esto, para quien viva en una gran ciudad como Madrid o Barcelona puede ser el pan de cada día, pero para los que hemos crecido en una ciudad de tamaño medio como Sevilla, con una SE-30 propensa a la saturación por el simple hecho de que caigan cuatro gotas más de lo previsto, no es algo que deba tomarse a la ligera. Aún recuerdo aquellos años en los que mi madre me prohibía salir a la calle con mis amigas cuando se acercaba el mencionado fin de semana por miedo a que me metiese en líos.

Sea como fuere, llamémoslo coincidencia o mala leche por parte de la organización, no he conocido en mi vida un solo mes de junio en el que no haya habido tal fin de semana. Sí, ese en el que te blindan las calles y los policías te miran con peor cara que de costumbre debido a la celebración de la cumbre del G-20 de turno, reunión de ministros europeos de X o Y, Cumbre Europea, visita del rey de nosedónde, etc. con sus correspondientes contra-cumbres/manifestaciones. Y no es que no lo entienda, a ver, no seré yo quien diga que Sevilla no es bonita en primavera, pero de lo que nadie parece acordarse en el momento de establecer las fechas es de las temperaturas que suelen rondarnos a estas alturas del año por aquí en el Sur.

Y claro, como no podía ser de otra forma, Murphy decidió poner a prueba la pericia de nuestra joven interpréte que aquí escribe, asignándole una interpretación durante el mencionado fin de semana.

Los datos de que disponemos hasta ahora son: por un lado, está teniendo lugar la clausura del foro “Caminos de Paz: otras voces de Israel y Palestina” que cuenta con la presencia de jóvenes políticos de Israel y Palestina, así como de algunos ministros y ex-ministros y otros cargos políticos  nacionales, la visita oficial del Príncipe heredero de Japón, Naruhito, que comenzará en algunas horas, una manifestación contra los recortes convocada por los sindicatos en la puerta del Ayuntamiento, 35ºC a las 10 a.m., los semáforos, como de costumbre, mal sincronizados y unos 7 furgones policiales más 3 helicópteros en el rango de visión. Por otro lado, la interpretación comenzará a las 11 a.m. a 10km de la capital, exactamente en dirección y junto a la carretera que lleva a la playa (no hay que olvidar que es viernes y hace calor) y hay previstos (si todo va bien, aunque siempre puede haber sorpresas) 2 controles de la Guardia Civil por el camino. Todo ello cuando nuestra protagonista se dispone a subir al coche. ¿Será nuestra joven intérprete capaz de superar la prueba?

más o menos así estaba el tráfico

Más o menos así estaba el tráfico.

A los que ya tienen sus años de experiencia en la profesión está situación les sonará más que familiar, pero nunca está de más recordar, sobre todo a los más noveles, que lo principal en estos casos es mantener la calma y tener paciencia (incluso al parar en ese semáforo en rojo a pleno sol y sentir cómo se te derrite el maquillaje). El intérprete debe estar preparado para cualquier imprevisto y siempre que pueda, salir con bastante tiempo (basta que un día vayamos más justos para que lo menos probable de todas las improbabilidades pueda ocurrir).

Esta anécdota, contada en tono cómico sirve simplemente como recordatorio de que cualquier previsión es poca, ya que nunca sabemos qué circunstancias externas pueden afectarnos cuando vamos a trabajar. Hubiera podido ser peor, por supuesto, imaginad qué hubiera pasado si me paran en un control o cortan parte de la autopista como “medida de seguridad”.

En este caso fue todo bien y llegué a tiempo (aunque no con la compostura que hubiera deseado) a un evento que me enriqueció muchísimo tanto en lo personal como en lo profesional y del que escribiré con más detalles en próximas entradas. Espero, al menos, haber conseguido arrancar una sonrisa de aquellos que se hayan visto reflejados. A fin de cuentas lo peor todavía está por llegar: la vuelta.

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