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¿Quién toma el relevo?

En la formación para intérpretes siempre se hace hincapié en la necesidad de transmitir el mensaje del orador en la lengua de llegada y no sus palabras. De hecho, precisamente por eso nuestra profesión se llama interpretación y no “traducción oral palabra por palabra”, porque se presupone que, una vez que el intérprete capta el mensaje original, lo asimila y lo adapta a su público, teniendo en cuenta las condiciones en las que el orador transmite el mensaje, véase velocidad , frases inacabadas, redundancias…

Durante la formación también se trataba mucho sobre el tema del relais, esto es, la interpretación que se realiza a partir de la interpretación de un compañero y, aunque todos en este mundillo conocemos este concepto, es cierto que las circunstancias del mercado actual no suelen fomentar este tipo de prácticas (principalmente porque las reuniones son cada vez más reducidas y se suele utilizar una única lengua extranjera, o como máximo dos). No voy a referirme a la interpretación para instituciones europeas, donde sí que utilizan mucho esta práctica para interpretar desde/hacia lenguas minoritarias, sino a la situación del mercado privado en España, que es donde tengo más experiencia.

Es muy fácil caer en la trampa que nos tienden las palabras del orador, que a menudo nos obsesionan hasta el punto de querer decirlo todo exactamente igual, pero no hay que perder de vista que, en caso de ser la cabina principal (esa de la que los compañeros toman el “relevo” para poder realizar su interpretación) nuestro público cambia, por lo que debe también cambiar nuestro mensaje y la forma que tenemos de expresarlo.

Hace poco estuve interpretando en un gran evento en el que tuvimos que trabajar en relais y pude darme cuenta de lo fácil que es caer en el olvido y dejar de lado las técnicas aprendidas en lo que a rendición del mensaje se refiere y olvidarse del público que nos está escuchando. Se trataba de una conferencia multilingüe a la que asistían participantes de, al menos, 5 países de Europa más algunos de Estados Unidos, por lo que toda la inversa tenía que hacerse a partir de la interpretación al español del discurso original. Como en la mayoría de los casos, el resultado fue bueno, ya que los compañeros eran muy profesionales y al final siempre saben sacar las castañas del fuego, pero no pude dejar de advertir la situación de agotamiento en la que nos encontrábamos todos y esto se debe a varios factores:

No son solo palabras: cuando el orador hablaba no dejaba escapar solo palabras, sino que transmitía un mensaje. El mensaje puede transmitirse de infinitas maneras posibles, siempre que se haga bien y que el público receptor lo entienda, pero cuando tienes “a tu cargo” a compañeros que trabajan en relais las palabras no bastan, el mensaje debe ser preciso y claro. Podría haberse dicho mejor, sí, pero ya está dicho, y volver a retomar una y otra vez la frase anterior para intentar mejorarla y embellecerla solo causa confusión en los compañeros.

Hay limitaciones temporales: igual que la subtitulación no es doblaje, porque tiene una limitación espacial, la interpretación no es traducción porque tiene una limitación temporal. Y enlazando con el punto anterior no se puede estar retomando la misma idea una y otra vez hasta decirla perfectamente ni expresar todos los detalles con las mismas palabras que el orador: HAY QUE SER CONCISOS. “Fui a mi médico a que me recetara pastillas” envía el mismo mensaje que “fui al médico de cabecera a que me recetara pastillas”, pero en menos tiempo; “son las dos y diez y nos vamos a comer” es igual que “son las dos y diez de la tarde y nos vamos a comer”, aunque hay una gran diferencia entre la primera y la segunda: el compañero que interpreta este mensaje en relais seguro que lo hará mejor si le enviamos el primero , porque no acabará su intervención 15 minutos después que el orador, cuando ya todos los asistentes se han quitado los auriculares.

No hay que aclarar: si el mensaje ha quedado claro (y debería haber quedado claro porque esa es nuestra misión) no se deberían hacer aclaraciones. “A quarter” es “un cuarto”, no “un cuarto, osea, el 25 %”. Creo que imagináis por qué, así que no voy a repetirme.

Y por supuesto la más importante, nunca, nunca, nunca, aunque el ponente se esté haciendo un lío, se puede dejar una frase sin acabar. Puede que los que escuchen el original lo entiendan, porque tienen un mensaje no verbal que acompaña a las palabras, pero el receptor de la interpretación, sobre todo el que escucha el relais, para cuando recibe el mensaje no tiene referencias no verbales de lo que se acaba de decir, ya que los gestos, al igual que las palabras, tienen su momento y una vez pasado dejan de tener sentido. Por lo que, o se termina la frase, o aquí no se entera nadie.

Creo que son ideas muy sencillas y no estoy inventando nada nuevo, simplemente creo que no está demás hacer un breve recordatorio de algunos puntos que se deben tener en cuenta cuando se trabaja con compañeros en “relais”, ya que nuestra misión es facilitar la comunicación, y muchas veces con el ánimo de facilitar complicamos a los compañeros sin darnos cuenta y lo que se gana por un lado se pierde por otro. Solo trabajando bien en equipo se pueden conseguir los mejores resultados.

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Entrevistas con caché (I): Linda Turner

Hace algunos meses tuve la suerte de poder compartir cabina con una gran intérprete y compañera: Linda Turner. En sus más de 20 años en activo como intérprete freelance, Linda ha visto y vivido muchas cosas y a mí, como intérprete novel en el mundillo freelance aquí en Sevilla, me pareció muy interesante debatir con ella muchas de las cuestiones que están actualmente en el candelero del mundo de la interpretación.

Tras nuestra charla se me ocurrió que, por qué no, su ejemplo y experiencia podrían servir para muchos colegas y de ahí surgió la idea de crear la que espero se convierta en la primera de una larga serie de entrevistas a colegas que quieran compartir sus experiencias con los demás (para que veáis, yo también me uno a la moda de los “guest post“). Aquí os dejo las preguntas que le hice y sus respuestas:

1. ¿Podrías contar un poco cómo llegaste a ser intérprete de conferencias? ¿Era lo que siempre habías pensado o surgió de repente?

Bueno, llegué a ser intérprete de conferencias gracias a la celebración de la Exposición Universal de Sevilla en 1992, conocido por todos como la EXPO ´92.  Sevilla fue nombrada sede del evento y coincidió con la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América. En la etapa de preparación anterior al evento, las autoridades andaluzas vislumbraron  la necesidad de contar con intérpretes de conferencia locales, debido al gran número de actos que iban a tener lugar durante los 6 meses de la EXPO y se destinaron fondos para formar a un grupo de intérpretes de conferencia, bajo los auspicios del Instituto Nacional de Empleo (INEM).  Los integrantes de ese curso tuvimos que cumplir con una serie de requisitos previos, siendo 17 personas seleccionadas, aunque fuimos muchos menos los que empezamos a trabajar como intérpretes freelance al finalizar el curso.  Algunos compañeros encontraron  puestos de trabajo en áreas afines como la traducción, relaciones institucionales o en distintos pabellones de la EXPO, etc.  La verdad es que fue un sueño hecho realidad porque siempre había albergado la ilusión de ser intérprete algún día, pero hasta entonces no había concretado la forma de llegar a serlo, después de terminar la carrera de Filología Hispánica.

2. ¿Cuáles son en tu opinión las principales diferencias entre el acceso al mercado de la interpretación antes, cuando tu empezaste, y ahora? ¿Crees que ahora es más, menos o igual de difícil abrirse camino como intérprete de conferencias?

Para mí hay una diferencia abismal porque cuando yo empecé sólo había una Facultad de Traducción e Interpretación en Andalucía, la de la Universidad de Granada.  Por tanto, me considero una privilegiada haber podido acceder al curso de formación en interpretación que se organizó en Sevilla en 1991,  impartido por unos excelentes profesores procedentes del ISTI (Institut Supérieur de Traducteurs et Interprètes) de Bruselas.

En cuanto a la dificultad  de abrirse camino como intérprete de conferencias, tengo la impresión que quizás sea más difícil ahora, dado el gran número de alumnos que se gradúan cada año de las múltiples facultades de traducción e interpretación que existen hoy en día.  Hay muchos más individuos que poseen titulación y que desean buscarse un hueco en el mercado.

3. ¿Qué cualidades personales crees que debe tener un buen intérprete? ¿El intérprete “nace” o “se hace”?

A mi modo de ver, un buen intérprete ha de tener el afán de seguir  formándose siempre, ya que cada servicio de interpretación requiere un período de preparación y evidentemente, eso implica la adquisición de nuevos conocimientos.  Además, el intérprete debe ser un “forofo” de la comunicación y un gran seguidor de la actualidad.  Por supuesto, tener una gran destreza en el manejo de su lengua materna  y  en cuanto a los demás idiomas de su combinación lingüística, estar en una continua evolución. Creo que el intérprete “se hace” siempre que cuente, de antemano, con una facilidad para aprender idiomas, tener agilidad mental, la capacidad de poder soportar mucha tensión, de trabajar en equipo, de saber reconocer sus limitaciones y por último, aspirar siempre a ofrecer un servicio de máxima calidad. ¡Casi nada!

4. ¿Qué consejos darías a un intérprete que está empezando en la profesión? ¿O a un recién egresado de algún master en interpretación de conferencias?

Bueno, no creo que los consejos se puedan generalizar ya que cada persona cuenta con una serie de características únicas y cada individuo parte de una situación muy distinta.  Quizás el mejor consejo que pueda dar a un graduado en interpretación es que intente conectar con otros intérpretes más veteranos con una reconocida trayectoria que les puedan enseñar un poco el camino,  no sólo en lo que se refiere al ejercicio de la profesión en sí, sino también a todo lo que la rodea, como el código de conducta profesional, condiciones de trabajo, negociación de contratos, honorarios orientativos, etc.

En ese sentido, me ha sido de enorme valor haber podido trabajar con miembros de AIIC (la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencia), cuyo buen hacer y profesionalidad me marcaron desde el primer momento.  Con los años, me fui animando y ahora soy pre-candidata a AIIC y con mucha ilusión de formar parte de la Asociación como miembro activo.

5. ¿Podrías contar alguna anécdota (nada confidencial, por supuesto) graciosa o extravagante que te haya ocurrido mientras interpretabas?

Vaya, en los más de 20 años que llevo en la profesión, me ha pasado un poco de todo, desde caerme los papeles, agotarse la tinta del bolígrafo,  verme ante el desafío de interpretar versos de poesía ante un público expectante…

Quizás lo más extravagante que he hecho en tiempos más recientes fue un servicio de interpretación  para una reconocida marca de automóviles alemana que organizaba la prueba de un nuevo modelo para unos clientes preferentes. A modo de copiloto y utilizando un walkie-talkie, tenía que transmitir las instrucciones y comentarios del piloto a todo un convoy de conductores que nos seguía detrás, todo mientras ponían el nuevo motor a buena prueba…

6. Y por último, se habla mucho de la traducción y de la interpretación con máquinas y de cómo estas reemplazarán a la figura del traductor o el intérprete profesional de aquí a unos años, pero en un futuro algo más cercano ¿cómo ves a nuestra profesión en unos 5-10 años? ¿Conseguiremos tener más visibilidad, como venimos pidiendo desde hace años, o acabarán reemplazándonos por robots?

Yo veo el futuro de esta profesión con enorme optimismo.  La globalización de mercados, de las comunicaciones, la integración de los países en grandes organizaciones, etc. ha traído consigo la necesidad de contar con intérpretes y traductores con cada vez mayor frecuencia.  De hecho, creo que las nuevas tecnologías van a ser nuestras grandes aliadas; de hecho, ya nos facilitan mucho la vida: las  nuevas tecnologías ya han cambiado la forma en que los intérpretes nos preparamos, conseguimos documentación, incluso en la toma de notas.  Pero de allí a que nos sustituya, no creo. Ahora bien, sólo deseo ver incrementada la visibilidad de la profesión en lo que se refiere a  ver más intérpretes comprometidos con la calidad, así como verlos dispuestos a defender y exigir  las condiciones necesarias para un trabajo digno y de calidad. Son compromisos que todo intérprete serio ha de asumir y animo a todos mis compañeros de profesión a seguir avanzando en ese empeño.

Linda Turner es intérprete de conferencias EN<>ES y precandidata AIIC.

Consecutiva y medicina: ¿de verdad son tan amigas?

P1020943Últimamente, la mayoría de las interpretaciones que me surgen tratan sobre medicina o están íntimamente relacionadas con algún tema médico y todas, absolutamente todas, han sido en consecutiva.

Esto me ha llevado a plantearme ciertos problemas o inconvenientes (a lo mejor soy la única a la que le suponen un problema) derivados de la toma de notas, hasta tal punto de tener que modificarla para adaptarla exclusivamente a la realidad médica de una interpretación en concreto (y, por tanto, no siendo válida para ningún otro encargo).

Vaya por delante que yo soy de la vieja escuela y que todavía no he podido subirme al carro de la interpretación en tablet (hubiera vendido a mi madre a cambio de poder asistir al taller de Esther Navarro-Hall sobre sim-consec, pero mis circunstancias en aquel momento no me lo permitían), por lo que servidora ya es experta en pasearse por hospitales, libretita y bolígrafo en mano. Tampoco se trata, a mi juicio, de un problema de oxidación por falta de práctica, sino más bien de sentirme cómoda con el sistema de notas en sí (por lo que comentaba más arriba de verme obligada a modificar según cada encargo).

A los intérpretes se nos dice que tenemos que respetar el significado y no la palabra, aunque creo que esto se aplica a todas las disciplinas excepto a la medicina. En medicina, la utilización de un término concreto y no otro es vital y es lo que establece que una interpretación esté bien o mal y, en este sentido, creo que el sistema de notas tradicional se queda un poco corto.

La toma de notas que se enseña en el manual de Rozan, en el que se basan las técnicas que me enseñaron cuando estudiaba interpretación y que se sigue enseñando (creo) en los másteres y posgrados de interpretación (con algunos añadidos y pequeñas modificaciones) está orientada al ámbito político (y a todo lo que tiene que ver con la interpretación de conferencias de alto nivel) y, si bien es cierto que, como intérpretes, se nos dota de recursos para poder adaptar el sistema de notas a nosotros mismos considero que ni siquiera la “personalización” de una forma de toma de notas aplicable a cualquier esfera del saber es comparable con las notas que deben tomarse en medicina.

Tal vez mis colegas que hayan cursado másteres de interpretación en los Servicios Públicos no se enfrenten a esta reflexión constantemente, pero para mí, que me formé como intérprete de conferencias, es recurrente cada vez que me preparo un nuevo glosario médico para algún congreso o seminario.

Por ahora, y después de mucho tiempo, he conseguido diseñar un sistema de toma de notas que se adapte a mi (o al menos a mi forma de concebir mentalmente las diferentes especialidades dentro de la medicina), más basado en abreviaturas que en símbolos. Es un sistema que, no obstante, haría gritar de exasperación a algunos de mis exprofesores y que me hace plantearme día a día si no habrá otra forma de hacerlo más ortodoxa (dicho de otra forma: ¿seré yo la rara?). Por ahora, y a pesar de lo caótico que pueda ser, ningún cliente ni oyente se me ha quejado, pero nunca está de más preguntar a los demás qué hacen ellos, para no continuar con esta búsqueda, tal vez absurda, de un estilo más “estandarizado”. Si algún colega intérprete me lee y quiere compartir conmigo sus reflexiones o realizar alguna sugerencia serán más que bienvenidas; todo sea por seguir aprendiendo.

A los demás espero veros en el ETIM 😉

PD: Es mi primer “sarao” traductoril y no conozco a nadie, por favor, si me reconocéis venid a saludarme que a mí me dará vergüenza.

Necesito mis documentos

No, no voy a hablar sobre inmigración ni problemas burocráticos/administrativos; cuando digo papeles me refiero a la documentación. Sí, a la documentación que todo intérprete tiene que prepararse como un loco días antes de sentarse a interpretar para poder realizar un trabajo decente.

Tener información previa y específica sobre el tema que se va a tratar durante el congreso o la reunión en los que se va a interpretar es absolutamente importante, como puede serlo en cualquier profesión hoy en día (no puedo imaginarme a un médico que no revise la historia clínica de su paciente antes de la consulta, ni a un abogado que no se repase todos los detalles del caso antes de exponer una defensa). Al igual que en estos dos últimos casos, contar con la documentación específica que va a utilizarse es también muy necesario.

Con la proliferación, en los últimos años, de congresos internacionales sobre coaching, marketing, redes sociales y otros temas de carácter más general que interesan a un sector bastante amplio de la población se puede tender a pensar que para una “simple” charla de carácter “informal y distendida” no hace falta mucha preparación, al fin y al cabo “no hay mucho vocabulario técnico” (¿a cuántos compañeros no les suena esta situación?).  Sin embargo, es importante hacer ver al cliente que, independientemente de la tecnicidad del vocabulario, ninguna conferencia es fácil. Tipos de ponentes los hay como diferentes tipos de personas en el mundo: los hay ultra formales a los que les gusta mantener las distancias con la audiencia, los hay informales, los hay serios y los hay más cercanos, los hay que quieren integrar en todo momento al público y los hay que prefieren dar charlas magistrales, los hay que usan diapositivas y los hay que no paran de hablar y los hay, por supuesto, los que adoran un determinado tipo de palabras porque se han puesto de moda o simplemente porque les sirven a su causa en ese momento específico.

Lo cierto y verdad es que un intérprete nunca puede saber el enfoque que un determinado ponente va a dar a su exposición  y es por eso nuestra  tarea hacérselo ver al cliente para poder garantizar un trabajo de calidad en las mejores condiciones posibles. Los clientes, a menudo, tienen miles de cosas en la cabeza durante la organización de un congreso y es bastante común que lo primero que se les olvide sea el intérprete. Para conseguir que todo salga bien habrá que hacer un esfuerzo conjunto mientras que, para que algo salga mal basta simplemente un descuido y esto estaría bien recordárselo para que sepan que nosotros, al igual que ellos, también tenemos interés en que todo salga a la perfección.

Al igual que los intérpretes los clientes no nacen sabiendo, todos tienen una primera vez; por eso, nos corresponde a nosotros educarlos poco a poco y tener paciencia con ellos. Dar este paso al principio puede resultar difícil; los intérpretes con más años de experiencia ya estarán acostumbrados a lidiar con este tipo de situaciones, pero entiendo que para el intérprete novel no sea todo tan sencillo. En cualquier caso es muy importante superar la timidez y el miedo al “qué pensará si le insisto demasiado” e intentar, de la manera más diplomática posible hacerle varios recordatorios sobre la importancia de la documentación cuando se vaya acercando la fecha.

No he conocido hasta hoy a ningún cliente que no esté interesado en que el evento que organiza salga perfecto por lo que, aunque con mil cosas en la cabeza, recordarles la importancia de poder transmitir el mensaje con el menor número de obstáculos es una forma de darle visibilidad e importancia a nuestra profesión y de hacerles ver, al mismo tiempo, que estamos comprometidos con nuestros trabajo y que haremos todo lo posible para que todo salga de maravilla.

Dime con quién trabajas y te diré qué tipo de profesional eres

“Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán; y este consejo puede aplicarse tanto al ámbito personal como al profesional.

La mayoría de las personas que nos dedicamos a la traducción y a la interpretación trabajamos bien como autónomos, bien dando el paso y constituyendo nuestra propia empresa y, para tener éxito, tenemos que crear buenas relaciones de negocios. Siempre ha sido así. Es cierto que como empresarios tenemos que ofrecer algo que nos permita diferenciarnos de los otros y hacer que el cliente nos escoja, pero esta diferencia puede crearse sin tener por qué, necesariamente, aplastar a la competencia, al fin y al cabo al final nos acabamos conociendo todos y no se hace extraño escuchar:  “pues si fulanito hace negocios con setanito a saber qué clase de persona será”. Y es que al final, nuestra forma de tratar a los demás, sean compañeros o clientes, se convierte en nuestra principal carta de presentación y fuente de referencia.

Cuando yo empecé (e imagino que todo aquel que haya trabajado en cabina habrá pasado por la misma situación) no tenía mucha opción de elegir a mis compañeros; por lo general, recibía una llamada del cliente o de algún colega porque el intérprete con el que pensaba contar no estaba disponible y hacía falta alguien más en la cabina. Así ha sido como, poco a poco, he ido conociendo a mis colegas y me he dado a conocer. En este tiempo he tenido compañeros de todo tipo: de los que lo escriben todo, de los que no te ayudan nada, de los que te dan palmaditas en la espalda, de los que te prestan los glosarios, de los que ni siquiera usan glosario… y, evidentemente, con unos te sientes más a gusto que con otros, con lo que, al final, se nota en el resultado.

Pero un buen día las cosas cambian y es el cliente el que te llama a ti directamente preguntándote quién será tu compañero de cabina y ahí es cuando tienes que pararte bien a pensar. Los contactos que hacemos y las personas con las que contamos en los momentos en los que hace falta formar un equipo dicen mucho del tipo de profesional que somos (yo diría incluso que podrían formar parte de nuestra marca y de nuestra imagen profesional) y no es algo que haya que tomarse a la ligera antes de descolgar el teléfono y preguntar al primero que aparezca en la agenda. Hay que buscar colegas en los que se confíe porque, al final, poco importa de quién sea la culpa, la diferencia entre que un cliente quiera o no trabajar más contigo dependerá del resultado y, el resultado, como en los deportes de equipo, proviene del esfuerzo de todas las partes. Y creo que esto también es aplicable a la traducción: muchas veces no podemos realizar encargos por falta de tiempo, pero tampoco queremos rechazarlos para no ofender al cliente y en esos momentos recurrimos a algún colega para que se haga cargo del proyecto. Si no es alguien en quien confiemos plenamente, ¿hacia dónde estamos llevando nuestra carrera? Y no solo eso, las consecuencias de dejar un proyecto personal en manos que no nos ofrezcan mucha confianza puede acarrear serias consecuencias para nuestra empresa y nuestra imagen.

Por todo esto, creo que es muy importante saber hacer buenos contactos entre los colegas de profesión y no verlos simplemente como “la competencia”, porque por experiencia personal puedo decir que muy a menudo ayudan más de lo que obstaculizan. Esto no quiere decir que tengamos que agruparnos con cualquiera, evidentemente tenemos nuestras afinidades: ya sea por especialidad, por política de tarifas, por conveniencia horaria u otros, pero tampoco es que haya que ir poniendo la zancadilla a los compañeros de profesión con los que no compartamos la misma idea de vida profesional.

Desgraciadamente, día tras día escucho a algún colega quejarse de haber sido menospreciado, ninguneado o mentido por algún colega de profesión y esto es algo que me da mucha pena. Ya sea por mi tendencia a la ingenuidad o porque mi experiencia en cabina me ha hecho ver que dos pueden más que uno y los encargos más satisfactorios, hasta ahora, de mi carrera, me los han proporcionado colegas que eran “la competencia” ayudándome a abrirme camino cuando estaba empezando creo que podemos crear una competencia muy sana entre los profesionales de la traducción y la interpretación ayudando a los colegas en la medida de lo posible y acudiendo a ellos cuando haga falta y, si alguien lo utiliza en nuestra contra, bueno, ya pesará sobre su imagen. Creo que ya es hora de dejar atrás la idea del “enemigo” y empezar a ayudarnos entre nosotros si queremos ofrecer, de verdad, buenos resultados. Al final, la gratitud siempre puede más que el resentimiento.

Con el orgullo herido (reflexiones de una intérprete sobre la actuación de Ana Botella, entre otras)

Es de madrugada y no puedo dormir; están siendo unos momentos críticos en el ámbito laboral y cuesta conciliar el sueño entre la maraña de ideas que acosan a mi mente ante la perspectiva de los cambios que se presentan. Llevo una temporada volviendo a darle vueltas a la idea de diversificar, por hacer otra cosa mientras pasa el bache. El insomnio comenzó hace tan solo unos días, cuando comprobé con tristeza que no se trata de un bache, sino de un problema que va para largo. Es un problema anidado en la conciencia colectiva de nuestra sociedad y, por tanto, un problema anclado en lo más profundo de mi mente de trabajadora por cuenta propia.

Problema, la palabra tabú para los intérpretes de conferencia de las instituciones; todo el mundo tiene problemas, todos, salvo nuestros políticos. La sorpresita que se llevaría más de uno si supieran lo que piensan de ellos los ciudadanos de a pie…

En una de estas elucubraciones me encontraba la semana pasada cuando vino a verme un amigo, encuentro del que, por desgracia, solo guardo una frase a modo de conclusión, repicando sin cesar en mi cabeza mientras me martillea el cerebro aturdiendo a mis neuronas cuando más las necesito: “¿De qué te vas a quejar? Si está todo el mundo igual. Además, por desgracia, la actitud de Ana Botella ha dejado muy clara la imagen que se tiene en nuestro país de los intérpretes, es triste, pero hay que ser realistas, puestos a prescindir de algo, es de vuestra profesión de lo que se prescinde primero”.

Triste, en efecto, y no ayudó en absoluto a calmar mi desasosiego.

Mucho he oído las quejas, públicas y privadas, que todo el mundo tenía que hacer al respecto del discursito de esta señora y, puesto que está previsto que el “relaxing cup of café con leche” llegue aún más lejos si cabe que el no menos estruendoso “fin de la cita” de no hace tanto tiempo, creo que ya ha llegado la hora de que yo de la mía (tarde, como siempre, pero existente) como profesional ultrajada. Porque sí, lo confieso, me siento ultrajada. De todas estas quejas no he visto hasta ahora ninguna proveniente de ningún intérprete de conferencias (o intérprete, a secas) en ningún foro, red social o blog, tanto de forma individual como colectiva, y no puedo sino formular hipótesis sobre cómo habrá caído esta pesada losa sobre la autoestima gremial o si a estas alturas seré la única a la que profesionalmente este chorro de agua fría le ha despertado las ansias asesinas. Porque, hablando en plata: esta señora le ha pegado una soberana patada en el culo a la lucha que desde hace tiempo mantenemos los intérpretes de conferencia por defender la importancia de nuestro trabajo con miras a facilitar la comunicación de calidad. Y a la China las negociaciones sobre condiciones salariales u horarios de trabajo, eso ya queda a otro nivel, aquí estamos hablando de calidad, señora Botella, y del respeto a una profesión harto digna. Y que no me vengan con milongas de que se trata de problemas económicos que ya no sé si echarme a reír o a llorar, a ver si vamos a acabar erre que erre volviendo a la acostumbrada retahíla de quejas propia de los que se perciben profesionalmente infravalorados.

Para mí, la actuación de esta señora ha sido un atentado en toda regla contra mi dignidad profesional (sin ánimo de exagerar en lo más mínimo) y puede que este desahogo público me cueste algunos trabajos, pero no creo que lleguemos a ninguna parte con pelos en la lengua.

Así que ahora los intérpretes de conferencia somos prescindibles; muy bien, entonces ¿el dinero de las becas con que se subvencionan muchas de las formaciones de intérpretes, gracias a las cuales hoy en día contamos con magníficos  profesionales en este país también habría sido prescindible? Porque ya no se trata de una simple rabieta de profesional infravalorada; es que como ciudadana contribuyente soy más que consciente de que ese dinero viene de nuestros bolsillos. Que los españoles, a través del Ministerio de Educación, hayan podido costearme una formación gracias a la cual puedo ganarme la vida con una actividad que me gusta no me parece en absoluto despreciable (de hecho estoy muy agradecida por ello), pero me parece una vergüenza y una falta de respeto abusiva que se impongan gravámenes al ciudadano corriente para pagar unos estudios a futuros buenos profesionales que realizarán un trabajo que, como bien ha demostrado esta señora, “no sirve pa’ na”. Y me da pena pensar que más de la mitad de esos estudiantes brillantes tengan que marcharse del país sin devolverle siquiera a sus ciudadanos la inversión que han hecho en ellos.

¿Es que soy la única a la que le hierve la sangre? Seguro que nuestros colegas argentinos han hablado largo y tendido de la patética actuación de nuestra representante mientras aquí, en los gremios más afectados, se hace mutis por el foro. Aquí no, aquí más vale callarse, que ya tenemos bastante poco pan y mucho circo, y para el poco que tenemos mejor llevárnoslo a la boca caliente…