De cabinas y glosarios

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Category Archives: Interpretación

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Interpretaciones vampíricas

Hay eventos que por sus características o por el público al que van dirigidos (entregas de premios, festivales de cine, galas benéficas…) se celebran de noche y lo habitual, en estos casos, es que el intérprete esté prevenido y, sabiéndolo con antelación, pueda prepararse adecuadamente para la ocasión, organizando su jornada con tiempo.

El problema, sin embargo, reside en aquellos eventos que, aun planificados con bastante antelación para celebrarse de día, sufren algún contratiempo que les obligue a retrasarse (que el ponente se ponga enfermo, que haya un apagón y que los equipos de sonido fallen o, como en el caso de una servidora, que el avión del representante se retrase) posponiendo el evento “para después de cenar” .

Imprevistos, como ya he comentado en algunas ocasiones, puede haber muchos, pero lo principal en estos casos es tomárselo con filosofía y no caer en uno de los principales peligros de nuestra profesión: no estar suficientemente descansados; y de esto puedo hablar por experiencia propia. Es muy fácil caer en la tentación de querer aprovechar las horas que de repente se nos han regalado para hacer algo “productivo” y ponernos a repasar una y otra vez los glosarios para cerciorarnos de que vamos bien preparados, ponernos a responder emails atrasados como locos o quitar algunas de las tareas menos importantes de la lista de cosas por hacer. Y esto, para el intérprete que haya comenzado su jornada laboral por la mañana temprano puede ser especialmente contraproducente.

No somos vampiros (aunque a algunos ya les gustaría) y a menos que podamos conseguir que redbull devuelva coherencia a nuestras neuronas como devuelve energía al cuerpo más nos valdría descansar si queremos continuar frescos más allá de la puesta de sol.

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Eso que estás diciendo, guapo, no pienso ponerlo en mis notas

Dormir una siesta corta, hacer un poco de meditación, cocinar o, incluso, salir a dar un paseo para airearnos un poco son algunas tareas que no ocupan mucho tiempo y que pueden ayudarnos a desconectar momentáneamente sin hacernos perder de vista la difícil tarea que tenemos por delante.

Además, es muy probable que en estos casos las personas a las que vayamos a interpretar estén también casadas, razón de más para que nuestro cansancio no sea una excusa para no crear una comunicación natural y fluida. Aquí, más que en otros casos, se exigirá de nosotros un esfuerzo adicional para proporcionar la información de forma más clara y precisa, ya que el sueño nubla el entendimiento.

Para realizar un buen trabajo, el intérprete debe prestar atención tanto a su cuerpo como a su mente, porque no hay cabeza fresca en cuerpo agotado ni cuerpo que aguante una mente desbordada. No cuesta nada dedicarnos unos minutos al día para cuidarnos y descansar si con ello conseguimos una comunicación óptima y estoy segura de que los clientes lo notarán.

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Necesito mis documentos

No, no voy a hablar sobre inmigración ni problemas burocráticos/administrativos; cuando digo papeles me refiero a la documentación. Sí, a la documentación que todo intérprete tiene que prepararse como un loco días antes de sentarse a interpretar para poder realizar un trabajo decente.

Tener información previa y específica sobre el tema que se va a tratar durante el congreso o la reunión en los que se va a interpretar es absolutamente importante, como puede serlo en cualquier profesión hoy en día (no puedo imaginarme a un médico que no revise la historia clínica de su paciente antes de la consulta, ni a un abogado que no se repase todos los detalles del caso antes de exponer una defensa). Al igual que en estos dos últimos casos, contar con la documentación específica que va a utilizarse es también muy necesario.

Con la proliferación, en los últimos años, de congresos internacionales sobre coaching, marketing, redes sociales y otros temas de carácter más general que interesan a un sector bastante amplio de la población se puede tender a pensar que para una “simple” charla de carácter “informal y distendida” no hace falta mucha preparación, al fin y al cabo “no hay mucho vocabulario técnico” (¿a cuántos compañeros no les suena esta situación?).  Sin embargo, es importante hacer ver al cliente que, independientemente de la tecnicidad del vocabulario, ninguna conferencia es fácil. Tipos de ponentes los hay como diferentes tipos de personas en el mundo: los hay ultra formales a los que les gusta mantener las distancias con la audiencia, los hay informales, los hay serios y los hay más cercanos, los hay que quieren integrar en todo momento al público y los hay que prefieren dar charlas magistrales, los hay que usan diapositivas y los hay que no paran de hablar y los hay, por supuesto, los que adoran un determinado tipo de palabras porque se han puesto de moda o simplemente porque les sirven a su causa en ese momento específico.

Lo cierto y verdad es que un intérprete nunca puede saber el enfoque que un determinado ponente va a dar a su exposición  y es por eso nuestra  tarea hacérselo ver al cliente para poder garantizar un trabajo de calidad en las mejores condiciones posibles. Los clientes, a menudo, tienen miles de cosas en la cabeza durante la organización de un congreso y es bastante común que lo primero que se les olvide sea el intérprete. Para conseguir que todo salga bien habrá que hacer un esfuerzo conjunto mientras que, para que algo salga mal basta simplemente un descuido y esto estaría bien recordárselo para que sepan que nosotros, al igual que ellos, también tenemos interés en que todo salga a la perfección.

Al igual que los intérpretes los clientes no nacen sabiendo, todos tienen una primera vez; por eso, nos corresponde a nosotros educarlos poco a poco y tener paciencia con ellos. Dar este paso al principio puede resultar difícil; los intérpretes con más años de experiencia ya estarán acostumbrados a lidiar con este tipo de situaciones, pero entiendo que para el intérprete novel no sea todo tan sencillo. En cualquier caso es muy importante superar la timidez y el miedo al “qué pensará si le insisto demasiado” e intentar, de la manera más diplomática posible hacerle varios recordatorios sobre la importancia de la documentación cuando se vaya acercando la fecha.

No he conocido hasta hoy a ningún cliente que no esté interesado en que el evento que organiza salga perfecto por lo que, aunque con mil cosas en la cabeza, recordarles la importancia de poder transmitir el mensaje con el menor número de obstáculos es una forma de darle visibilidad e importancia a nuestra profesión y de hacerles ver, al mismo tiempo, que estamos comprometidos con nuestros trabajo y que haremos todo lo posible para que todo salga de maravilla.

Con el orgullo herido (reflexiones de una intérprete sobre la actuación de Ana Botella, entre otras)

Es de madrugada y no puedo dormir; están siendo unos momentos críticos en el ámbito laboral y cuesta conciliar el sueño entre la maraña de ideas que acosan a mi mente ante la perspectiva de los cambios que se presentan. Llevo una temporada volviendo a darle vueltas a la idea de diversificar, por hacer otra cosa mientras pasa el bache. El insomnio comenzó hace tan solo unos días, cuando comprobé con tristeza que no se trata de un bache, sino de un problema que va para largo. Es un problema anidado en la conciencia colectiva de nuestra sociedad y, por tanto, un problema anclado en lo más profundo de mi mente de trabajadora por cuenta propia.

Problema, la palabra tabú para los intérpretes de conferencia de las instituciones; todo el mundo tiene problemas, todos, salvo nuestros políticos. La sorpresita que se llevaría más de uno si supieran lo que piensan de ellos los ciudadanos de a pie…

En una de estas elucubraciones me encontraba la semana pasada cuando vino a verme un amigo, encuentro del que, por desgracia, solo guardo una frase a modo de conclusión, repicando sin cesar en mi cabeza mientras me martillea el cerebro aturdiendo a mis neuronas cuando más las necesito: “¿De qué te vas a quejar? Si está todo el mundo igual. Además, por desgracia, la actitud de Ana Botella ha dejado muy clara la imagen que se tiene en nuestro país de los intérpretes, es triste, pero hay que ser realistas, puestos a prescindir de algo, es de vuestra profesión de lo que se prescinde primero”.

Triste, en efecto, y no ayudó en absoluto a calmar mi desasosiego.

Mucho he oído las quejas, públicas y privadas, que todo el mundo tenía que hacer al respecto del discursito de esta señora y, puesto que está previsto que el “relaxing cup of café con leche” llegue aún más lejos si cabe que el no menos estruendoso “fin de la cita” de no hace tanto tiempo, creo que ya ha llegado la hora de que yo de la mía (tarde, como siempre, pero existente) como profesional ultrajada. Porque sí, lo confieso, me siento ultrajada. De todas estas quejas no he visto hasta ahora ninguna proveniente de ningún intérprete de conferencias (o intérprete, a secas) en ningún foro, red social o blog, tanto de forma individual como colectiva, y no puedo sino formular hipótesis sobre cómo habrá caído esta pesada losa sobre la autoestima gremial o si a estas alturas seré la única a la que profesionalmente este chorro de agua fría le ha despertado las ansias asesinas. Porque, hablando en plata: esta señora le ha pegado una soberana patada en el culo a la lucha que desde hace tiempo mantenemos los intérpretes de conferencia por defender la importancia de nuestro trabajo con miras a facilitar la comunicación de calidad. Y a la China las negociaciones sobre condiciones salariales u horarios de trabajo, eso ya queda a otro nivel, aquí estamos hablando de calidad, señora Botella, y del respeto a una profesión harto digna. Y que no me vengan con milongas de que se trata de problemas económicos que ya no sé si echarme a reír o a llorar, a ver si vamos a acabar erre que erre volviendo a la acostumbrada retahíla de quejas propia de los que se perciben profesionalmente infravalorados.

Para mí, la actuación de esta señora ha sido un atentado en toda regla contra mi dignidad profesional (sin ánimo de exagerar en lo más mínimo) y puede que este desahogo público me cueste algunos trabajos, pero no creo que lleguemos a ninguna parte con pelos en la lengua.

Así que ahora los intérpretes de conferencia somos prescindibles; muy bien, entonces ¿el dinero de las becas con que se subvencionan muchas de las formaciones de intérpretes, gracias a las cuales hoy en día contamos con magníficos  profesionales en este país también habría sido prescindible? Porque ya no se trata de una simple rabieta de profesional infravalorada; es que como ciudadana contribuyente soy más que consciente de que ese dinero viene de nuestros bolsillos. Que los españoles, a través del Ministerio de Educación, hayan podido costearme una formación gracias a la cual puedo ganarme la vida con una actividad que me gusta no me parece en absoluto despreciable (de hecho estoy muy agradecida por ello), pero me parece una vergüenza y una falta de respeto abusiva que se impongan gravámenes al ciudadano corriente para pagar unos estudios a futuros buenos profesionales que realizarán un trabajo que, como bien ha demostrado esta señora, “no sirve pa’ na”. Y me da pena pensar que más de la mitad de esos estudiantes brillantes tengan que marcharse del país sin devolverle siquiera a sus ciudadanos la inversión que han hecho en ellos.

¿Es que soy la única a la que le hierve la sangre? Seguro que nuestros colegas argentinos han hablado largo y tendido de la patética actuación de nuestra representante mientras aquí, en los gremios más afectados, se hace mutis por el foro. Aquí no, aquí más vale callarse, que ya tenemos bastante poco pan y mucho circo, y para el poco que tenemos mejor llevárnoslo a la boca caliente…

Interpretando a los más vulnerables: la integración de los romaníes en Europa

 flagQue Europa es un continente multicultural nadie lo pone en duda. La Unión de los 27 nos muestra un   panorama de lo más variopinto, en cuyo seno se integran diferentes países, con historias y culturas diversas y a la par interconectadas. El concepto de “multiculturalismo” se ha ido abriendo camino durante los últimos años en los debates del Parlamento y de la Comisión hasta alcanzar un papel preponderante en los discursos políticos de nuestros líderes y representantes ante las instituciones europeas.

La expansión  de nuestras fronteras y la adhesión de nuevos países ha permitido que miles de nuevos ciudadanos ingresen en la Unión y puedan beneficiarse de la libertad de circulación y de elección de residencia de la que gozamos el resto de ciudadanos. Sin embargo, la integración de todos los grupos y estratos de la sociedad en la “sociedad europea” es una tarea ardua que implica, entre otras muchas batallas, la lucha contra los prejuicios y la discriminación. En esta Europa multicultural muchas son las voces que en la actualidad se preguntan qué lugar queda para las minorías étnicas y qué medidas pueden tomarse para evitar su exclusión y marginalización y para que puedan ejercer sus plenos derechos como ciudadanos europeos, sin tener que renunciar a sus características idiosincráticas.

gitanos

El pasado 14 de junio se celebró en Sevilla una conferencia de difusión del proyecto REdHNET, un grupo de estudio sobre las políticas que se están llevando a cabo en los diferentes países europeos para favorecer el acceso de las personas de etnia romaní a la vivienda y la educación.

Esta iniciativa, impulsada por dos antropólogos italianos, cuenta con el apoyo de numerosas instituciones de la sociedad civil y ONGs de varios países de la Unión y está financiada por el Programa de Educación Permanente (Lifelong Learning Programme) de la Comisión Europea. Hasta la fecha, como resaltaron los organizadores, los gitanos son la minoría étnica más numerosa en Europa, a la par que la más discriminada por motivos étnicos y/o raciales y su plena inclusión en la sociedad es un derecho fundamental que no les debe ser arrebatado. Ya nadie cuestiona la importancia del acceso a una vivienda digna o a la educación en la lucha contra la marginalización, especialmente de los niños, que son el grupo más vulnerable y el más propenso a sufrir abusos.

La conferencia contó con un importante elenco de profesionales de todos los sectores a escala local y europea: desde profesores, trabajadores sociales y pedagogos hasta responsables de los Servicios Sociales y políticas de Sanidad de varios de los países representados y en ella se destacaron, como ejemplo a seguir, las políticas implantadas en España para la integración de su población gitana (no en todo íbamos a ser ejemplo de cómo no hacer las cosas), que es, con diferencia, la que presenta los mayores niveles de integración en la vida social de su país de residencia (en comparación con Bulgaria, Rumanía o Italia, donde muy a menudo las personas de etnia romaní ni siquiera tienen acceso a una vivienda con los servicios básicos de saneamiento y electricidad).

La interpretación de esta conferencia fue una experiencia de lo más edificante; no todos los días se siente una integrada, aunque solo sea por unas horas, en un proyecto que puede ayudar a tantos miles de personas de forma directa, ni puede trabajar en un tema que conoce al dedillo (mis compañeros de máster, si es que alguno lee el blog, aún recordarán lo trillados que teníamos los discursos, con todo tipo de opiniones, sobre la integración de romaníes en los diferentes países de la Unión tras la aberrante decisión de Sarkozy y las consecuencias que acarreó tan desatinada resolución).  Además, siempre se agradece poder interpretar un tema ameno en el que, sin duda, fue el día más caluroso de la primavera (y uno de los más ajetreados en Sevilla).

La satisfacción de sentirte la voz de quienes normalmente no son escuchados y la sensación de saber que nuestro trabajo ha servido para hacer posible un intercambio de experiencias y opiniones que acabarán beneficiando a miles de personas es una de las mayores alegrías que este trabajo puede proporcionarme y uno de los motivos principales para levantarme cada día con ganas de seguir avanzando y mejorando en esta profesión. Y eso es algo que no se paga con dinero (aunque a final de mes venga bastante bien) ;).

Interpretar en tiempos revueltos

Desde que tengo uso de razón no recuerdo haber vivido un solo año sin tener que sufrir el fin de semana del caos ciudadano debido a algún evento político-diplomático en mi ciudad.

Esto, para quien viva en una gran ciudad como Madrid o Barcelona puede ser el pan de cada día, pero para los que hemos crecido en una ciudad de tamaño medio como Sevilla, con una SE-30 propensa a la saturación por el simple hecho de que caigan cuatro gotas más de lo previsto, no es algo que deba tomarse a la ligera. Aún recuerdo aquellos años en los que mi madre me prohibía salir a la calle con mis amigas cuando se acercaba el mencionado fin de semana por miedo a que me metiese en líos.

Sea como fuere, llamémoslo coincidencia o mala leche por parte de la organización, no he conocido en mi vida un solo mes de junio en el que no haya habido tal fin de semana. Sí, ese en el que te blindan las calles y los policías te miran con peor cara que de costumbre debido a la celebración de la cumbre del G-20 de turno, reunión de ministros europeos de X o Y, Cumbre Europea, visita del rey de nosedónde, etc. con sus correspondientes contra-cumbres/manifestaciones. Y no es que no lo entienda, a ver, no seré yo quien diga que Sevilla no es bonita en primavera, pero de lo que nadie parece acordarse en el momento de establecer las fechas es de las temperaturas que suelen rondarnos a estas alturas del año por aquí en el Sur.

Y claro, como no podía ser de otra forma, Murphy decidió poner a prueba la pericia de nuestra joven interpréte que aquí escribe, asignándole una interpretación durante el mencionado fin de semana.

Los datos de que disponemos hasta ahora son: por un lado, está teniendo lugar la clausura del foro “Caminos de Paz: otras voces de Israel y Palestina” que cuenta con la presencia de jóvenes políticos de Israel y Palestina, así como de algunos ministros y ex-ministros y otros cargos políticos  nacionales, la visita oficial del Príncipe heredero de Japón, Naruhito, que comenzará en algunas horas, una manifestación contra los recortes convocada por los sindicatos en la puerta del Ayuntamiento, 35ºC a las 10 a.m., los semáforos, como de costumbre, mal sincronizados y unos 7 furgones policiales más 3 helicópteros en el rango de visión. Por otro lado, la interpretación comenzará a las 11 a.m. a 10km de la capital, exactamente en dirección y junto a la carretera que lleva a la playa (no hay que olvidar que es viernes y hace calor) y hay previstos (si todo va bien, aunque siempre puede haber sorpresas) 2 controles de la Guardia Civil por el camino. Todo ello cuando nuestra protagonista se dispone a subir al coche. ¿Será nuestra joven intérprete capaz de superar la prueba?

más o menos así estaba el tráfico

Más o menos así estaba el tráfico.

A los que ya tienen sus años de experiencia en la profesión está situación les sonará más que familiar, pero nunca está de más recordar, sobre todo a los más noveles, que lo principal en estos casos es mantener la calma y tener paciencia (incluso al parar en ese semáforo en rojo a pleno sol y sentir cómo se te derrite el maquillaje). El intérprete debe estar preparado para cualquier imprevisto y siempre que pueda, salir con bastante tiempo (basta que un día vayamos más justos para que lo menos probable de todas las improbabilidades pueda ocurrir).

Esta anécdota, contada en tono cómico sirve simplemente como recordatorio de que cualquier previsión es poca, ya que nunca sabemos qué circunstancias externas pueden afectarnos cuando vamos a trabajar. Hubiera podido ser peor, por supuesto, imaginad qué hubiera pasado si me paran en un control o cortan parte de la autopista como “medida de seguridad”.

En este caso fue todo bien y llegué a tiempo (aunque no con la compostura que hubiera deseado) a un evento que me enriqueció muchísimo tanto en lo personal como en lo profesional y del que escribiré con más detalles en próximas entradas. Espero, al menos, haber conseguido arrancar una sonrisa de aquellos que se hayan visto reflejados. A fin de cuentas lo peor todavía está por llegar: la vuelta.

La interpretación simultánea sin cabina

Que estamos en época de recortes no es ninguna novedad a estas alturas y el hecho de que también se recorte en gastos de interpretación puede no parecer sorprendente. Quien lleva ya bastantes años en el oficio habrá notado el “bajón” que han dado las reuniones multilingües de un tiempo a esta parte, por no mencionar la reducción de combinaciones que venimos sufriendo en las reuniones internacionales.

Lo que realmente sorprende, o al menos me sorprende a mí, que no llevo mucho en el negocio, es la imaginación que echan algunos a la hora de recortar. Y es que, puestos a recortar, hoy en día se recorta hasta en cabinas. Sí, sí, que se interpreta sin cabinas, vamos.

La primera vez que me lo dijeron se me quedó la boca cual buzón de correos durante unos 15 minutos; ya había oído hablar de cabinas con sistemas caseros de ventilación (a.k.a agujero en el techo) o incluso de cabinas sin puertas (a estas alturas mejor no sorprendernos), pero este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo en mis propias carnes y, la verdad, creo que la experiencia no ha sido del todo desastrosa.

La alternativa que se ofrece a los intérpretes en lugar de la cabina es interpretar en una “tranquila” sala contigua mediante sistema de circuito cerrado de televisión. Y digo “tranquila” porque igual que te pueden dar un despacho enorme y te sientes allí a tus anchas interpretando bien te puede tocar montar el “tinglao” en el escobero o en la sala de fotocopias, como fue el caso de servidora.

El sistema en cuestión es bien sencillo: en esta sala aparte se montan en una mesa dos monitores, uno conectado a una cámara que está grabando lo que ocurre en la sala de la reunión y el otro conectado al ordenador del ponente, por si hace uso de power point o programas similares. Es lo que viene a ser una “interpretación simultánea remoto-presencial”.

El porqué de esta nueva forma de interpretación simultánea me lo explicó muy amablemente el técnico de sonido que se encontraba allí; por lo visto (y esto es algo que, aunque parezca obvio, no se me había pasado por la cabeza) la parte más cara del equipo de sonido es, con diferencia, la cabina y si el cliente dispone de salas donde poder ubicar el resto del equipo y a los intérpretes, a menudo prefiere ahorrarse el coste del montaje de la susodicha.

El sistema, como todo método alternativo a otro por largo tiempo establecido y cuya eficacia está más que comprobada, tiene sus detractores (de hecho ya me han empezado a llegar bastantes críticas por parte de algunos colegas), pero imagino yo que algún que otro partidario tendrá. A mí, particularmente, ni me gusta ni me termina de disgustar, si bien es cierto que, de llevarse a cabo en una situación ideal (véase por ideal que el tamaño de la sala sea el adecuado y el nivel de ruido nulo, que todos los equipos funcionen a la perfección, etc.) podría ser un concepto bastante interesante de desarrollar, que ayude a potenciar la idea de “invisibilidad” del intérprete y de paso ayudar a los que, como yo, todavía nos sentimos intimidados al ver a 40 espaldas sentadas delante de nosotros esperando cualquier mínimo incidente para girarse. Por otra parte, algunos colegas han comentado que da la sensación de que se relega a los intérpretes al papel de meros utensilios de limpieza (por aquello de interpretar en el cuarto de las escobas) y que, si hay algún problema técnico siempre es más complicado de resolver, al no encontrarnos en la misma sala que los ponentes.

Hay quien dice que esta forma de interpretación acabará por sustituir totalmente a la cabina, aunque yo no lo veo y, de ser así, será en un futuro bastante remoto. Aunque bueno, si acaban perfeccionándola de forma que podamos interpretar desde casa en pijama, lo mismo no es tan mala idea al final. ¿Qué pensáis los demás al respecto? ¿Habéis interpretado así alguna vez? ¿Os atrae la idea de la interpretación en pijama?

6 cosas que no debes hacer si quieres ser intérprete de conferencias

Hace ya un tiempo que recibo consultas por parte de profesionales y estudiantes a los que les gustaría adentrarse en el mundo de la interpretación de conferencias y no saben muy bien por dónde empezar. Para mí no resulta ningún problema compartir mis experiencias y aconsejar, en la medida de lo posible, basándome en lo que he vivido. Sin embargo, yo también soy humana y como humana me equivoco. Hace unos días me descubrí en casa cayendo en una práctica muy poco profesional que, de haberme ocurrido en público o durante el tiempo que cursé el máster me hubiera acarreado una buena bronca por parte de algún profesor.

Y es que a menudo nos centramos en lo que debemos hacer para ser buenos intérpretes y dejamos de lado la cuestión, no menos importante, de lo que no debemos hacer. Por eso considero que no está demás hacer un breve repasito de las conductas negativas que pueden perjudicar nuestra labor como intérpretes de conferencias.

  1. Trasnochar: amigos de la noche, tanto si bebéis como si no, aparecer en cabina por la mañana con “cara de ayer” y olor de taberna no va a ayudaros nada profesionalmente y dañará sobremanera vuestra imagen profesional. El cuerpo puede aguantar, pero las neuronas necesitan descansar. Aún no he conocido a nadie que haya sido capaz de interpretar un discurso de forma medianamente coherente después de una noche en blanco (esto se aplica también a los estudiantes que se quedan repasando discursos hasta altas horas el día previo al examen). Y por si existen excepciones a la regla no voy a ser yo quien experimente.
  2. Usar perfumes antes de entrar en cabina: no me malinterpretéis, estoy totalmente a favor de mantener unas reglas básicas de higiene corporal (que incluyan, por supuesto, mantener el cuerpo limpio y perfumado), pero quien sabe lo que es estar en una cabina durante más de una hora, con un colega al lado, liberando ambos la adrenalina y el sudor propios del estrés de la profesión, entenderá perfectamente que bloquear las fosas nasales con un intenso “Chanel nº 5”, por muy agradable que su olor en otros espacios pueda ser, va a traer más de un dolor de cabeza (en sentido literal). Y vamos a ser sinceros, que el intérprete salga desmayado de cabina no da muy buena impresión que digamos.
  3. Usar palabras malsonantes: -Pero, ¿si estoy en casa viendo el fútbol y el árbitro se porta como un hijo de … y no pita una falta?. Pues llámalo malnacido, desgraciado, hijo de mala persona o cuantas otras formas originales de no dañar los oídos ajenos se te vengan a la mente. En una situación de estrés, como las que suelen vivirse interpretando, muy a menudo nuestra mente nos traiciona y nos da alguna respuesta automática. Es normal, nuestro cuerpo funciona por estímulos. Y lo que no se corrige fuera, es muy difícil de corregir dentro de la cabina. A eso hay que añadir que en la gran mayoría de los casos estaremos interpretando a personas con un nivel educativo y social elevado (que sí, también pueden perder los papeles, pero nunca acabarán tirándose de los pelos como marujas de barrio). El español es una lengua muy rica y el intérprete, por naturaleza, un profesional muy imaginativo. Siempre podemos mandar a freír espárragos o a hacer puñetas, pero por favor, si eres de los de blasfemar en público, empieza a trabajar en las modificaciones en tu vocabulario desde ya.
  4. El cafelito antes de interpretar: Los amantes del café se llevarán las manos a la cabeza y dirán que tampoco hay que ser exagerados, que un café tampoco hace daño a nadie. A ver, como he dicho antes, yo también me equivoco. Pero tened en cuenta lo siguiente, imaginemos la situación descrita anteriormente con el perfume: el intérprete de conferencias X llega con tiempo al lugar de la interpretación y como se siente un poquito cansado decide tomarse un café para estar a tope durante la interpretación. Se encuentra en el punto álgido de la liberación de adrenalina y sudor mencionada anteriormente con el añadido de que, el café, por si todavía hay alguien que no lo sepa, tiene efectos laxantes. Pensadlo por un momento: vuestro compañero de cabina os lo agradecerá.
  5. Fumar: ¿Y lo bonito que queda interpretar al “Presi” o al Rey con voz de camionero?. Por no mencionar lo útil que es apretar el botón de mute cada 5 segundos para poder toser o esa agradable sensación de ir quedándonos sin aire poco a poco mientras interpretamos a ese parlamentario vehemente que critica sin parar la gestión de su adversario hasta hincharse como un globo a punto de explotar. Creo que a este punto le sobran las explicaciones. Fumadores, si queréis ser intérpretes de conferencias, ya tenéis la excusa perfecta para acabar con el vicio. Vuestra salud y vuestro bolsillo os lo agradecerán.
  6. La cervecilla entre horas/cervecilla durante las comidas: ¿También la cerveza?. Hombre, a menos que tengas la jornada laboral perfecta, de 9 a 3, y puedas irte a casa a descansar todas las tardes, ya me dirás. Si con el café nos ponemos como nos ponemos, tenemos en cuenta que el almuerzo nos dejará con sueño para la interpretación de la tarde y encima le añadimos, para favorecer la digestión, “una cruhcampo bien frehkita que ehtamos a 38 grados a la sombra”, vamos a tener que hacer turnos con el compañero de cabina para ir durmiendo la siesta por etapas. O eso o mantener el tipo hasta el final y salir a celebrar el fin de la jornada con una o varias (ojo, sin trasnochar que las neuronas se resienten).

Estos consejos pueden parecer, a simple vista, obvios, pero no es extraño que se nos pasen por alto en alguna que otra ocasión. Sé que me dejo mucho en el tintero y espero que con vuestras aportaciones pueda acabar realizando el decálogo del buen intérprete de conferencias. Pero, por el momento, creo que estos puntos dan para reflexionar un poco.

Cuando la oportunidad llama a tu puerta

Nunca me ha gustado que me regalen nada (en sentido estrictamente profesional), pues me he imaginado a mi misma labrándome una carrera de éxito basada en el trabajo y el esfuerzo (algo así como el sueño americano made in Sevilla). Creo firmemente que los regalos o las oportunidades que caen del cielo nos aportan grandes alegrías, pero estas son infinitamente mayores cuando proceden de un gran esfuerzo fruto de un largo periodo de planificación, que trae como consecuencia la realización de “sueños” profesionales.

 
El problema es que, en los tiempos que corren, conseguir una oportunidad era es algo menos que imposible. Me he quejado una y mil veces, no de que no haya trabajo, sino de que nadie me ofreciera una oportunidad. Nos encontramos ante la misma historia de siempre: para acceder a un buen puesto de trabajo debes poder demostrar experiencia, para poder demostrar experiencia es necesario haber trabajado. Así, se produce un círculo vicioso del que los job seekers noveles tienen grandes problemas en salir.

 
En ese estado de jubilada amargada me encontraba yo, dándole vueltas a mis perspectivas laborales en un futuro cercano (e incierto), cuando un alma caritativa (de entre las pocas que pueden contarse hoy en día) decidió darme un voto de confianza y ofrecerme mi primera oportunidad de demostrar al mundo mi valía profesional. No es una oportunidad laboral, es una oportunidad de autorealización profesional, lo que supone todo un reto. Pero, ¿qué es la vida sin desafíos?

 

Así que durante las próximas semanas me meteré en una cabina a interpretar unos talleres medioambientales organizados por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (más conocido como FEDER), junto a profesionales de AIIC con más años de experiencia a sus espaldas de los que yo pueda imaginar.

Es todo un reto, sí; pero me encantan los retos. Lo único que quería era una oportunidad y esta, de una forma o de otra, ha llegado. No es que no esté contenta, pero no puedo menos que estar acojonada acongojada al pensar en quiénes serán mis collegas durante las jornadas. Y, como todo reto, puede suponer un fracaso estrepitoso en mi carrera y mi suicidio profesional, aunque yo prefiero verlo como la posibilidad de dar un gran impulso a mi vida laboral.

¿Que cómo lo he conseguido? Pues siguiendo el método tradicional de mi madre para conseguir trabajo/hacerte escuchar: mucha humildad y ser cansina hasta matarlos de aburrimiento. A mi me ha funcionado, después de más de 1 año persiguiendo a profesionales y posibles clientes, cuando ya había perdido la esperanza de poder meter la cabeza en el “mundillo”.

Creo que si yo he podido cualquiera puede (siempre que sea constante y no se dé por vencido ante la avalancha de noes que va a recibir). Con humildad y paciencia (y siendo conscientes de nuestras limitaciones) se pueden conseguir grandes cosas.
Ahora a mantener el tipo y a mostrarse a la altura 🙂

 

PD: Lo que normalmente dice mi madre es: “Hay dos tipos de personas: las que consiguen las cosas porque son los mejores y las que las consiguen por cansinos. Si no eres la mejor, por lo menos sé la más insistente. Al final, aunque solo sea para que dejes de dar la lata, más de uno te dará una oportunidad”. No es que tenga mucha base científica, pero a mi me ha funcionado

Interpretaciones que te devuelven la vida

Después de tanto tiempo esperando, por fin llegó tan ansiado y, a la vez temido, evento.

Tras un mes preparando los glosarios, estudiando la vida y milagros de los ponentes y desesperada ante mis notas horrorosas (pero no por ello menos eficaces), me desperté el día en sí a las 7:15 con un dolor de cabeza que tumbaría a un gigante, tras una larga noche de insomnio cortesía de Antena 3 y sus películas de terror, dispuesta a hacer la interpretación de mi vida.
Cuadernito en mano, ristra de bolígrafos en el bolso (por si acaso), empecé a revivir intensamente los momentos previos a mi examen de final de máster… y el pánico se apoderó de mi.

Desde siempre he tenido una gran confianza en mi memoria (actitud que tanto profesores como colegas han alabado), pues esta siempre me ha ayudado a la hora de recordar detalles y anécdotas de los discursos; pero soy muy consciente de que la memoria no lo es todo en interpretación y, en ese momento, la evidencia se hizo patente.

Así que no me quedó más remedio que armarme de valor y presentarme allí, delante de una treintena de personas que no había visto en mi vida (30 personas son muchas si las ves a todas sentaditas mirándote con cara de interés), respirando profundamente y repitiéndome una y otra vez que todo intérprete pasa por eso varias veces en la vida.

De izquierda a derecha: cuadernito de notas, bolígrafos A, B y C (por orden de importancia). Falta el micrófono, que es uno de esos inalámbricos que pesan más que yo.

Y al final… pues al final fue más de lo mismo, el que trabaje habitualmente como intérprete conocerá esta historia de memoria. Los ponentes, más que acostumbrados a dar charlas con intérpretes, estaban en su salsa, el público la mar de interesado no le quitaba los ojos de encima, como todos provenían del mismo “mundillo” la charla fue de lo más distendida, me sentí tan cómoda (después de haber esperado una enumeración de todos los tecnicismos listados en el diccionario cualquier cosa era agradable) que hice mi trabajo como mejor sabía hacerlo y, al final, todos a casa contentos.

No hubo juegos de palabras enrevesados, ni chistes verdes que solo ellos comprendían, ni referencias irónicas al último discurso de Obama… Solo personas charlando tranquilamente de lo que les gusta e intercambiando ideas.

Si es que a los intérpretes nos gusta ponernos en lo peor. Las notas se adaptan a la situación en que se encuentre el intérprete en cada momento y, en mi caso, volvieron a cumplir su función (y yo con miedo a que la mano se me hubiera oxidado en este tiempo).
Personalmente fue una experiencia que elevó al máximo mi autoestima profesional, me confirmó algo que ya sospechaba: que puedo hacerlo y, en cuanto a mi posición profesional, me ayudó a reafirmar algo que se me estaba empezando a olvidar, que ante todo amo mi trabajo.

 
Y es que no hay nada como el trabajo bien hecho. Y a vosotros, ¿qué os hace profesionalmente felices?

Nadie es profeta en su tierra

Dicen que nadie es profeta en su tierra; que el éxito viene antes de cualquier otro lugar que de donde uno es conocido y apreciado.

Nunca he entendido por qué.

Hace unos meses leí en algún blog de un intérprete que normalmente las agencias lo contrataban para interpretar en la ciudad Y cuando vivía en la ciudad X y de tanto que lo llamaban decidió mudarse a la ciudad Y, donde ya nunca más le volvieron a llamar esas agencias. El motivo – le decían los clientes – era que la comodidad hace que el profesional se relaje y pierda ambición y, con ello, profesionalidad.

¿Para qué te vas a esforzar en hacer tu trabajo mejor cuando este te llueve del cielo y lo tienes a un paso de casa? Cuando se solicitan intérpretes para algún evento los profesionales de fuera saben que están en desventaja frente a los profesionales locales; por ello, se esfuerzan al máximo en el envío de las solicitudes y en la preparación del evento, dejando la imagen profesional del intérprete local bastante perjudicada.

Esto es, en resumen, la exposición de motivos que le dieron los clientes al escritor del blog para justificar la contratación de intérpretes de fuera, quien, por su parte, tuvo que buscarse, con bastante éxito, nuevos clientes en su nueva ciudad.

Desde mi punto de vista es una solemne idiotez.

El motivo de mi entrada es, sin más rodeos, que después de un año vagando por medio mundo en busca de un lugar donde asentarme, me han llamado de mi tierra natal, Sevilla, para una interpretación (en realidad para dos, pero una he tenido que rechazarla por falta de tiempo).

He escuchado durante el último año retahílas interminables de otros intérpretes profesionales sobre lo mal que anda este sector en nuestra ciudad, sobre la necesidad de buscarse otros trabajos (a menudo varios) y sobre la falta de valoración profesional de los intérpretes.

Dejando a un lado el punto 3, considerándolo una enfermedad crónica de nuestra profesión, he tenido ocasión de meditar bastante sobre los puntos 1 y 2. No quiero ilusionarme demasiado y pensar que a partir de ahora llegará la buena racha, asumiendo que los de mi tierra se quejan de vicio son un poco quejicas (no solo los intérpretes, sino el sevillano en general), porque me parece desconsiderado con mis colegas, que tienen muchos más años de conocimiento del mercado local, pero tampoco quiero dejarme arrastrar por el pesimismo reinante y perder la oportunidad de dar a conocer mi talento en el lugar que me vio nacer (y formarme). Creo que puede ser una buena oportunidad para meter la cabeza (¡por fin!) en el mercado local y, desbordando un poco de positivismo (¿por qué no?) ser profeta en mi tierra.

 

¿Sonarán las campanas? La crónica y el resumen de la experiencia los dejaré para futuras entradas.