De cabinas y glosarios

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El caso del ponente tímido y el power point no apto para miopes

Érase una vez un inventor que tenía que  presentar ante un público muy distinguido el nuevo producto que había inventado. El producto, revolucionario en su sector, se hizo muy famoso, pues estaba pensado para ayudar a muchas personas con problemas. Por esta  razón, nuestro amigo el inventor fue  viajando por todo  el mundo para presentar su producto,  y claro, como no sabía hablar todas  las lenguas del mundo le recomendaron que contratara a un intérprete.

-¿Cómo lo haré?- se  dijo- Si yo nunca he trabajado con un intérprete.
-No te preocupes- le comentaron- tu habla que el intérprete se  encargará de traducir.

De esta forma, nuestro amigo el inventor siempre llamaba a un intérprete cuando iba a presentar su producto. Pero esto no bastaba,  ¡el público se le quedaba dormido!

-¡Ya sé!- pensó- ¡Haré  un power point y pondré muchas fotos bonitas!

Y con esta idea en mente nuestro inventor llegó a Sevilla, donde conoció a una tímida intérprete  que le  preguntó si podría hacerle el favor de entregarle  una copia de su presentación, para poder hacerse una idea de lo que iba a contar y así poder transmitir mejor su mensaje.

-Oh, no, si no es nada, son solo un par de fotos para no perder el hilo de lo que voy a decir, nada específico, no contiene información, son solo algunas notas…

Ante su insistencia empezó a ponerse nervioso y tuvo que pedir a uno de sus compañeros que le explicara amablemente a la intérprete que no pasaba nada, que la  presentación sería corta y muy fácil, porque le  gustaba que su público tuviera tiempo para asimilar la información y que por eso hablaría despacio.

A regañadientes, la intérprete entró en cabina, dándose  cuenta en el acto de que la pantalla estaba a unos 10 metros de distancia y que su silla era demasiado pequeña para acercarse al micrófono y ver la pantalla al mismo tiempo. Pero ya era demasiado tarde. Entre murmullos de expectación comenzó nuestro inventor su presentación en un despliegue de fotos, esquemas y diagramas que nuestra intérprete apenas alcanzaba a atisbar. Pero se le acababa el tiempo; entre el público se escuchaban estómagos hambrientos y la intérprete, otrora serena en su silla, se hallaba agazapada contra el cristal de la cabina. Se puso nervioso, no lo pudo evitar. Las palabras se le escapaban de la boca como el humillo se escapa del  pitorro de una olla exprés mientras sentía como pasaba del blanco al rojo y del rojo al púrpura en tan solo unos segundos. Veía consternado como una parte de su público giraba la cabeza hacia atrás con preocupación,  donde creía recordar, unas horas antes alguien había instalado una cabina.

Y de pronto todo acabó; el público no quiso hacer demasiadas preguntas y el organizador lo llamó para la foto oficial en el exterior. Así,  nuestro ponente salió de la sala, dejando a su intérprete agotada en una silla mientras una amable camarera del catering le insistía para que aceptara una cerveza porque ese día “se la  había ganado”.

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Interpretar en tiempos revueltos

Desde que tengo uso de razón no recuerdo haber vivido un solo año sin tener que sufrir el fin de semana del caos ciudadano debido a algún evento político-diplomático en mi ciudad.

Esto, para quien viva en una gran ciudad como Madrid o Barcelona puede ser el pan de cada día, pero para los que hemos crecido en una ciudad de tamaño medio como Sevilla, con una SE-30 propensa a la saturación por el simple hecho de que caigan cuatro gotas más de lo previsto, no es algo que deba tomarse a la ligera. Aún recuerdo aquellos años en los que mi madre me prohibía salir a la calle con mis amigas cuando se acercaba el mencionado fin de semana por miedo a que me metiese en líos.

Sea como fuere, llamémoslo coincidencia o mala leche por parte de la organización, no he conocido en mi vida un solo mes de junio en el que no haya habido tal fin de semana. Sí, ese en el que te blindan las calles y los policías te miran con peor cara que de costumbre debido a la celebración de la cumbre del G-20 de turno, reunión de ministros europeos de X o Y, Cumbre Europea, visita del rey de nosedónde, etc. con sus correspondientes contra-cumbres/manifestaciones. Y no es que no lo entienda, a ver, no seré yo quien diga que Sevilla no es bonita en primavera, pero de lo que nadie parece acordarse en el momento de establecer las fechas es de las temperaturas que suelen rondarnos a estas alturas del año por aquí en el Sur.

Y claro, como no podía ser de otra forma, Murphy decidió poner a prueba la pericia de nuestra joven interpréte que aquí escribe, asignándole una interpretación durante el mencionado fin de semana.

Los datos de que disponemos hasta ahora son: por un lado, está teniendo lugar la clausura del foro “Caminos de Paz: otras voces de Israel y Palestina” que cuenta con la presencia de jóvenes políticos de Israel y Palestina, así como de algunos ministros y ex-ministros y otros cargos políticos  nacionales, la visita oficial del Príncipe heredero de Japón, Naruhito, que comenzará en algunas horas, una manifestación contra los recortes convocada por los sindicatos en la puerta del Ayuntamiento, 35ºC a las 10 a.m., los semáforos, como de costumbre, mal sincronizados y unos 7 furgones policiales más 3 helicópteros en el rango de visión. Por otro lado, la interpretación comenzará a las 11 a.m. a 10km de la capital, exactamente en dirección y junto a la carretera que lleva a la playa (no hay que olvidar que es viernes y hace calor) y hay previstos (si todo va bien, aunque siempre puede haber sorpresas) 2 controles de la Guardia Civil por el camino. Todo ello cuando nuestra protagonista se dispone a subir al coche. ¿Será nuestra joven intérprete capaz de superar la prueba?

más o menos así estaba el tráfico

Más o menos así estaba el tráfico.

A los que ya tienen sus años de experiencia en la profesión está situación les sonará más que familiar, pero nunca está de más recordar, sobre todo a los más noveles, que lo principal en estos casos es mantener la calma y tener paciencia (incluso al parar en ese semáforo en rojo a pleno sol y sentir cómo se te derrite el maquillaje). El intérprete debe estar preparado para cualquier imprevisto y siempre que pueda, salir con bastante tiempo (basta que un día vayamos más justos para que lo menos probable de todas las improbabilidades pueda ocurrir).

Esta anécdota, contada en tono cómico sirve simplemente como recordatorio de que cualquier previsión es poca, ya que nunca sabemos qué circunstancias externas pueden afectarnos cuando vamos a trabajar. Hubiera podido ser peor, por supuesto, imaginad qué hubiera pasado si me paran en un control o cortan parte de la autopista como “medida de seguridad”.

En este caso fue todo bien y llegué a tiempo (aunque no con la compostura que hubiera deseado) a un evento que me enriqueció muchísimo tanto en lo personal como en lo profesional y del que escribiré con más detalles en próximas entradas. Espero, al menos, haber conseguido arrancar una sonrisa de aquellos que se hayan visto reflejados. A fin de cuentas lo peor todavía está por llegar: la vuelta.

Este es el comienzo de una hermosa amistad

Querida María:

Acabo de enviarte el pago de la traducción. Como comprobarás cuando realices la consulta, he ingresado unos 12€ adicionales, por si había que contar con comisiones bancarias. El resto del importe guárdalo y, si no te importa, lo descuentas en el próximo encargo, que ya sabes que las cosas no están demasiado bien.

Saludos, Johny

El texto anterior es una traducción de un email que me envió Johny, un compañero traductor, hace pocas semanas. Johny acaba de abrir una agencia de traducción y, como toda empresa, los comienzos no son nada fáciles. A las dificultades, conocidas por todos, de conseguir encargos y hacer que el cliente pague se ha añadido, recientemente, la necesidad de expandir su base de datos de colaboradores, tarea harto difícil si se tiene en cuenta la falta de tiempo y de personal para realizar y corregir los tests de los nuevos colaboradores.

Mi caso fue diferente, yo fui recomendada por un cliente de bastante confianza, amigo íntimo del susodicho Johny, quien, agradecido por poder contar con una traductora de confianza (iba recomendada por su amigo íntimo y colega profesionalísimo) no ha dudado en mostrarme de esa forma su agradecimiento por el buen trabajo realizado. No es que sea el método más ortodoxo para ganarse la confianza de un colaborador, pero no deja de sorprenderme por su originalidad y eficacia. Original porque ha hecho algo que pocas personas hacen hoy en día: pagar por adelantado a un profesional digno de su confianza y eficaz porque ha conseguido ser mi nuevo cliente favorito (y de paso comprometerme a estar ahí cuando surja un nuevo encargo).

Y todo esto me ha llevado a reflexionar sobre la efectividad de las actividades de marketing que nosostros, los autónomos, llevamos a cabo para dar a conocer nuestras actividades. Se habla hoy en día de innovar, quien no innova se estanca y se pierde entre la multitud de iguales que tienen exactamente el mismo producto o servicio para ofrecer. Se habla de destacar; si no destacamos estamos condenados a una vida profesional nada halagüeña y a tener que vivir constantemente demostrando que somos en realidad buenos profesionales.

No voy a entrar a debatir sobre la facilidad o dificultad de encontrar buenos profesionales en los que poder confiar en calidad de colaborador, pero, a juzgar por el optimismo de Johny, no debe ser tarea fácil. De lo que no cabe duda es de que ha sabido vender una nueva estrategia que, por qué no, aunque rompa todos los esquemas de la ortodoxia profesional, no deja de hacerlo destacar muy positivamente.

Y no es que 12€ vayan a sacarme de pobre, pero son de agradecer (y son todo un detalle viniendo de un cliente nuevo). Así es como él muestra su agradecimiento por la confianza depositada y correspondida, así es como se gana el afecto y la fidelidad de un nuevo colaborador (que tal vez considera un buen profesional al que no le gustaría perder) y así es como consigue, imagino que en parte, generar un feedback positivo por parte de quienes trabajan con él que no puede sino generarle una buena imagen y una buena reputación ante clientes potenciales y futuros colaboradores.

Ha innovado, ha destacado y no ha dejado de mostrar que es un buen profesional.

Quizás deberíamos plantearnos romper las reglas y ser un poco más originales a la hora de promocionarnos.

No sé qué os parecerá a vosotros, pero yo presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad…

Interpretaciones que te devuelven la vida

Después de tanto tiempo esperando, por fin llegó tan ansiado y, a la vez temido, evento.

Tras un mes preparando los glosarios, estudiando la vida y milagros de los ponentes y desesperada ante mis notas horrorosas (pero no por ello menos eficaces), me desperté el día en sí a las 7:15 con un dolor de cabeza que tumbaría a un gigante, tras una larga noche de insomnio cortesía de Antena 3 y sus películas de terror, dispuesta a hacer la interpretación de mi vida.
Cuadernito en mano, ristra de bolígrafos en el bolso (por si acaso), empecé a revivir intensamente los momentos previos a mi examen de final de máster… y el pánico se apoderó de mi.

Desde siempre he tenido una gran confianza en mi memoria (actitud que tanto profesores como colegas han alabado), pues esta siempre me ha ayudado a la hora de recordar detalles y anécdotas de los discursos; pero soy muy consciente de que la memoria no lo es todo en interpretación y, en ese momento, la evidencia se hizo patente.

Así que no me quedó más remedio que armarme de valor y presentarme allí, delante de una treintena de personas que no había visto en mi vida (30 personas son muchas si las ves a todas sentaditas mirándote con cara de interés), respirando profundamente y repitiéndome una y otra vez que todo intérprete pasa por eso varias veces en la vida.

De izquierda a derecha: cuadernito de notas, bolígrafos A, B y C (por orden de importancia). Falta el micrófono, que es uno de esos inalámbricos que pesan más que yo.

Y al final… pues al final fue más de lo mismo, el que trabaje habitualmente como intérprete conocerá esta historia de memoria. Los ponentes, más que acostumbrados a dar charlas con intérpretes, estaban en su salsa, el público la mar de interesado no le quitaba los ojos de encima, como todos provenían del mismo “mundillo” la charla fue de lo más distendida, me sentí tan cómoda (después de haber esperado una enumeración de todos los tecnicismos listados en el diccionario cualquier cosa era agradable) que hice mi trabajo como mejor sabía hacerlo y, al final, todos a casa contentos.

No hubo juegos de palabras enrevesados, ni chistes verdes que solo ellos comprendían, ni referencias irónicas al último discurso de Obama… Solo personas charlando tranquilamente de lo que les gusta e intercambiando ideas.

Si es que a los intérpretes nos gusta ponernos en lo peor. Las notas se adaptan a la situación en que se encuentre el intérprete en cada momento y, en mi caso, volvieron a cumplir su función (y yo con miedo a que la mano se me hubiera oxidado en este tiempo).
Personalmente fue una experiencia que elevó al máximo mi autoestima profesional, me confirmó algo que ya sospechaba: que puedo hacerlo y, en cuanto a mi posición profesional, me ayudó a reafirmar algo que se me estaba empezando a olvidar, que ante todo amo mi trabajo.

 
Y es que no hay nada como el trabajo bien hecho. Y a vosotros, ¿qué os hace profesionalmente felices?

Crónica de una traducción urgente

Sábado 3 pm: Llegamos a la barbacoa en casa de amigos

6 pm: (Después de algunas cervezas y mucha comida) Aviso en el móvil, email importante: Necesitamos urgentemente que traduzcas este documento para el lunes por la mañana, el cliente final no puede esperar, por favor, sabemos que es fin de semana y que tienes otras cosas que hacer, pero es muy importante que esté listo para el lunes…

PAUSA, reflexión, (texto sobre turismo gastronómico, voy a necesitar mucha inspiración y aún más creatividad), más cerveza, más reflexión; mejor me voy a casa.

8:30 pm: Llego a casa, ducha, café . – Cariño, esta noche la cena te toca a ti. Ah y tendrás que irte de juerga sin mi (ventaja de ser pareja de un cocinero)

9:00 pm: Primer vistazo al documento (un paseo por la cocina india y sus delicias), no parece complicado, los nombres de los platos están en punjabi y sánscrito así que tendré que inventar alguna forma de describirlos sin aburrir al personal y sin quitarle las ganas de comer. Especias, veamos… las conozco casi todas… “uhm especias…” huelo a comida… Sentarme en un restaurante indio para comer un buen plato de avial con arroz y un payasam con nueces de postre…

¡Concentración vuelve! Creo que voy a asaltar la despensa.

9:20 pm: Primer asalto a la cocina, parte de la despensa y el menjunje a medio hacer para la cena sufren las consecuencias, discusión marital:

– Pero, ¿quieres ponerte a trabajar ya?, mira que te quedas sin comer ¿eh?

– Está bien- digo sin mucha convicción mientras abro disimuladamente la puerta de la nevera.

9:30 pm: De nuevo frente al ordenador, hago repaso mental de mis adjetivos “jugoso, sabroso, aromático, delicioso…” Me faltan ideas para describir tales manjares, después de haber visto uno por uno todos  los platos y su composición cualquier intento de describirlos los dejaría a la altura de una tortilla a la francesa.

10:15 pm: – Cari, ¿puedo comer ya?

–  Anda venga, sírvete.

Y mira que el chiquillo cocina bien, pero es que mi cabeza ya anda dando vueltas por los alrededores de Uttar Pradesh, entre bebida de feni y vadai. Va a ser una noche larga

1:30 am: Las lentejas y la mostaza se me juntan ante los ojos en forma de puré viscoso y extrañamente aromático. No sé si me he quedado dormida, con más de 3 cafés en el cuerpo juraría que no, pero si quiero que alguien se coma esto algún día más me vale irme a la cama. Mañana tenemos comida en casa de los suegros y mi suegra cocina bien… tal vez consiga algún adjetivo inspirador inhalando los vapores de su arroz. Eso, que los indios son muy de arroz. Dios mío, estoy desvariando, mejor me tomo una manzanilla y mañana ya veremos.

Domingo 8 am: ¿Porqué, señor por qué? ¿Por qué tuviste que inventar los megáfonos y el camión del tapicero? ¿Esto es algún tipo de confabulación?¿O algún tipo de mensaje alentador del tipo: venga gordinflona, que a este paso el menú lo vas a dar pa Nochevieja?. Sea como fuere tengo unos turistas muertos de hambre que esperan mi traducción y con el recargo por urgencia que me va a comprar el armario nuevo para mi cuarto más me vale hacerlo bien.

12 pm: 2 cafés con sus respectivas 2 tostadas que le dan a la mente una inspiración casi divina y un paseíto infructuoso a casa de los suegros, donde cualquier intento de abrir el portátil entre niño y niño puede suponer la muerte inmediata de algún componente altamente valorado por mi persona. He optado por llevar la libreta para anotar adjetivos y algunas partes del documento impresas, por si acaso.

5 pm: Ni lista de adjetivos ni leches migás (como dice mi madre) esto es incomestible. Y como me tome un solo café más no respondo de mis actos, mejor me voy a casa, no vaya a ser que cometa suegricidio.

7 pm: Llego a casa, ducha, café… ¿café? no, mejor no. Esta situación me resulta vagamente familiar… ¿Estaré sufriendo un déjà vu?. Eso es mejor dejarlo para algunas horas después, cuando descubra que el día de hoy está siendo exactamente igual a lo acontecido ayer hasta la medianoche, con ligeras variaciones en la discusión marital al respecto de mis hábitos alimenticios cuando estoy traduciendo.

2 am: Repaso, repaso y más repaso. En principio está todo en su sitio (primer síntoma de que el cerebro necesita apagarse), incluidas las comas; esto no puede ser, he tenido que pasar algo por alto…

Lunes 6:30 am: Ajajá lo sabía, aquí están. 20 oraciones mal puntuadas, 5 adjetivos ambiguos (¿eran masculinos o femeninos?) y algunos platos que resultan más bien extraños al comer, por no decir dudosos, pero ¡qué leches! ¿Acaso la comida india no es exótica? Entonces, ¿por qué no dejar algunos platos con esa áurea de no sé muy bien qué es lo que me estoy comiendo pero suena extrañamente exótico y a fin de cuentas todos a mi alrededor están comiendo lo mismo?. Me estoy imaginando a mi padre en una de esas situaciones: “¿Esto qué es lo que es?”, preguntaría mirando al camarero. A nuestros turistas les va a encantar y se van a reír un montón.

12 pm: Traducción entregada, paseo reconfortante después de una noche con pocas horas de sueño. El texto ha quedado “comestible”. Vuelta a casa, he pasado por el supermercado, la panadera y la cajera me han mirado con cara extraña, el frutero también. El chico de la tienda de móviles me ha hablado muy despacito para que lo entendiera todo muy bien y mis vecinas han susurrado cuando me han visto pasar…

– Cariño, ¿a qué hora te has levantado? Tienes una cara de panda…

–  Sí, pero no será peor que la tuya cuando vengas desde la tienda cargando con mi armario nuevo. Ah y hoy te toca a ti preparar la comida (modo crueldad activado, con esas sonrisas de oreja a oreja que te hacen enseñar hasta las muelas del juicio)

Risas.

Si es que en el fondo no era para tanto. Una que se pone histérica a la primera de cambio y, al fin y al cabo, una vez al año no hace daño.

Mi primer gran encargo

Esta semana he estado algo ausente (por no decir totalmente perdida) porque por fin y después de mucho insistir he recibido mi primer gran encargo como autónoma, si bien podría llamarlo mi primer gran sufrimiento.

Han sido 82 folios con letritas pequeñitas y muchos pies de fotos de máquinas de las que no había oído hablar en mi vida durante una larga semana impregnada de múltiples intentos de suicidos y cabezazos repetidos contra la pantalla del ordenador con el fin de expandir mis neuronas.

El tema a simple vista no parecía nada que no hubiera hecho ya (productos farmacéuticos), pero el corderito escondía un lobo del que, de haberlo visto venir, con gusto habría salido corriendo (máquinas vanguardistas con los últimos avances en ingeniería, maquinaria industrial y algunos principios de ingeniería química/electrónica metidos en un gran saco junto con técnicas de marketing mal puntuadas y de vocabulario ciertamente limitado).

He dado lo mejor de mi (y de los expertos a los que he acosado durante toda la semana) y creo que el producto final ha sido decente. Tal vez el cliente crea que se puede mejorar (todos los encargos se pueden mejorar), pero mi intención ha sido en todo momento facilitarle el trabajo al destinatario del texto y creo que haber optado en ocasiones por la funcionalidad en vez de la literalidad está ciertamente justificado.

Después de tanto sufrimiento creo que lo mínimo que puedo hacer por la humanidad es subir el glosario, fruto de mis investigaciones terminológicas, al blog (dentro de unos días cuando lo adecente un poco subiré un enlace) para que si alguien, alguna vez, se encuentra con una temática tan horripilante no tenga por qué salir corriendo.

Ahora que lo pienso no ha sido tan horrible, simplemente es que a veces me apavoro cuando me enfrento a temas sobre los que nadie ha publicado antes en español y tengo que andar sobre arenas movedizas en cuanto a vocabulario y terminología.

De todas formas ya está hecho y como dijo un ponente en una charla sobre traducción y adaptación literaria sobre lo que pensamos cuando entregamos una traducción que acabamos de hacer: “la traducción, con seguridad, podría estar mejor; pero de lo que no cabe ninguna duda es de que podría estar infinitamente peor”