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6 cosas que no debes hacer si quieres ser intérprete de conferencias

Hace ya un tiempo que recibo consultas por parte de profesionales y estudiantes a los que les gustaría adentrarse en el mundo de la interpretación de conferencias y no saben muy bien por dónde empezar. Para mí no resulta ningún problema compartir mis experiencias y aconsejar, en la medida de lo posible, basándome en lo que he vivido. Sin embargo, yo también soy humana y como humana me equivoco. Hace unos días me descubrí en casa cayendo en una práctica muy poco profesional que, de haberme ocurrido en público o durante el tiempo que cursé el máster me hubiera acarreado una buena bronca por parte de algún profesor.

Y es que a menudo nos centramos en lo que debemos hacer para ser buenos intérpretes y dejamos de lado la cuestión, no menos importante, de lo que no debemos hacer. Por eso considero que no está demás hacer un breve repasito de las conductas negativas que pueden perjudicar nuestra labor como intérpretes de conferencias.

  1. Trasnochar: amigos de la noche, tanto si bebéis como si no, aparecer en cabina por la mañana con “cara de ayer” y olor de taberna no va a ayudaros nada profesionalmente y dañará sobremanera vuestra imagen profesional. El cuerpo puede aguantar, pero las neuronas necesitan descansar. Aún no he conocido a nadie que haya sido capaz de interpretar un discurso de forma medianamente coherente después de una noche en blanco (esto se aplica también a los estudiantes que se quedan repasando discursos hasta altas horas el día previo al examen). Y por si existen excepciones a la regla no voy a ser yo quien experimente.
  2. Usar perfumes antes de entrar en cabina: no me malinterpretéis, estoy totalmente a favor de mantener unas reglas básicas de higiene corporal (que incluyan, por supuesto, mantener el cuerpo limpio y perfumado), pero quien sabe lo que es estar en una cabina durante más de una hora, con un colega al lado, liberando ambos la adrenalina y el sudor propios del estrés de la profesión, entenderá perfectamente que bloquear las fosas nasales con un intenso “Chanel nº 5”, por muy agradable que su olor en otros espacios pueda ser, va a traer más de un dolor de cabeza (en sentido literal). Y vamos a ser sinceros, que el intérprete salga desmayado de cabina no da muy buena impresión que digamos.
  3. Usar palabras malsonantes: -Pero, ¿si estoy en casa viendo el fútbol y el árbitro se porta como un hijo de … y no pita una falta?. Pues llámalo malnacido, desgraciado, hijo de mala persona o cuantas otras formas originales de no dañar los oídos ajenos se te vengan a la mente. En una situación de estrés, como las que suelen vivirse interpretando, muy a menudo nuestra mente nos traiciona y nos da alguna respuesta automática. Es normal, nuestro cuerpo funciona por estímulos. Y lo que no se corrige fuera, es muy difícil de corregir dentro de la cabina. A eso hay que añadir que en la gran mayoría de los casos estaremos interpretando a personas con un nivel educativo y social elevado (que sí, también pueden perder los papeles, pero nunca acabarán tirándose de los pelos como marujas de barrio). El español es una lengua muy rica y el intérprete, por naturaleza, un profesional muy imaginativo. Siempre podemos mandar a freír espárragos o a hacer puñetas, pero por favor, si eres de los de blasfemar en público, empieza a trabajar en las modificaciones en tu vocabulario desde ya.
  4. El cafelito antes de interpretar: Los amantes del café se llevarán las manos a la cabeza y dirán que tampoco hay que ser exagerados, que un café tampoco hace daño a nadie. A ver, como he dicho antes, yo también me equivoco. Pero tened en cuenta lo siguiente, imaginemos la situación descrita anteriormente con el perfume: el intérprete de conferencias X llega con tiempo al lugar de la interpretación y como se siente un poquito cansado decide tomarse un café para estar a tope durante la interpretación. Se encuentra en el punto álgido de la liberación de adrenalina y sudor mencionada anteriormente con el añadido de que, el café, por si todavía hay alguien que no lo sepa, tiene efectos laxantes. Pensadlo por un momento: vuestro compañero de cabina os lo agradecerá.
  5. Fumar: ¿Y lo bonito que queda interpretar al “Presi” o al Rey con voz de camionero?. Por no mencionar lo útil que es apretar el botón de mute cada 5 segundos para poder toser o esa agradable sensación de ir quedándonos sin aire poco a poco mientras interpretamos a ese parlamentario vehemente que critica sin parar la gestión de su adversario hasta hincharse como un globo a punto de explotar. Creo que a este punto le sobran las explicaciones. Fumadores, si queréis ser intérpretes de conferencias, ya tenéis la excusa perfecta para acabar con el vicio. Vuestra salud y vuestro bolsillo os lo agradecerán.
  6. La cervecilla entre horas/cervecilla durante las comidas: ¿También la cerveza?. Hombre, a menos que tengas la jornada laboral perfecta, de 9 a 3, y puedas irte a casa a descansar todas las tardes, ya me dirás. Si con el café nos ponemos como nos ponemos, tenemos en cuenta que el almuerzo nos dejará con sueño para la interpretación de la tarde y encima le añadimos, para favorecer la digestión, “una cruhcampo bien frehkita que ehtamos a 38 grados a la sombra”, vamos a tener que hacer turnos con el compañero de cabina para ir durmiendo la siesta por etapas. O eso o mantener el tipo hasta el final y salir a celebrar el fin de la jornada con una o varias (ojo, sin trasnochar que las neuronas se resienten).

Estos consejos pueden parecer, a simple vista, obvios, pero no es extraño que se nos pasen por alto en alguna que otra ocasión. Sé que me dejo mucho en el tintero y espero que con vuestras aportaciones pueda acabar realizando el decálogo del buen intérprete de conferencias. Pero, por el momento, creo que estos puntos dan para reflexionar un poco.

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3 comentarios

  1. Lola Guindal dice:

    Algo que hacen algunos compañeros atrevidos y que yo no me atrevo a hacer es pedir vino en la comida cuando vas a seguir interpretando por la tarde. No es que te emborraches, pero a mí sí que me afecta.

    Y otra cosa que yo al final siempre hago porque no sé decir que no, es aceptar la invitación del cliente para comer con ellos. Es un detalle y si no lo ofrecen soy la primera que lo critico, pero seamos claros: esta gente se pone ciega de comida. Si tú haces lo mismo acabas rodando de vuelta a la cabina y con unas ganas de dormir horribles.

    • Hola Lola,

      muchas gracias por el comentario. La verdad es que el vino podría encuadrarse a la perfección en el punto de la cerveza, por lo que a carga alcohólica se refiere. Hay muchos clientes que invitan a los intérpretes a almorzar con ellos, yo por lo general no suelo rechazar, aunque siempre dejo bastante claro que nada de bebidas alcohólicas y, en la mayoría de los casos lo suelen entender, al fin y al cabo son ellos los más interesados en que haga un trabajo decente. Pero sé que no todo el mundo trata el asunto de la misma forma. Ahí también habría que tratar el tema de la resistencia de cada uno y los años de experiencia porque, para ser sinceros, ¿quién está dispuesto a decir que no a una buena comida gratis? ;).

      Un abrazo y gracias por pasar por el blog.

  2. Rocío dice:

    Totalmente de acuerdo con lo de no beber alcohol. Por norma, yo no bebo nunca, sólo agua mineral. Ya me ha pasado alguna vez tener que interpretar a un profesor amigo del tinto antes de entrar a trabajar, y os puedo asegurar que no nada agradable.

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