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Revisiones que inducen al suicidio

  Acabo de terminar una revisión que me ha tenido al borde del suicidio durante las últimas horas. Y no hablo precisamente del suicidio profesional, pues hubiera sido el colmo, sino a las ansias de agarrar el primer objeto punzante que pasara cerca de mí y acabar con mi sufrimiento.

El cliente tenía bastante prisa; por lo que se ve el traductor le había entregado el documento pasado el plazo y, desgraciadamente, no era esa su única desgracia.

Hace unos meses leí una entrada interesantísima en el blog El traductor en la sombra sobre el destrozo que algunos revisores hacen al trabajo del traductor. Y no se trata simplemente del destrozo del trabajo, propiamente dicho, sino también del destrozo moral que provoca en el traductor ver el esfuerzo dedicado al buen desempeño de un trabajo desprestigiado por nimiedades que en nada ayudan al traductor y poco o nada aportan a la traducción.

Tales “tiquismiqueces” (neologismo made in YO para referirse a la saña con la que atacan algunos revisores) perjudica muchísimo y, con eso en mente, me dispuse a trabajar como una revisora ejemplar (lo que mi cabeza define como “ejemplar”, que con certeza distará bastante de lo que piensen otros).

Así, fui dejando pasar detalles lingüísticos mejorables, en pro de la autoestima del traductor (a fin de cuentas hay muchas formas de expresar una misma idea, aunque cada uno tengamos nuestro término preferido) hasta que mi ética y mi pudor lingüístico me obligaron a meter mano al asunto.

Y no es que el texto estuviera mal, no, es que podría haberlo redactado mejor cualquier alumno de secundaria. Calcos alarmantes, ausencia de mayúsculas en todos los inicios de frase, utilización de los signos de exclamación e interrogación como si de un mensaje en un chat se tratara, lenguaje totalmente robótico…

No quiero ensañarme con el traductor, pues todos estamos en el mismo barco y un mal día puede tenerlo cualquiera; pero el texto no era difícil y las normas básicas de traducción que se nos enseñan en la facultad (por básicas que sean) no fueron respetadas. Lo que me lleva a pensar que se trate de dos posibilidades:

1)      Que el traductor del texto aún sea estudiante y haya mentido en el currículum diciendo que es traductor o,

2)      Que sea alguien ajeno a la traducción y se haya aventurado alegando “que traducir lo puede hacer cualquiera”.

No quiero entrar en peleas sobre el intrusismo profesional o la falta de preparación de nuestros estudiantes de TEI, que es fin de semana y ante todo quiero buenas vibraciones, pero una cosa debería quedar clara a todos los que se dedican a traducir o quieren dedicarse a ello, profesionalmente o por hobby:

LO MÁS IMPORTANTE PARA PODER TRADUCIR ES DOMINAR TU LENGUA MATERNA

Algunos discreparán y dirán que hay otras cosas más importantes; pero lo que está claro es que no se puede traducir o interpretar sin dominar la lengua materna. Y eso no es cosa de dos días ni se aprende solo por haber nacido en tal o cual país. La lengua, en todas sus formas, se aprende estudiando, leyendo y redactando y, por supuesto, equivocándose. Pero el momento de equivocarse no es precisamente cuando se está traduciendo. Eso va para todos, porque quien no tenga el respeto por la lengua materna por bandera y crea que solo por hacer nacido en un país ya domina la lengua a la perfección nos está ninguneando a todos los del gremio y dejándonos a la altura del betún.

Por parte del cliente debo decir que tampoco me daba mucha pena. Ya he trabajado con él algunas veces y me consta que es de los que creen a ciegas en los currículums y no hacen pruebas de traducción. Esto vale para algunos porque no tienen tiempo para corregir pruebas y para otros porque son conscientes de que si no hacen prueba pueden aceptar “a cualquiera” y, con ello, pagar la tarifa que les venga en gana.

La clave para establecer una buena relación con un traductor es, desde mi punto de vista, realizarle una prueba que se adapte a sus características, por lo menos para comprobar si es apto o no para el puesto y no venir llorando después porque hizo la mayor chapuza de la historia.

Hasta aquí mi punto de vista. Como veis hoy me he levantado en pie de guerra y con ganas de reclamarle al mundo.

Y a vosotros ¿qué os saca de quicio en vuestro trabajo?

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9 comentarios

  1. Alejandra dice:

    Ay, qué identificada me siento. La semana pasada, tuve que revisar una traducción de unas 3.500 palabras de un texto legal. Yo no suelo cambiar elecciones de vocabulario o estilo del traductor, sobre todo porque soy más traductora que revisora. Sin embargo, esta persona decidió escribir a lo Delibes; es decir, sin comas, ni puntos, ni nada de nada. Casi tuve que rehacer la traducción en algunos puntos, porque o bien era imposible de entender, o bien la falta de puntuación creaba auténticos falsos sentidos. Se lo dije al cliente, pero no pareció importarle demasiado. Por supuesto, yo acabé cobrando como revisora, aunque tardé casi tanto en revisarla como si estuviera traduciéndola. Gajes del oficio. Saludos, =).

  2. Te entiendo perfectamente y sé que, desgraciadamente, la mayoría de las veces el cliente es como el tuyo, toma nota pero no le importa demasiado. Con mi revisión tuve “suerte” porque el cliente estaba bastante receptivo a las recomendaciones que le hice y quieras que no que valoren el esfuerzo como revisor siempre es de agradecer.
    Un abrazo

  3. ¿Y no se te pasó por la cabeza que tal vez (e igual me aventuro demasiado y soy muy malpensada) se tratara de una traducción salida de un traductor automático? Porque yo desde luego lo hubiera pensado, vamos.

    A mí me ha caído también alguna de esas. Quizá no tan sumamente exagerada como la que cuentas, pero sí que he tenido que lidiar con auténticos WTF. La peor fue una revisión que en realidad no era una revisión lingüística, sino que mi tarea consistía en aplicar los glosarios de software que había proporcionado el cliente en el manual de uso de dicho software. Ese proyecto (de 3 semanas de duración) consiguió que quisiera abrirme las venas en canal porque la traducción del software era para llorar sangre, vamos.: faltas de ortografía, errores gravísimos de traducción, términos diferentes traducidos de la misma forma, abreviaturas totalmente aleatorias para el mismo término en función de la pantalla donde este aparecía, pantallas que mostraban términos traducidos en el glosario que estaban realmente en inglés en el software de forma aleatoria… Una auténtica pesadilla, no te haces una idea. Y lo peor era que la traducción del software no se tocaba: si el término estaba escrito con una falta de ortografía, lo tenías que poner tal cual, y si estaba mal traducido, pues también. Lo que yo pasé con ese proyecto no se lo deseo ni a mi peor enemigo, ¡lo juro! :_D

    • ¡Por dios Eva! Antes me quedo con mi revisión que con ese software tuyo.
      ¡Qué pesadilla!

      Aunque yo también estoy de acuerdo con Alejandra en que no creo que fuera una traducción automática (las traducciones automátcas habrán mejorado muchísimo pero no llegan a ese nivel de concordancia gramatical y de exactitud terminológica). Simplemente era una traducción hecha por una persona con falta de bagaje (tal vez incluso que no tuviera el español como lengua materna).
      Lo que queda claro es que aún nos queda mucho por hacer y mucho por luchar. 😉

  4. Ángela dice:

    Este verano traduje varios documentos para la página web de un allegado de toda la vida. Se trata de una página de aceites cuya traducción fue llevada a cabo por unos amigos suyos de Los Ángeles -me comunicó mi amigo insinuando que la traducción era perfecta. Sin embargo, había varios fallos de revisión, véase “sumer” y otras dolencias. Le comuniqué los errores ya que, aunque sea por cuestiones de marketing, me parecía oportuno. Tres meses después la página sigue igual. ¡Difícil tarea la nuestra!

    Un saludo

    • Hola Ángela,
      me hace mucha gracia tu comentario, no porque sea divertido, sino porque, desgraciadamente es el pan nuestro de cada día. Eso que comentas de los amigos de los Ángeles no es nuevo (por lo menos para mí), ya que parece que todo lo que viene de fuera es mejor o más “chic” que lo que un “made in Spain” puede ofrecer. Y aún más si se trata de personas que no trabajan diariamente con traducción, que siempre suelen pensar que el tener un título de traductor ya nos cualifica, porque sí, para trabajar directamente en inversa.
      Pero en fin, es lo que nos toca y, como bien dices, no es tarea fácil la nuestra, no.

      Un abrazo 🙂

  5. Anónimo dice:

    No la conozco, simplemente he leído su blog de casualidad y quisiera decirle que no me parece justo que se critique la formación que estamos recibiendo los estudiantes de TeI. Supongo que en el mundo existen estudiantes mejores y peores, del mismo modo que existen profesionales mejores y peores, y no por eso nos tienen que meter a todos en el mismo saco. Cada día mis profesores se esfuerzan para transmitirme lo mejor de sus años de experiencia y yo lucho, lucho muchísimo, porque la traducción es mi gran amor, y no puedo permitir que nadie ponga en entredicho todo el esfuerzo que estoy haciendo, y que mis profesores hacen junto a mí. Finalmente, comprendo que usted es traductora en activo y no le hace ninguna gracia que se forme a nuevos traductores que supondrán “más competencia”, pero creo que en este mundo hay un hueco para todos los profesionales y no es necesario desacreditar a nadie para obtener un poco más de trabajo.
    Le deseo mucha suerte en su vida profesional, pero búsquela de otra forma.
    Un saludo

    • Hola Anónimo,

      Muchas gracias por comentar, todos los comentarios (incluídos las críticas son bien recibidos). Sin embargo, creo que no has captado totalmente la idea que intento transmitir y me gustaría aclararla. En primer lugar, todos (absolutamente todos) los estudiantes de TEI (y me incluyo porque no hace ni dos días qie terminé) creemos a pies juntillas en la idea de que los traductores profesionales ven en los estudiantes a la “competencia” y no quieren que se les forme (te puedo asegurar que ahora que estoy en el otro lado me he dado cuenta de que es todo lo contrario). Es una leyenda urbana, que no se si con buena o mala intención se hace circular entre los alumnos de TEI desde primero para que nos esforcemos un poquito.

      En segundo lugar, no es mi intención criticar y de mi boca NUNCA saldrán críticas contra los formadores de TEI, porque soy más que consciente de las penurias que pasan para poder transmitir su conocimiento a los estudiantes, lidiando a diario con un sistema universitario que los trata como si su trabajo no tuviera ningún valor y no supusiera ningún esfuerzo. Algunos de mis proyectos de traducción (de los primeros) me llegaron a través de mis profesores y no puedo sino estarles agradecida por la confianza.

      Sin embargo, hay una cosa que irás descubriendo en el discurrir de la carrera (pues no sé en cuál año académico estás). Cuando se sale de la facultad no se está totalmente preparado para enfrentarse a la traducción profesional (aunque la mayoría lo hagamos y nos vayamos superando día a día), pero si ya “estamos verdes” cuando nos licenciamos, comprenderás que ponga el grito en el cielo cuando veo que un alumno de primero de TEI pone el el currículum que es “TRADUCTOR PROFESIONAL” sin tener aprobada ni la asignatura de documentación. Esa es la triste realidad y no me parece justa para nadie (ni para profesionales, ni para clientes ni para estudiantes), porque con las prisas no se llega a ninguna parte y no cuesta nada esperar a estar licenciado y haber absorbido todo el conocimiento posible de los profesores (como mencionas en tu comentario) antes de lanzarse a la aventura de traducir. ¿Qué menos? ¿Te imaginas que un estudiante de primero de medicina fuer diciendo que es cirujano profesional y abriendo a los pacientes en canal?.
      No digo que un alumno que termine medicina no pueda ser un buen médico, pero mejor esperar unos años a tener el máximo de conocimientos, ¿no crees?

      Y lamento mucho que me pidas que me busque la vida de otra forma, pues no sabes lo que he luchado y batallado para llegar aquí, ni la cantidad de sesiones de ayuda a nuevos estudiantes a las que he tenido que asisitir para ayudar a jóvenes que, como yo, están llenos de dudas. Me parece cruel por tu parte desearle el mal profesionalmente a un colega, pues a fin de cuentas todos necesitamos de la ayuda de los compañeros en algún momento de nuestra vida profesional.

      Un saludo.

  6. Alejandra dice:

    Querida Eva:
    Te aseguro que al principio me plantee lo de una traducción automática, pero estoy convencida de que no lo era. Conozco la política de trabajo del cliente, porque trabajo a menudo con ellos, más como traductora que como revisora. He de romper una lanza en favor del traductor, pues el original era muy, muy denso. Claro que nada que ver con tu texto de software. Tres semanas de correcciones de ese estilo deben ser para cortarse las venas… =( Claro, que yo creo que en lo que cuentas entran también cuestiones relacionadas con la MT, que también da para mucho tema de conversación. Yo hay una cosa que no entiendo: el cliente me dice que respete al máximo la MT, porque es muy importante la continuidad en la terminología, bla, bla, bla. Yo, por supuesto, lo acepto porque lo entiendo. Y después te pones a traducir/revisar y te das cuenta de que la MT está llena de basura, con términos traducidos de varias maneras, faltas de ortografía y otras perlas. Es que es para tirarse de los pelos…

    Por otro lado, me gustaría comentar algo de lo que dice Anónimo. No creo que la autora del artículo pretenda criticar a los estudiantes de la manera que tu planteas.Como licenciada en TeI estoy muy agradecida a los profesores de los que aprendí, porque ellos han influido en lo que soy ahora profesionalmente. Sin embargo, antes de ponerte a traducir textos legales/médicos/técnicos creo que hay que tener un poco rodaje, quizá a través de unas prácticas, un trabajo en plantilla, etc. Desgraciadamente, no basta con ser licenciado en TeI. Aunque ya tienes mucho hecho, claro. Yo me licencié hace solo tres años y sé que me falta mucho para poder llamarme traductora especializada en textos jurídicos, que es a lo que aspiro.

    Un abrazo,

    Alejandra.

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