De cabinas y glosarios

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Monthly Archives: septiembre 2012

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Nadie es profeta en su tierra

Dicen que nadie es profeta en su tierra; que el éxito viene antes de cualquier otro lugar que de donde uno es conocido y apreciado.

Nunca he entendido por qué.

Hace unos meses leí en algún blog de un intérprete que normalmente las agencias lo contrataban para interpretar en la ciudad Y cuando vivía en la ciudad X y de tanto que lo llamaban decidió mudarse a la ciudad Y, donde ya nunca más le volvieron a llamar esas agencias. El motivo – le decían los clientes – era que la comodidad hace que el profesional se relaje y pierda ambición y, con ello, profesionalidad.

¿Para qué te vas a esforzar en hacer tu trabajo mejor cuando este te llueve del cielo y lo tienes a un paso de casa? Cuando se solicitan intérpretes para algún evento los profesionales de fuera saben que están en desventaja frente a los profesionales locales; por ello, se esfuerzan al máximo en el envío de las solicitudes y en la preparación del evento, dejando la imagen profesional del intérprete local bastante perjudicada.

Esto es, en resumen, la exposición de motivos que le dieron los clientes al escritor del blog para justificar la contratación de intérpretes de fuera, quien, por su parte, tuvo que buscarse, con bastante éxito, nuevos clientes en su nueva ciudad.

Desde mi punto de vista es una solemne idiotez.

El motivo de mi entrada es, sin más rodeos, que después de un año vagando por medio mundo en busca de un lugar donde asentarme, me han llamado de mi tierra natal, Sevilla, para una interpretación (en realidad para dos, pero una he tenido que rechazarla por falta de tiempo).

He escuchado durante el último año retahílas interminables de otros intérpretes profesionales sobre lo mal que anda este sector en nuestra ciudad, sobre la necesidad de buscarse otros trabajos (a menudo varios) y sobre la falta de valoración profesional de los intérpretes.

Dejando a un lado el punto 3, considerándolo una enfermedad crónica de nuestra profesión, he tenido ocasión de meditar bastante sobre los puntos 1 y 2. No quiero ilusionarme demasiado y pensar que a partir de ahora llegará la buena racha, asumiendo que los de mi tierra se quejan de vicio son un poco quejicas (no solo los intérpretes, sino el sevillano en general), porque me parece desconsiderado con mis colegas, que tienen muchos más años de conocimiento del mercado local, pero tampoco quiero dejarme arrastrar por el pesimismo reinante y perder la oportunidad de dar a conocer mi talento en el lugar que me vio nacer (y formarme). Creo que puede ser una buena oportunidad para meter la cabeza (¡por fin!) en el mercado local y, desbordando un poco de positivismo (¿por qué no?) ser profeta en mi tierra.

 

¿Sonarán las campanas? La crónica y el resumen de la experiencia los dejaré para futuras entradas.

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Cuando la flexibilidad ahoga…

Como la mayoría de los novatos en el mundo de la traducción autónoma este verano ha sido “movidito” y parece que el ritmo se mantendrá por lo menos hasta navidad (no hay que olvidar que la tendencia natural de la humanidad hacia el consumo aumenta considerablemente en los meses previos a las fiestas).

Sin embargo, no ha sido solo un verano lleno de traducciones, también han abundado encargos variados, pues parece que no solo a los profesionales del mundo de la traducción les gustan estas fechas para irse de vacaciones.

Todos hemos oído hablar de la flexibilidad del traductor, hace unos meses publiqué una entrada al respecto sobre mi propia experiencia en otros campos para dar un poco de ánimo a aquellos que se sentían perdidos al terminar la carrera de TEI y que creían que traducir es lo único que cuenta. Pues sí, el traductor/intérprete tiene que ser flexible, no solo en términos de horarios como todos hemos experimentado alguna vez (encargos de última hora, congresos de fines de semana con semanas enteras de descanso), sino también en las actividades (la famosa diversificación de actividades de la que nos hablan algunos orientadores académicos). Sin embargo, todo tiene un límite y, como imaginaréis, una flexibilidad en exceso puede acabar con todo (nuestra salud, nuestra credibilidad profesional, nuestro tiempo y, por qué no decirlo, nuestro dinero también). Ser flexibles puede abrirnos muchas puertas y muchos caminos profesionales, pero ¿cómo saber cuándo ha llegado el momento de decir NO?

Para los que nos estamos introduciendo en este mundo es bastante común aceptar trabajos relacionados con la traducción o que en cierto modo tengan que ver con la comunicación multilingüe para los que no hemos sido formados y en los que tenemos poca o nada de experiencia. Este tipo de trabajos requiere profesionales que se manejen en varias lenguas y, por ello, el perfil del traductor es el más adecuado (orientación a empresas en procesos de internacionalización, cierre de negociaciones internacionales, etc.)Sin embargo, pecar de flexibles sin estar preparados para aceptar un determinado tipo de trabajos puede convertirse en un arma de doble filo.

¿Qué hacer si nos ofrecen una oportunidad laboral de estas características y sentimos que no estamos totalmente preparados? Bueno, en primer lugar valorar los pros y los contras del puesto/encargo (plazo, conocimientos de la materia, previsión de gastos, previsión de ganancias, beneficios/experiencia que puedes aportar al cliente…)En el caso de los más novatos es normal sentir que no tenemos experiencia ninguna, pero no hay que dejarse dominar por los temores (a fin de cuentas cuando terminamos TEI tampoco tenemos mucha idea de traducir y muchos nos lanzamos a la aventura como podemos). Pide asesoramiento a colegas/expertos en la materia: a veces nos ofrecen un trabajo que no hemos hecho nunca, pero nuestro primo/tío/compañero del instituto lleva años dedicándose a eso y puede darnos una orientación sobre la conveniencia o no de aceptar un determinado tipo de trabajo.

Calcula tu tiempo: si estás en plena preparación de un congreso de 5 días que tendrás que interpretar en simultánea y se te plantea la oportunidad de asesorar en un proyecto de marketing internacional con interpretaciones telefónicas no creo que sea muy conveniente decir que sí a la primera, sin haber establecido un plazo de inicio o haber hecho un cronograma exhaustivo con la organización de tu tiempo.

Deja bien claro qué es lo que puedes/sabes hacer y qué es lo que bajo ningún concepto estás dispuesto a hacer: con esa mentalidad reinante entre los empresarios del traductor=chico/a para todo muchas veces se nos carga con tareas que no son las que en un principio nos habían encomendado. – “oye, y ya que estás, después de la interpretación telefónica me haces un informe-resumen sobre los puntos más importantes de la conversación”. – “pues mira, guapo/a, NO”. A veces nos da miedo, porque ser demasiado brusco o exigente desde el principio puede hacer que el nuevo cliente o cliente potencial no nos llame más o piense que no somos buenos para hacer ese trabajo, pero decir que sí a todo y aceptar lo que nos caiga encima es abrir la puerta a abusos laborales de los que después tendremos muchas dificultades en salir (jornadas laborables interminables o pagos ridículos, por citar algún ejemplo).

En mi caso, por no pararme a pensar en estos puntos detenidamente el verano ha traído consigo sufrimientos laborales que a mi lista de experiencias se suman con sangre, sudor y lágrimas. Ahora visto desde la distancia pienso que ha sido positivo y que me beneficiará en el futuro cargar en sobre la espalda la experiencia adquirida, pero ¡a qué precio!.

El verano es una época que trae grandes oportunidades para los noveles y los licenciados en traducción tenemos el cartel “flexible” colgado de la frente, pero con un poco de buen juicio y reflexión se puede sacar mucho partido de las diferentes experiencias que se nos presenten en nuestra vida laboral.