De cabinas y glosarios

Inicio » 2012 » junio

Monthly Archives: junio 2012

Anuncios

Cuando el cliente se convierte en tu pareja

Hace días que estoy absorbida por mi trabajo, me levanto con peticiones de traducciones y me acuesto con encargos entregados. Ya casi se ha convertido en rutina acceder a mis emails por la mañana y encontrarme el encargo del día (o los encargos del día), y todos vienen de la misma persona.
La verdad es que repaso mis últimos meses y no puedo sino felicitarme por mi suerte, hace semanas tenía que matarme a buscar trabajo y ahora se me haría extraño despertar y no encontrar en mi bandeja de entrada el encargo del día. He tenido suerte de encontrar un buen cliente, sí, pero, tal vez ese trato preferencial que me ha dado desde el principio haya sido el detonante de mi casi exclusividad.

 
Y no debería quejarme, todo lo contrario. Sin embargo, no deja de preocuparme el hecho de comenzar a percibir que he tenido que rechazar algunos otros encargos por responder a los encargos del susodicho cliente y, me da mi en la nariz, que esa casi exclusividad podría ser un arma de doble filo. Porque, desgraciadamente, en esta vida nadie es insustituible.
Nuestra relación se ha convertido casi en una relación de pareja (hablando en términos profesionales) y confieso que lo echo de menos el día que no tengo noticias de él. También hace más de dos semanas que descuido la actualización del blog (con la reflexión correspondiente y el ordenamiento de ideas) y que dejo de lado noticias, eventos y hasta webinarios importantes. He caído en la llamada “comodidad del traductor” y he dejado de lado lo más importante: “la visibilidad profesional y el marketing”.

 
¿Es grave doctor?
Bueno, aún es pronto para dar un diagnóstico, ya que todavía os estáis conociendo. Es cierto que hay mucha química entre vosotros, pero en una profesión “tan promiscua” como la vuestra, una excesiva fidelidad podría cerrarte muchas puertas. Date tiempo, por suerte te has dado cuenta a tiempo. No creo que sea necesaria una terapia de pareja, pero deberías dejarle claro de la manera más adecuada posible que tú también necesitas de tu propio espacio, salir con otras personas, buscar trabajo más allá de la comodidad que da saber que el grifo está abierto (en sentido figurado), ya que estancarte podría haceros caer en la rutina y provocarte una sensación de estancamiento que a la larga te perjudicará.

 
Ya, pero, ¿por dónde empiezo?
Buena pregunta. Lo dejaremos para la próxima sesión, después de haber reflexionado con calma.

Anuncios

Lápiz vs boli

Desde pequeña siempre me gustó escribir a bolígrafo, recuerdo que me esforzaba mucho en los ejercicios de caligrafía que hacíamos a lápiz para que la profesora me dejara pasarlos “a limpio”. Nunca me importó el hecho de que la tinta no se pudiera borrar; de hecho, nunca he estado muy a favor de usar corrector tipo “tippex” en mis escritos. Y así me iba. Cuando estaba falta de inspiración mis redacciones eran borrones y borrones que tenía que reescribir para que fueran legibles por otras personas. Pero poco a poco me acostumbré a pensar antes de escribir y mis escritos fueron quedando más limpios.

 
Al entrar en la universidad vi que muchos compañeros usaban lápiz y portaminas para tomar apuntes, algunos de ellos hasta tomaban las notas de interpretación con dichos instrumentos.  Siempre lo consideré un poco inútil, ya que la mina se ve poco en el papel y solo con pasar la mano por encima se difumina creando efecto sucio o borroso. La justificación de ellos: el lápiz se puede borrar. Así de simple. No importa que quede más bonito o más feo, o que la letra sea un garabato borroso en el papel; si no me gusta como lo he escrito lo borro y lo cambio.

 
Desde que entré en la universidad siempre me gustó la interpretación, no es que la traducción no me gustara, la admiro y la disfruto como profesional tanto o más de lo que podía admirarla y disfrutarla cuando era estudiante. Su magia me fascina. Sí, sí, magia. Porque quien a estas alturas no crea que el proceso de convertir un texto cualquiera, algunos mal redactados, en textos comprensibles, melodiosos, ricos en saber y, porque no decirlo, en obras de arte, no es magia, esa persona no sabe lo que es traducir. Pero no señores, yo era de interpretación y me esforcé al máximo para ser una buena intérprete.

 
Un día de gran esfuerzo en una clase de memorización descubrí que estaba olvidando cosas simples y rutinarias que normalmente no olvidaba. La cita del médico, el nombre de un compañero, el cumpleaños de mi madre. Mi memoria a largo plazo era de hierro, pero a mi memoria a corto plazo le flaqueaban las piernas. Por eso decidí salir siempre con una libretita, pequeña, discreta; pero ¡ay, pobre de mi! El único objeto para escribir que encajaba en ella era un lápiz.

 
Después de dos años con mi libreta borro y reescribo encima de la información que ya no me es útil. Desde que me hice traductora autónoma, borro y reescribo las frases que podrían ser objeto de una mirada de reprobación del cliente con la mayor comodidad del mundo. Así, una y otra vez, hasta que siento que no puedo hacerlo mejor.

 
Pero yo soy intérprete, actualmente en pausa, pero intérprete al fin y al cabo. Me enseñaron a no borrar. Me enseñaron a no tachar. A escribir a boli mis palabras en los oídos del público. A escribir con una fuerza que deje marcada la letra en el siguiente papel, porque de no hacerlo perdería credibilidad de mi audiencia. Pero me he acostumbrado al lápiz ¿será posible volver al boli de nuevo?.

 
Me estremezco al pensar en la próxima vez que mis palabras lleguen a oídos ajenos marcadas en tinta. Porque en mi profesión no existe el lápiz, ni la goma (a no ser que estos vengan en forma de fallo técnico en la salida de audio).

 
Siempre me gustó escribir con boli, siempre quise ser intérprete, esta es la profesión que escogí y me guste o no, eso no lo puedo borrar.