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En defensa de la traducción hecha por humanos frente a la traducción automática

La autora


Me llamo María Fernández-Palacios y soy intérprete de conferencias, traductora y emprendedora. Si deseas contactar conmigo puedes hacerlo a través de la sección de Contacto

Hace poco me enviaron una prueba de traducción. Entre las instrucciones para realizarla aparecía lo siguiente: «ATTENTION: The use of Google Translator or other automatic translation tools/application is now allowed«. Al principio me hizo gracia y no pude evitar sonreir. «¿A quién se le ocurriría hacer una prueba de traducción utilizando el traductor de google?» pensé. Pero luego recordé un dicho que escuché varias veces cuando era pequeña «Si lo advierten es porque alguien ya lo ha hecho» y no pude evitar sentirme un poco triste a la vez que irritada. Otra vez con la manía de pensar que sólo porque yo no lo haría los demás tampoco.

Mi mente es incapaz de concebir que un aspirante a un buen encargo tenga que recurrir a ese tipo de herramientas, precisamente y entre otros motivos, porque va en contra de lo que nosotros traductores intentamos defender: El valor de la capacidad humana de razonar y deducir frente a la inteligencia artificial.

Si habeis sido estudiantes de traducción, os gusta la traducción y habeis sido capaces de licenciaros (no importa si habéis sido alumnos modelo o no) creo que lo siguiente se aplica a todos vosotros. Habeis pasado 5 años de vuestras vidas (tal vez más) haciendo ejercicios de los que hoy en día solo podeis tener la certeza de que os sirvieron para perder neuronas, habeis puesto a prueba toda vuestra capacidad imaginativa, vuestra capacidad de reformulación, de contextualizar, de razonar hasta a veces corregir erratas del propio autor o fallos de expresión y aún más importante, de DEDUCIR. Hemos conseguido deducir significados incluso allí donde solo había un montón de palabras que no tenían sentido entre sí. Hemos sido (sin ánimo de ofender a los de bellas artes) los que más a prueba han puesto su capacidad creativa. Que si imagínate que eres un especialista, que si mejor traduce el texto como si fuera destinado a profanos, que si adaptación o fidelidad, que si el redactor original no conoce el significado de las palabras «acentuación» y «puntuación»

TODO ESO LO HEMOS HECHO NOSOTROS, TRADUCTORES.

¿Y ahora vamos a jugarnos nuestro futuro por usar una máquina que no tiene ni la mitad de cualidades que nosotros? Es irritante

¡Echadle imaginación! (Y os lo dice una que carece bastante de ella)

Ya tenemos bastante con que desde fuera no se valore nuestra profesión,  que devaluen nuestro esfuerzo obligándonos a aceptar tarifas ridículas si queremos ser «competitivos» para el mercado, que tengamos que trabajar bajo la presión de plazos hiperajustados y todo ello, para encima andar echando tierra sobre nuestro propio tejado y reconocer que la máquina puede ocupar nuestro lugar.

No existe (y me atreveré a decir que no existirá jamás) máquina de traducción automática capaz de igualar a la mente traductora y mientras nosotros no aprendamos eso  no vamos a conseguir que los demás nos valoren como profesionales.

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