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Mitos y verdades sobre las traducciones

La autora


Me llamo María Fernández-Palacios y soy intérprete de conferencias, traductora y emprendedora. Si deseas contactar conmigo puedes hacerlo a través de la sección de Contacto

Hace poco recibí un encargo de traducción y no pude evitar echarme a reir recordando la imagen que tenía de las traducciones cuando estudiaba la carrera. Aquellos textos que traducíamos y revisábamos en grupo y de los que tanto nos quejábamos, a pesar de las advertencias de nuestros profesores de que eran encargos «ideales».

Y la verdad es que no podrían haber tenido más razón, por eso me gustaría revisar algunos de los mitos que existen en torno a las traducciones que quedan más que desmentidos durante el ejercicio de la profesión:

1. El encargo perfecto: Normalmente se nos enseña a trabajar con encargos perfectamente estructurados, con un cliente atento que entiende perfectamente la profesión del traductor, especificando claramente los detalles de su encargo (cómo y cuándo lo quiere, qué formato desea, a quién va destinado el documento final…) La cruda realidad es que te encuentras de repente con un cliente estresado porque ha dejado la traducción de su documento para última hora, y lo único que te dice es «cuanto antes por favor». Hay que acostumbrarse, normalmente con tiempo y confianza se consigue que el cliente colabore, pero por si acaso cuanto antes nos concienciemos de que «iremos a ciegas» mejor, ninguna precaución está de más.

2. El experto es también lingüista: GRAN ERROR. Muy a menudo nos encontramos con auténticos jeroglíficos que ponen en duda todos nuestros años de estudio de idiomas (¿Qué curso será el que me perdí?), hasta que descubrimos que nuestro redactor, como muchas personas, sabe mucho de lo que está escribiendo, pero no se ha planteado cómo redactarlo correctamente. «Si yo lo entiendo mi lector también me enterá», es la explicación que yo le doy a este fenómeno. Es mejor no intentar meterse en la cabeza del experto para saber qué es lo que querría decir (podemos acabar muy locos); mi consejo es que intentemos asumir el rol de usuario, si yo fuera a leer esto, ¿lo entendería? ¿resolvería mis dudas?. Y por si acaso, rodéate de un buen grupo de expertos en diversas áreas, nunca sabes cuando podrás necesitarlos.

3. Material de apoyo: busca en google. Recuerdo que en mis traducciones de manuales y patentes en la universidad siempre aparecían dibujos y/o descripciones de las piezas que formaban parte del «cacharro» a traducir y no puedo evitar preguntarme si no será que a los clientes de repente se les ha olvidado incluirlas en los documentos. Desgraciadamente esta es una tendencia cada vez más generalizada. La mejor opción es recurrir a google images, para las traducciones técnicas es fundamental tener un apoyo visual y en internet hay un montón de fotos de los aparatitos más novedosos del mercado (que serán probablemente sobre los que tendremos que traducir) y que son muy útiles para hacernos una idea de cómo funciona nuestro objeto.

Son solo tres pero por cada encargo existen montones de mitos desmentidos, desgraciadamente los lunes por la mañana no son precisamente para que florezcan las ideas. ¿Alguna aportación?

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